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Muere a los 103 años Neus Català, militante comunista y superviviente de los campos de concentración nazis

Català pasó 15 meses en el campo de Ravensbrück, en Alemania, y luchó toda su vida por la memoria.

eldiario.es / 13-04-2019

La última catalana superviviente a los campos de concentración nazis, Neus Català, ha muerto este sábado a los 103 años. Català, que mantuvo su militancia comunista hasta el final, pasó 15 meses en el campo de Ravensbrück, en Alemania, y luchó toda su vida por la memoria después de luchar primero a favor de la II República y, posteriormente, junto a la resistencia francesa contra los nazis. Después de que su familia confirmara la noticia de su fallecimiento, la militante ha sido despedida por varias organizaciones de izquierdas catalanas.

Neus Català, nacida en Guiamets (Tarragona) en 1915 y de profesión enfermera, luchó toda su vida por la memoria de sus compañeros y de todos los deportados, detenidos y asesinados por régimen nazi. Militante comunista desde la juventud, durante sus últimos años mantuvo su implicación política en el Partido Comunista de Catalunya (PCC) y en Izquierda Unida y Alternativa (EUiA).

En 1939 cruzó la frontera francesa con 180 niños huérfanos que estaban a su cuidado en Premià de Dalt (Barcelona) y, junto con su marido, colaboró en actividades de la resistencia francesa contra la invasión nazi. En 1944 fue deportada a Ravensbrück donde fue obligada a trabajar en la industria de armamento, donde formó un comando que clandestinamente boicoteaba la fabricación de armas.

Tras ser liberada, Català, regresó a Francia donde continuó su lucha clandestina contra el franquismo. La Generalitat le concedió en 2005 la Creu de Sant Jordi y en 2015 la Medalla de Oro, y en 2014 el Ayuntamiento de Barcelona le otorgó la Medalla de Oro al Mérito Cívico.

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Fotografía destacada: La última superviviente española de Ravensbrück, Neus Català EFE

Fuente:https://www.eldiario.es/catalunya/politica/Muere-Neus-Catala-superviviente-concentracion_0_888211549.html

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La represión franquista se heredaba: “Se ensañó con quienes quedaban, las mujeres y los niños”

José Castiello, padre de Eugenia, a sus diez años era el único niño en el campo de concentración de Arnao: “Soñó con el campo y con la guerra toda la vida”.

Le llevaron a él y a sus hermanas, a pesar de que las mujeres eran minoría en los campos, por ser familias de guerrilleros republicanos que luego fueron fusilados.

“Que se hable de la represión y sufrimiento de estas mujeres que se quedaron sin hijos, sin padres, sin marido, sin hermanos, y sin nada”.

eldiario.es / Belén Remacha / 10-04-2019

La historia de represión de los Castiello es como la de muchas familias españolas pero también diferente a otras. Lo es porque el padre de Eugenia, José María, era, a sus 10 años, el único niño del campo de concentración franquista de Arnao (Asturias). Le habían enviado ahí desde su pueblo, Peón, después de haberle dejado solo al cuidado de un abuelo enfermo. Había estado solo porque meses antes, en 1939, su madre y hermanas habían ingresado ya en Arnao.

A todos les estaban castigando y torturando por no confesar dónde estaban sus hermanos, dos guerrilleros republicanos que huyeron al monte cuando, acabada la Guerra, la Guardia Civil fue a buscarles a su casa. No confesaban dónde estaban porque aunque hubieran estado dispuestos no podían, ya que no lo sabían: un modo típico de los guerrilleros para preservar la seguridad de las familias era no contarles dónde se escondían. En el campo permanecieron hasta 1942.

Otro motivo por el que su historia tampoco es habitual es porque José María escribió un libro sobre la experiencia de su familia, Los Castiello, la lucha por la libertad –que se convirtió incluso en documental–. Lo publicó unos cinco años antes de participar en la investigación del periodista Carlos Hernández sobre los 300 campos de concentración de Franco. Primero un ejemplar para cada miembro de la familia, luego, tras la insistencia de un amigo, una tirada de cien que se agotaron el mismo día de la presentación, en Oviedo.

Desde hace pocos años es Eugenia la que se encarga de reimprimir las ediciones que se venden en librerías de Asturias. A su padre su estado de salud ya no se lo permite. Ahora ella insiste “en que se hable de la represión y sufrimiento de estas mujeres que se quedaron sin hijos, sin padres, sin marido, sin hermanos, y sin nada. Se ensañaron con ellas y con los niños, los que se quedaron, para hacer sufrir a los huidos y que cantasen. Una vez sacaron a mis tías a rastras de casa y les pegaron tal paliza que se les quedaron los hilos de la ropa incrustados en la piel. Mi abuela les suplicó que pararan pero no lo hicieron hasta que se desmayaron”.

“Nadie está preparado para vivir algo así de niño”

Son historias que Eugenia lleva oyendo desde la adolescencia: “Mi padre estuvo muchos años sin querer hablar. Tuvo unas secuelas tremendas y muchos años después tuvo que recibir tratamiento. Nadie está preparado para vivir algo así de niño. Ellos simplemente eran madre, hermanas y hermano de guerrillero, no estaban implicados en nada. Cuando yo ya me hice mayor empecé a oír en casa eso de que mejor no me significase ni llamase mucho la atención. Seguía habiendo miedo, sobre todo cuando vivía Franco pero también luego. Así me fui enterando de todo lo que había pasado”.

Sobre el papel, los campos de concentración estaban destinados solo a hombres. “En la mentalidad machista y falsamente paternalista de los dirigentes franquistas, las mujeres no encajaban en los campos de concentración”, explicaba Carlos Hernández. Las mujeres durante la guerra y el franquismo solían ser sometidas a idénticas torturas en cárceles, pero hubo excepciones como los grupos de Cabra (Córdoba), y también en Arnao. “A mis tías las pusieron a recoger grijo. Los hombres, con ese material, construyeron una ferretera”. Luego, tal y como cuenta José Castiello, las reubicaron en la enfermería para oficiales y la cocina.

En el libro de José Castiello, escrito 75 años después de entrar al campo, hay una detallada descripción de Arnao: a la derecha, un barracón de madera estancia de los soldados; a la izquierda, un edificio destinado a los oficiales. Ya dentro, en línea recta, el primer barracón para hombres. Le separaba del de mujeres por unas alambradas. Los primeros meses, también le separaban a él, niño de 10 años, de su madre y hermanas mayores.

También relata un preciso recuerdo de la rutina de entonces, un crío rodeado de presos comunes: cada mañana recogían la colchoneta, barrían su espacio y se aseaban superficialmente, “ya que en el barracón se carecía de agua corriente”. A continuación, formaban filas hasta el lugar donde se izaba la bandera y, mano en alto, cantaban el Cara al Sol y vivas a Franco. Después, por desayuno se les daba “una especie de café y un bollo de pan, todo de la peor calidad”. Para comida y cena, “masa caldosa de garbanzos, lentejas alubias, arroz o patatas. Aparecía enseguida el hambre”.

Tenía un único plato y cuchara que tenía que servir para todo, incluso para su propia limpieza personal. Los prisioneros capturaban ranas de un riachuelo que corría desde un pozo y las comían asadas. De lejos, observaban a los campesinos: “Cualquier persona que veíamos faenar nos producía cierta nostalgia de libertad”. El oficial jefe, no recuerda si de nombre Félix o Víctor, “con rudeza me dijo que debería cumplir las normas disciplinarias como cualquier adulto”. Era además “implacable a la hora de reclutar a los detenidos para el trabajo”. Recordaba con especial dolor a un compañero anciano y enfermo que falleció por la falta de atención.

La familia Castiello al completo, en su casa de Peón en 1927. ARCHIVO CASTIELLO

Vigilados hasta los 50

Tiempo después, a José María le juntaron con su madre y hermanas, “y aquella ya fue la época menos mala”. En 1942 les dieron la libertad definitiva, pero “no les dejaron en paz”, continúa narrando Eugenia. Podían irse con la condición del destierro, es decir, no podían volver a Peón. Eligieron Valladolid porque otra hija ya estaba desterrada ahí. Años después volvieron a Asturias para instalarse en Oviedo.

Sus dos tíos ya nunca volvieron a casa y fueron asesinados junto a otro compañero en 1948 en la playa de La Franca después de que les delataran, “aguantaron tanto gracias a que la gente les ayudaban. Queda el consuelo de que serían buenas personas, si tantos les protegieron”.

Mientras, las mujeres y los niños siguieron haciendo un papel clave: de enlaces. “Si una mujer iba a lavar, dejaba en una piedra escondido un papelín que les decía dónde ir a buscar armas, comida, avisar de que les estaban persiguiendo o si alguien se iba a unir… un niño, si estaba jugando con la pelota, igual. A los hombres les tenían más controlados y ellas se arriesgaban así”.

Hasta que asesinaron a sus tíos, mientras vivían en Valladolid el régimen les había seguido acosando para descubrir dónde estaban. Después, como pasó con otros entornos de represaliados a los que incluso vetaron de empleos, siguió la vigilancia durante unos años, “cuando vieron que, por la cuenta que les traía, nadie se metía ya en temas políticos, les dejan por fin en paz. Eran los 50″. “La familia sufrió todo esto pero es que la gente se vuelve triste, recuerda… mi padre soñó con su tiempo en el campo y con la guerra y posguerra toda la vida”.

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Fotografía destacada: José, a sus 10 años, con su hermana Pilar en el campo de concentración de Arnao.  ARCHIVO FAMILIA CASTIELLO

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Campos-concentracion-mujeres-represion-familias_0_884362552.html

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La Asociación de la Memoria Histórica cierra la campaña de Beade sin resultado

El colectivo buscará nuevos datos en el juzgado de Ribadavia y en el Archivo Militar de Ferrol.

lavozdegalicia.es / Santi M. Amil / 09-04-2019

Los peores temores de los miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y de los vecinos de Beade que aún pueden dar testimonio de los hechos ocurridos el 25 de agosto de 1936 -el asesinato de dos vecinos de Amoeiro a manos de los falangistas- se cumplieron y la campaña de intervención «para la búsqueda y exhumación de una fosa común en el cementerio de Beade» se cerró sin resultados.

Cuando los miembros del colectivo y los voluntarios que participan en el proyecto comenzaron a trabajar en el cementerio -en la zona que hace 83 años estaba extramuros y que en la actualidad forma parte del recinto funerario- uno de los vecinos que recordaba haber estado en el lugar el día que enterraron a Castor Sánchez Martínez y Antonio Pérez Guitérrez manifestó su temor a que la zona que entonces era un descampado quedase debajo de donde está en la actualidad la fila de los panteones. Fue entonces cuando los miembros de ARMH preguntaron a Antonio Estévez, el vecino que con seis años estuvo presente cuando arrojaron desnudos a los asesinados en la fosa, si recordaba en qué posición estaban. En función de la misma, según aclararon desde el colectivo, se podrían localizar igual aunque estuvieran debajo de los panteones.

Buscar más documentación

Desde la asociación. Marco González señalaba que se está a la espera de conocer nuevos datos. «La campaña se ha cerrado al no encontrar ningún rastro. Barajamos que pueden estar debajo de los panteones, lo que complica los trabajos. Ahora trataremos de encontrar el expediente en el Juzgado de Ribadavia o el acta de enterramiento en el Archivo Militar de Ferrol», señaló.

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Fuente:https://www.lavozdegalicia.es/noticia/ourense/beade/2019/04/09/asociacion-memoria-historica-cierra-campana-beade-resultado/0003_201904O9C79910.htm#

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La arquitecto Carmen Moreno Álvarez galardonada por su obra Celosía de la Memoria

La arquitecto Carmen Moreno Álvarez ha ganado el Premio Gallego Burín por su obra Celosía de la Memoria, ubicada en el cementerio de Granada, un homenaje a las víctimas de la guerra civil y de la posguerra, escenario de fusilamiento de cuatro mil personas que ha tratado de restañar las heridas y el olvido de uno de los episodios más oscuros de la historia de España en el pasado siglo. El premio ha sido otorgado por el Colegio de Arquitectos de Granada y junto a ella han sido galardonados otros profesionales en distintas categorías profesionales.

elmundo.es / Manuel Mateo Pérez / 04-04-2019

La obra Celosía de la Memoria, ubicada en el cementerio de San José de Granada es un homenaje a las víctimas, un sitio de recuerdo para los familiares y una contribución a preservar la memoria histórica de este ámbito. El lugar de la intervención es un espacio extramuros del cementerio situado en el territorio de la Dehesa del Generalife junto al conjunto monumental de la Alhambra, rodeado por un olivar, un camino y una hilera de cipreses. El trabajo parte de una reflexión sobre cómo proyectar con la memoria para convertir el recuerdo en un elemento de paisaje vivo y en estrecha relación con el lugar.

Sobre un muro de piedra existente la arquitecto granadina dispuso una celosía de hierro de cuarenta y tres metros de longitud, fabricada a partir de la información registrada sobre los fallecidos -nombre, lugar de procedencia, fecha de fallecimiento y edad-, un elemento transparente y ligero que se integra en el territorio sin transformarlo, un recurso poético que superpone los nombres y las historias de cada uno de ellos sobre este emblemático paisaje. La celosía permite leer los nombres de la gente anónima suspendidos en el aire sobre el olivar; también sobre las tapias del camposanto que conservan aún los agujeros de las balas, elementos que conforman este ámbito y que construyen ahora nuevos paisajes en torno a los nombres recortados en hierro.

Situada a contraluz del amanecer, produce un juego de sombras arrojadas que proyectan los textos sobre la topografía del terreno llegando a alcanzar, en determinados momentos del año, las tapias del cementerio. En palabras de la creadora “los vacíos entre las palabras se pueden utilizar para colocar las flores llevadas en homenaje a los fallecidos; los círculos que solidifican la chapa de hierro recortada, para alojar los ramos, convirtiendo la celosía en un muro repleto de vegetación y color en algunas fechas señaladas, dinámico y cargado de simbología, que proporciona una contigüidad entre la memoria colectiva, el recuerdo y el paisaje de este ámbito”.

No es el único premio que Carmen Moreno ha recibido en esta edición. El galardón que lleva el nombre del pintor José Guerrero ha recaído también en ella y en el catedrático Juan Domingo Santos, uno de los más reconocidos arquitectos españoles actuales, por el trabajo de ambos en la XIII Bienal Española de Arquitectura, celebrada el pasado año en Madrid.

El Colegio de Arquitectos de Granada ha premiado a Antonio Cruz Villalón y Antonio Ortiz García por el edificio central del Campus de Ciencias de la Salud de la Universidad de Granada. El creador Juan Manuel Benítez González ha sido reconocido también por su casa estudio Abal y Víctor López Cotelo se ha hecho merecedor del Premio Torres Balbás por la creación de la Escuela de Arquitectos de Granada, ubicada en el Campo del Príncipe. El jurado ha estado formado por Luis Alberto Martínez Cañas, en calidad de presidente, y por José María Manzano, José María Sánchez, Ángel Martínez García-Posada, Ernesto Páramo y Rafael Soler Márquez.

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Fotografía destacada: La arquitecto Carmen Moreno Álvarez frente a su obra. EL MUNDO

Fuente:https://www.elmundo.es/andalucia/2019/04/04/5ca5ada621efa0af628b4689.html

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Hambre y corrupción franquista en Castuera: el campo de concentración que apresó a 15.000 personas

Se cumplen 80 años de la apertura de este campo, que abrió sus puertas con el final de la guerra civil en la llamada capital ‘Roja’ del frente de La Serena.

Los relatos de los supervivientes narran un infierno de alambre y espinos, alrededor de unos barracones desmontables, donde tenían mucho tiempo libre y poco pan.

Destaca una corruptela por parte de sus responsables, que desviaron parte del dinero destinado a la alimentación de los presos. Este hecho multiplicó las muertes por inanición y enfermedades.

eldiario.es / Jesús Conde / 06-04-2019

La clasificación de los presos que llegaban a Castuera, la represión sistemática y la reeducación bajo los valores del nacional-catolicismo resumen la esencia de este campo de concentración. Se cumplen 80 años de la apertura de un ‘infierno’ de alambre y espinos por el que pasaron alrededor de 15.000 personas a lo largo de un año.

Su ubicación no era casual, ya que Castuera se había convertido en la capital ‘Roja’ del frente de La Serena, una línea de resistencia republicana que surcaba las estribaciones de la comarca pacense hasta la frontera con la provincia de Cáceres. Allí las trincheras y el combate cuerpo a cuerpo se mantuvieron hasta el verano de 1938.

Fue uno de los campos de prisioneros de Extremadura, una región donde hubo al menos 17 según las investigaciones del periodista Carlos Hernández de Miguel. Se levantó semanas antes del final de la guerra, cuando los militares franquistas ya tenían claro cuál iba a ser el resultado de la contienda. Tuvo cautivos a militares afines al régimen, civiles, sindicalistas o políticos.

Los testimonios orales de los supervivientes narran la falta de higiene y las duras condiciones que soportaron alrededor de unos barracones desmontables, en los que había mucho tiempo libre y poco pan.

El historiador Antonio López, autor del libro ‘Cruz, Bandera y Caudillo’, explica que el hambre se agravó con un caso de corrupción perpetrado por los responsables del campo, que desviaron parte del dinero destinado a alimentar a los presos. Con sus ‘mordidas’ eliminaron el rancho caliente previsto en su dieta, que quedó reducida a escasas latas de sardina para compartir y mendrugos de pan.

Se vieron implicados el jefe del campo y el director de la prisión provincial de Badajoz, junto con los directores de las cárceles de Herrera del Duque y Puebla de Alcocer. El caso se destapó cuando se multiplicaron las muertes por inanición y las enfermedades, a lo que se sumó un importante incremento de fugas. Tras los interrogatorios militares los implicados fueron multados e inhabilitados, sólo unos meses, como muestra la documentación que se conserva en el Archivo General de la Administración.

Uno de los testimonios orales recogidos por el investigador, un guardián original de Fuente de Cantos, relata que las primeras bajas por hambre y enfermedad fueron las de los ‘valencianos’. Se trataba de prisioneros llegados desde la zona del Levante, cuyos cadáveres fueron arrojados a unas de las fosas cercanas al campo.

La muerte les sacudió con más virulencia porque estaban lejos de sus casas y no podían recibir apoyo familiar. No tuvieron la suerte de los reclusos de Extremadura, que tenían el respaldo de los allegados que se desplazaban hasta allí. Algunos incluso se establecieron en Castuera.

Terror y violencia

La práctica del terror y la violencia con la entrada de los jefes de la Falange fue una constante. Un modo de amedrentar a todos los prisioneros que se sumaba a las condiciones infrahumanas en las que vivían.

El mejor testimonio que han documentado hasta el momento es el de Albino Garrido, fallecido hace dos años. Conoció el barracón de incomunicados, destinado a quienes iban a morir en un consejo de guerra. Fue protagonista de una historia de resistencia en mayúsculas, porque Albino escapó del campo, estuvo preso casi un año y salió con vida. Más tarde se refugió en Francia, donde fue apresado y trasladado a un campo nazi.

En su libro de vivencias relató la crudeza y la sangre fría de los franquistas. Cuenta el caso de su amigo Isaías Carrillo Sosa, asesinado mientras estaba despiojando a otro preso. En mitad de la rutina de la limpieza que se hacían unos a otros se acercó un falangista, sacó su pistola y lo mató sin mediar palabra. A la víctima la sacaron del barracón ante el pavor y el terror de todos sus compañeros.

La peana de ceremonias

‘Cruz, Bandera y Caudillo’ es el nombre que da título al trabajo documental del investigador extremeño Antonio López, un título que resume a la perfección la estampa que daba la bienvenida a la finca.

Se conserva muy poco de la estructura del campo, por su carácter desmontable, aunque llama la atención una peana de grandes dimensiones que soportaba una cruz erigida en el patio de ceremonias. Un elemento simbólico que dejaba claro el interés del régimen por reeducar a todos aquellos que habían sido fieles a la República, o que habían participado de alguna manera en la revolución social años atrás.

La bandera franquista estaba fuera del recinto alambrado, a 90 pasos. “Un modo de decirle a los prisioneros: tenéis que ser buenos católicos, y luego ya españoles cuando nosotros queramos, claro”, señala López, que también es miembro de la Asociación Memorial Campo de Castuera.

Castillete de la mina La Gamonita, donde algunas fuentes indican que se practicó ‘La cuerda india’ como modo de asesinato ASOCIACIÓN MEMORIAL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE CASTUERA

El campo

Había unos 80 barracones que se distribuían en torno a un patio central, con dos núcleos de filas a ambos lados. Eran estructuras desmontables, con cubierta de uralita y chapa que rápidamente se llenaron de presos.

El gran volumen de internos hizo necesaria una ampliación del campo y se levantaron ‘covachas’, cabañas recubiertas de matorrales en los que eran ubicados de dos en dos. Eran conocidas con el nombre de ‘Villaverde’. Ellos mismos tenían que dar forma a las estructuras para refugiarse, al mismo tiempo que se encargaban del adecentamiento de las calles.

Una de las claves de Castuera es la llegada de Ernesto Navarrete como jefe del campo, “que ya tenía a sus espaldas una hoja de servicios lo suficientemente sangrienta como para estar al frente”. Además estará en la sombra Manuel Carracedo, encargado del servicio de información de policía militar, tal como confirmó él mismo en unos testimonios grabados.

Los avales

En su cautiverio los presos veían el tiempo pasar, a la espera de un destino incierto y al antojo de las órdenes del jefe del campo y del resto de militares. Permanecían a la espera de recibir informes políticos y sociales. A favor o en contra.

Lo primero que se hacía con ellos, tras ser detenidos a pie de trinchera, era una hoja declaratoria. En ella se reflejaba información relativa a la guerra, su lugar de origen y su municipio.

Una vez recopilados todos los datos los servicios de información se ponían manos a la obra y contactaban con la localidad. Solicitaban informes políticos y sociales al alcalde, el jefe de la Falange, el cura y a otras personas ‘de bien’ –todas de derechas– para que dieran su correspondiente opinión.

A partir de los datos se clasificaba al reo. Se le podía abrir diligencias, con las que comenzaba la instrucción de un consejo de guerra o se le podía dejar allí. “El servicio de información va a facilitar la represión y los juicios sumarísimos en menos de una semana, algo que va a permitir acelerar los fusilamientos”.

Los representantes de la resistencia republicana van a acabar en barracones incomunicados, de los que no paraban de salir nuevas ‘sacas’ de fusilamientos. Las diferentes campañas de catas y excavaciones han constatado varias fosas comunes, como la que se localizó en el cementerio.

El historiador habla de otras fuentes que apuntan a la práctica de la “cuerda india” en Castuera, por la que decenas de presos habrían sido atados y empujados al interior de la mina de La Gamonita, cercana al municipio. Posteriormente se habrían arrojado bombas de mano a su interior para acabar con sus vidas. Es una versión que ya relata Justo Vila en su libro sobre la guerra civil en 1985, y a la que también han hecho referencia los testimonios de los prisioneros supervivientes.

Marcha al campo de concentración de Castuera en la Serena RAFAEL GONZÁLEZ

¿Cuántas personas pasaron por Castuera?

El campo funcionó hasta abril de 1940, a lo largo de un año completo. No se sabe cuántas personas llegaron a pasar con exactitud por la falta de documentación que existe.

Antonio López aclara que la cifra de 15.000 presos debe entenderse de manera orientativa, porque la información que se conserva está incompleta y es heterogénea. Hubo gente que sólo estuvo un día, mientras que otros pudieron estar meses cautivos, o el año entero.

A día de hoy se sigue sin tener acceso a toda la información de la represión franquista. Los investigadores y familiares denuncian que no tienen vía libre al archivo de la Guardia Civil, a lo que se suman los documentos depositados en dependencias del Ejército, que custodia documentación histórica. Por ello han reclamado de manera reiterada que la información sea depositada en el Ministerio de Cultura y en los archivos correspondientes para su libre acceso.

No obstante se sabe, a través de algunos archivos militares y las estimaciones realizadas, que en el mes de abril llegó a haber casi 6.000 prisioneros, y en mayo la misma cantidad. Mientras, en los meses de comenzó a bajar la cifra hasta las 3.000 personas. El número va fluctuando hasta el final, cuando se cierra con unos 1.200 prisioneros.

El número de desaparecidos sigue aumentando, “no paran de llegar biografías que se truncan cuando llegan al campo”. Se trata de familiares de víctimas que pierden el rastro de sus seres queridos allí, como confirman las cartas conservadas, y que ahora reclaman verdad, justicia y reparación.

El campo se cierra finalmente por la propia degradación de las instalaciones y porque las funciones para las que estaba destinado pasan a Mérida, Badajoz o Almendralejo. Los 1.200 prisioneros que quedaban dentro cuando llegó el momento de la clausura fueron repartidos entre Puebla de Alcocer y Herrera, donde los conventos funcionaron a modo de prisión.

Otras personas fueron enviadas a un batallón de trabajos forzosos, al no tener nada que imputarle. Llegan a parar a lugares como las colonias penitenciarias de Montijo, el eufemismo usado para ocultar al campo de concentración que mantuvo en Montijo y otras dos localidades a a 1.500 presos. Fueron obligados a construir parte del actual canal de Montijo y la presa que lleva el mismo nombre.

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Fotografía destacada: Peana de una cruz del campo, campo de concentración de Castuera ASOCIACIÓN PARA EL ESTUDIO Y RECUPERACIÓN DEL PATRIMONIO BÉLICO RECIENTE “FRENTE EXTREMEÑO”

Fuente:https://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/Hambre-corrupcion-franquista-Castuera-concentracion_0_885411842.html

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El mundo del arte expone el desastre de la Guerra Civil

Un total de 19 artistas reflexionan sobre el aniversario del final de la contienda española en una muestra en el Centro Cultural Galileo de Madrid.

diario16.com / Agustín Millán / 05-04-2019

Un grupo de artistas interesados en la Memoria Histórica, y liderados por Cayetana Galbete, muestran conjuntamente sus obras en una exposición con un eje común: el desastre que supuso la Guerra Civil Española, ahora que se conmemora el 80 aniversario del final militar del conflicto.

Almudena Tapia Porras,  Genovés, Amparo Climent y Monika Rülhe son algunos de los artistas que a través de la pintura, la escultura y el videoarte tocan temas como «La Desbandada» de Málaga, la cárcel de Zamora,  los bebés robados o la masacre de Badajoz, entre muchos otros temas. La artistas Cayetana Galbete y María Jesús Aragonés son las comisarías de la exposición, que podrá visitarse en el Centro Cultural Galileo, en la calle Fernando el Católico 35 de Madrid, hasta 28 de abril de 2019

«Queremos poner el foco artístico en esos lugares y sucesos en los que el tiempo se paró a fuerza de querer olvidar»,  ha declarado Cayetana Galbete, destacando que  el grupo de artistas pretende dar visibilidad a una realidad pasada que se resiste a descansar.

NUESTRA DEMOCRACIA NO ALCANZARÁ PLENA MADUREZ HASTA QUE NO COMPRENDAMOS QUE EL OLVIDO ES ESTÉRIL

Durante la inauguración de la muestra, el  pasado lunes 1 de abril, el grupo de artistas subrayó que: “Estamos contando todo esto como una necesidad vital de sanar nuestra existencia, de no dejar abandonado a nadie en el olvido”. 

La exposición arrancó con una conferencia “Sobre la Memoria Histórica” en la que intervinieron Cristina Almeida, abogada; Jaime Ruiz Reig, presidente de AMESDE y la historiadora Manuela Bergerot, en la que se analizó la situación actual en España del Derecho a la Verdad “Un derecho universal, reconocido por Naciones Unidas”, en palabras de Jaume Ruiz Reig. Cristina Almeida analizó el papel de los tribunales españoles, destacando que han sido «los primeros en no impartir justicia con las víctimas de la Guerra Civil». También se analizó la perspectiva de género en la recuperación de la Memoria Democrática en España. En ese sentido Bergerot destacó como “hay que hablar más de todas esas mujeres que fueron despojadas de sus derechos adquiridos y relegadas al ámbito familiar”.

El próximo 26 de abril, se celebrará una segunda conferencia en la que se analizará el  trauma que supone a nivel social, y familiar y personal para muchas personas en este país la Guerra Civil. En el coloquio, titulado “Desenterrar las palabras”, y moderado por Emilio Silva (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica), se contará con los reputados psiquiatras Pau Pérez y Alain Dannars; con la antropóloga María Montoto, la psicóloga Silvia Erice y el sacerdote, José Ángel Echevarría.

80 años del fin de la guerra cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid y el Ministerio de Justicia del Gobierno de España y la colaboración de AMESDE y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

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Fuente:https://diario16.com/el-mundo-del-arte-expone-el-desastre-de-la-guerra-civil/

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La Asociación para la Recuperación de la Memoria ve “blandura política” del Gobierno en la exhumación de Franco

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha acusado este viernes al Gobierno de “blandura política” tras anunciar la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, que los restos del dictador Francisco Franco serán finalmente exhumados del Valle de los Caídos el día 10 de junio y vueltos a enterrar ese mismo día en el panteón de Mingorrubio en el cementerio de El Pardo, de titularidad estatal.

lavanguardia.com / EUROPA PRESS TELEVISIÓN / 15-03-2019

“Si uno considera que es un deber democrático sacar a Franco del Valle de los Caídos habrá que hacerlo ya, no entendemos por qué hay que esperar hasta el 10 de junio, salvo que tenga que ver con los calendarios electorales”, ha afirmado el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Emilio Silva.

La asociación considera que el Gobierno está lanzando una “bronca política” ya que en caso de no ganar las próximas elecciones “acusarán al nuevo Gobierno de querer conservar el franquismo donde está”.

Otra de las decisiones que han afeado las víctimas del franquismo tiene que ver con el nuevo destino de los restos del dictador. “No es comprensible que la gente lleve años pidiendo que se saque a Franco del Valle de los Caídos porque estamos pagando la tumba de un dictador con dinero público, y ahora se vaya a llevar a la tumba de Mingorrubio, que también es propiedad del Estado”, ha censurado.

La asociación ve en este gesto una clara “falta de voluntad política”. “A nadie se le ocurriría que las víctimas del terrorismo pagaran con sus impuestos la tumba de un terrorista”, ha señalado Silva.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha recordado que en España hay 114.000 personas civiles “tiradas en cunetas” y ha asegurado que no se podrá hablar de conciliación hasta que se haga justicia.

“La mejor conciliación para este conflicto es la justicia y lo que está haciendo el Gobierno es dejarlo en manos del poder legislativo y ejecutivo. Nadie entendería que un crimen terrorista o cualquier asesinato se resolviera en la esfera política y no en la judicial, en este caso pasa y tiene que ver con una política de ocultación”, ha finalizado Silva.

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Fotografía destacada: Óscar Rodríguez ARMH

Fuente:https://www.lavanguardia.com/vida/20190315/461040345233/la-asociacion-para-la-recuperacion-de-la-memoria-ve-blandura-politica-del-gobierno-en-la-exhumacion-de-franco.html utm_campaign=botones_sociales&utm_medium=social&utm_source=whatsapp

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‘La Luna’, la feminista republicana ejecutada por Franco como castigo para todas las mujeres

Carmen Luna fue una de las muchas mujeres que representaron el feminismo naciente de la II República con el que el franquismo quiso acabar.

“Mi madre quería la libertad para la mujer”, cuenta Dalia R. Luna, que tiene 100 años y vive en el pueblo de Francia al que logró exiliarse en la dictadura.

El franquismo impuso una doble represión sobre las mujeres frente a las bases emancipadoras que había empezado a instaurar el periodo republicano.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 13-04-2019

“Mi madre era una rebelde, pero no para matarla”. Así arranca Dalia Romero Luna a hablar de Carmen Luna. Una mujer que además de ser su madre fue una de las muchas que representaban el naciente feminismo republicano con el que el golpe de Estado perpetrado por las tropas franquistas en 1936 quiso acabar. Una de las que buscaron torcer el curso patriarcal de la historia y acabaron encontrándose con la represión y el castigo y el sumisa y devota de Franco.

“Mi madre quería la libertad para la mujer”, cuenta Dalia, una “viejita” que ya ha cumplido un siglo de vida y atiende la llamada de eldiario.es desde su casa en Mallemort, un pueblo cercano a Marsella. Allí acabó exiliada. “A mí no me mataron porque me escapé a zona republicana”, dice. Dalia tenía 18 años en 1936, el año en que empezó la guerra y en el que los rebeldes ejecutaron a su madre como castigo ejemplarizante.

La República quiso transformar el país y cambiar el discurso social. También para las mujeres, que rompieron los rancios esquemas que precedían al nuevo modelo y quisieron empezar a escribir ellas mismas su propia historia. Sin embargo, el golpe de Estado contra la democracia frenó el cambio de paradigma y devolvió a las mujeres al hogar y a la tradición.

El franquismo acabó imponiendo una doble venganza sobre la mujer. Era el escarmiento adoctrinador para aquellas que transgredieron los límites de lo que la dictadura había pensado para ellas. Una represión de género que dominó a través de ejecuciones, cárcel, torturas, violaciones, rapados y aceite de ricino o por medio del destierro interior que condenó a las mujeres señaladas como rojas.

Dalia Romero Luna. | JUAN MIGUEL BAQUERO

La cultura como herramienta

La Luna –así era conocida entonces Carmen– quería “que el pueblo tuviera la cultura y la educación como una herramienta, que supiera defenderse y no agachara la cabeza para todo”. Era “rebelde”, asume Dalia, con causa: “para denunciar las injusticias y defender los derechos”. Quería que hubiera “escuelas, instrucción y trabajo” en vez de “tanta miseria terrible”.

Por eso los franquistas mataron a la Luna, para atemorizar y dejar claro el camino del silencio y la obediencia. Porque la subordinación de la mujer no entraba en su diccionario. El relato de terror ocurrió en Utrera (Sevilla), donde Dalia tiene todavía viva a una de sus hermanas, Rosario Peña Luna (84 años), hija del segundo matrimonio de Carmen Luna.

“Lo recuerdo todo”, confiesa Dalia con un asimétrico acento francés y andaluz. “Mi madre vendía en la plaza del pueblo y tenía mucho contacto con la gente, les ayudaba y aconsejaba para que no se callaran, para que protestaran y reclamaran lo que era suyo”, sostiene. “Los fascistas la vigilaban (sobre todo en los meses previos a la sublevación armada) y por estas razones la cogieron y la asesinaron”, culmina.

“Lo recuerdo todo”, repite. Fue hace 82 años. “Ella no hizo nada malo a nadie”, asegura. Dalia tiene ahora “100 años y cinco meses”, precisa. “La tengo presente, siempre, y todos los días me acuerdo de ella y de lo que le hicieron”, dice recordando a su madre.

Huesos en las fosas comunes de Utrera (Sevilla). | JUAN MIGUEL BAQUERO

El patriarcado nacionalcatólico

La memoria histórica de la mujer española del siglo XX osciló entre la ruptura con el patriarcado y el concepto nacionalcatólico del franquismo; entre la libertad y las ataduras. De los cambios sociales, culturales y políticos que la República puso encima de la mesa a la consigna machista que resume la dictadura de Franco: “el niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar”.

“Hacíamos teatro para que la gente aprendiera, para que leyeran y se preocuparan por sus cosas”, narra Dalia. Animada por su madre, pertenecía a una compañía llamada Pan de piedra y estaba afiliada al sindicato anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT). “Los compañeros iban al campo de noche para dar lecciones y yo misma sabía leer y escribir porque había aprendido sola en mi casa”, cerca del influjo feminista de su madre.

“En aquella época había una propaganda terrible y el pueblo estaba muy animado”, dice, “pero no para matar, eso lo hicieron ellos (los fascistas), sino para salir adelante”. Los golpistas acabaron acusando a Dalia. “Eso de que fui a matar es mentira, las juventudes de Utrera no matamos a nadie”, asegura. En el pueblo, sin embargo, los golpistas acabaron ejecutando a 424 personas.

“Y a tantísimas mujeres y compañeras que asesinaron, hasta niñas de 15 años”, continúa, “no solamente confederadas, republicanas o socialistas, de todas clases, y metieron a muchas en prisión”. Todas las que osaron enfrentar los ideales tradicionales.

De ahí el castigo ejemplar. “La mataron en la puerta del cementerio por la mañana y la dejaron allí hasta por la noche”. Era la pedagogía del terror usada por los franquistas como estrategia atemorizante. Un plan ejercido con especial saña sobre el cuerpo de la mujer.

“A mi madre la metieron presa, un mes, y la sacaban y le decían ‘vamos a darle el paseo’, a saber todo lo que le harían allí dentro”, cuenta Dalia. “La quitaron de en medio bien pronto”, lamenta. “Estaba todo el mundo aterrado”. No como antes, apunta, cuando la República trajo “todas las libertades”. Cuando los hijos de la Luna jugaban en su pueblo: “Un día nos cambiamos los nombres y cuando volvió del campo se lo dijimos y se echó a reír”. Y se quedaron con los nuevos. Ella sigue llamándose Dalia. “Y a la más pequeñita le pusimos Libertad”.

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Fotografía destacada: Rosario Peña Luna (84 años), hija de Carmen Luna, ante el retrato de sus padres. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Luna-ejemplo-feminismo-republicano-franquismo_0_760474283.html

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Franco creó 300 campos de concentración en España, un 50% más de lo calculado hasta ahora

Una investigación del periodista Carlos Hernández, plasmada en su libro Los campos de concentración de Franco, documenta la existencia de 296 centros.

Funcionaron desde el sublevamiento militar hasta finales de los años 60 y encerraron entre 700.000 y un millón de españoles, pasando una media de 5 años.

Se sometía a los prisioneros a torturas físicas y psicológicas además de a trabajos forzosos.

eldiario.es / Belén Remacha / 11-03-2019

Franco creó en España un centenar más de campos de concentración de los que se creía hasta ahora. Una investigación del periodista Carlos Hernández plasmada en su libro Los campos de concentración de Franco documenta 296 en total, a partir sobre todo de la apertura de nuevos archivos municipales y militares. Por los campos pasaron entre 700.000 y un millón de españoles que sufrieron “el hambre, las torturas, las enfermedades y la muerte”, la mayoría de ellos además fueron trabajadores forzosos en batallones de esclavos. Estuvieron abiertos desde horas después de la sublevación militar hasta bien entrada la dictadura.

El estudio anterior más completo, de Javier Rodrigo, había documentado hasta 188 campos de concentración en todo el país. También en torno a 10.000 víctimas mortales entre los asesinados y los fallecidos a consecuencia de las condiciones vividas ahí, pero Hernández cree que “esa cifra se queda corta con estos nuevos datos. Es imposible documentar todos los asesinatos y muertes porque no dejaban registro, pero en solo 15 campos que han podido ser investigados ya calculamos entre 6.000 y 7.000. No es una proporción exacta porque entre esos 15 estaban algunos de los más letales, pero nos hacemos una idea de que hay muchas más víctimas”.

Campos de concentración franquistas (1936-1959)

Centros de detención y trabajos forzados durante la dictadura en España, por provincias. Amplía el mapa y sitúate sobre un punto para ver el detalle

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Mapa elaborado por Ana Ordaz

La comunidad autónoma que más campos albergó fue Andalucía, pero hubo por todo el territorio: el primero fue el de la ciudad de Zeluán, en el antiguo Protectorado de Marruecos, abierto el 19 de julio de 1936, y el último fue cerrado en Fuerteventura a finales de los años 60. El 30% eran “lo que imaginamos estéticamente como campos de concentración, es decir, terrenos al aire libre con barracones rodeados de alambradas. El 70% se habilitaron en plazas de toros, conventos, fábricas o campos deportivos, hoy muchos reutilizados”, explica Hernández. Ninguno de los presos había sido juzgado ni acusado formalmente ni siquiera por tribunales franquistas, y pasaron ahí una media de 5 años. Sobre todo eran combatientes republicanos, aunque también había “alcaldes o militantes de izquierdas” capturados tras el golpe de estado en localidades que cayeron en manos del ejército franquista.

Prisioneros de las Brigadas Internacionales en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos). BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Trabajos forzosos, hambre y torturas

En los campos de concentración de Franco se hacía una labor de “selección”. Se investigaba a cada uno de los prisioneros, principalmente mediante informes de alcaldes, curas, y de los jefes de la Guardia Civil y la Falange de las localidades natales. A partir de ahí, clasificaban a los prisioneros en tres grupos, en términos franquistas: los “forajidos”, considerados “irrecuperables”, iban directamente a juicio, en el que se les decretaba cárcel o paredón. Los “hermanos forzados”, es decir, los que creían en las ideas fascistas pero obligados a combatir en el bando republicano; y los “desafectos” o “bellacos engañados”, los que estaban del lado republicano pero los represores valoraban que no tenían una ideología firme y que eran “recuperables”.

Los “desafectos” poblaron de manera estable los campos de concentración y fueron condenados a trabajos forzosos. Durante la guerra estuvieron obligados a cavar trincheras, y al término del conflicto, principalmente a labores de reconstrucción de pueblos o vías. Sufrieron torturas físicas, psicológicas y lavados de cerebro: tenían que comulgar, ir a misa, o cantar diariamente el Cara al Sol, como ha documentado Hernández. También hay testimonios explícitos de hambrunas extremas, “la peor pesadilla de los prisioneros”, enfermedades como el tifus o tuberculosis y plagas de piojos. Muchos de ellos fueron asesinados en el propio campo o por tropas falangistas que iban a buscarles, y otros muchos no sobrevivieron a la falta de alimento, higiene y atención sanitaria.

En noviembre de 1939, meses después del fin de la guerra, se cerraron muchos campos, “pero lo que sucede realmente es una transformación”, relata el periodista. “La represión franquista era tan bestia y tenía tantas patas que evolucionó en función de las circunstancias. Franco, aunque aliado con Italia y Alemania, quería dar una buena imagen ante Europa, quería emitir una propaganda de respeto de los derechos humanos. Por eso oficialmente los campos terminan, pero algunos perduran durante mucho tiempo”. El último oficial, también el más longevo, fue el de Miranda de Ebro (Burgos), que duró de 1937 a 1947.

Después hubo lo que Hernández denomina “campos de concentración tardíos”, creados durante los años 40 y 50 y con denominaciones ya distintas. Fueron el de Nanclares de Oca (Álava), La Algaba (Sevilla), Gran Canaria y Fuerteventura, estos dos últimos para prisioneros marroquíes de la guerra del Ifni y cerrados en el 59. Durante el resto de la dictadura siguieron quedando vestigios: por ejemplo, en 1966 se clausuró la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía (Fuerteventura), en la que se encarcelaba y “reeducaba” a homosexuales.

Prisioneros haciendo el saludo fascista en el campo de concentración de Irún en Guipúzcoa BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

“Ha habido miedo a hablar”

Según Hernández, hay que “rehuir” la comparación que parece inevitable con los campos nazis. En primer lugar porque “al lado de Auschwitz, de millones de víctimas en la cámara de gas, cualquier crimen brutal parece menos crimen”. Y en segundo porque el sistema franquista era muy diferente: así como en la Alemania nazi todo estaba más o menos estructurado y los dividían entre los de exterminio directo y los de exterminio por trabajo, los españoles eran mucho más heterogéneos y todo más “caótico”. Los campos de Franco variaban mucho en tamaño, y la suerte y destino de los prisioneros dependía en muchos casos de las decisiones del propio oficial, que los había más y menos sanguinarios.

Sobre el papel, estos centros estaban destinados solo a hombres: “En la mentalidad machista y falsamente paternalista de los dirigentes franquistas, las mujeres no encajaban en los campos de concentración”. Aunque sí hay constancia de grupos de cautivas en algunos como en el de Cabra (Córdoba), ellas fueron sometidas a idénticas torturas sobre todo en las cárceles. Las prisiones, al igual que las unidades del Patronato de Redención de Penas que construyeron el Valle de los Caídos, no están incluidas en esta investigación. Hernández la ha limitado a lo que la propia documentación del régimen categoriza como ‘campos de concentración’ –además de los cuatro tardíos– porque “la represión fue de tal magnitud y tuvo tantas estructuras que para poder explicarla tienes que parcelarla”.

La segunda parte del libro de Hernández, que se publica el próximo 14 de marzo, consta de testimonios de víctimas. Quedaban pocos supervivientes que pudieran contarlo pero el autor conversó directamente con media docena de los que fueran presos en uno o varios de los casi 300 campos de concentración. Todos ellos han fallecido en los últimos tres años, el último el pasado jueves, Luis Ortiz, quien pasó por el de Irún, por el de Miranda de Ebro y por el de Deusto.

Durante muchas décadas “ha habido vergüenza y miedo” a hablar. Además de esas conversaciones con los antiguos presos, mucho de lo recuperado por Hernández parte de publicaciones elaboradas durante la Transición y de documentos familiares: “Hubo mucha gente que dejó escritos a sus hijos y nietos de lo que ocurrió”. Él anima a eso, “a preguntar a la abuela, al abuelo, por lo que pasó: en todas las familias españolas hay alguien cercano con historias sobre esto. No quiero que esto sea un punto y final a la investigación sobre los campos de concentración, sino un estímulo para reabrir el tema”.

Prisioneros del campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos) trabajando en la construcción de una carretera cercana. BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

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Fotografía destacada: Los prisioneros abarrotan el campo de concentración habilitado en la plaza de toros de Santander BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Franco-campos-concentracion-Espana-calculado_0_876663097.html

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Tumba de Franco, fosas o las medallas de ‘Billy el Niño': deberes de memoria histórica que el Gobierno deja sin hacer

El adelanto electoral llega sin abordar la anulación de sentencias franquistas, la ilegalización de organizaciones fascistas o el aumento de la dotación presupuestaria.

Resignificación del Valle de los Caídos pasa por la salida de los restos del dictador, como ha apuntado la madre de plaza de Mayo, Nora Cortiña.

Un reciente estudio encargado por el Ministerio de Justicia ha admitido que solo es factible desenterrar a 25.000 personas de las cunetas y reconocer entre 5.000 y 7.000.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 09-03-2019

El Gobierno de Pedro Sánchez enarboló la bandera de la Memoria Histórica desde su aterrizaje en Moncloa. Meses después, y con el adelanto electoral como frontera, el camino trazado deja muchos temas pendientes.

Franco sigue en Cuelgamuros, la ley de Memoria Histórica sin reforma, las fosas comunes sin abrir, la justicia franquista sin tocar, la Fundación Franco a pleno rendimiento… Y Billy el Niño, con todas sus medallas.

El balance final resulta escaso, según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). “Cuando está señalada la fecha de caducidad de la legislatura los avances han sido muy pocos”, apunta el presidente del colectivo, Emilio Silva. Y con recursos públicos “se podían haber hecho cosas desde hace meses”, subraya.

Como “el anuncio de un plan de choque de exhumaciones”, necesario, pero que tampoco se va a llevar a cabo”. O “el tema de los restos del dictador Francisco Franco, que ha generado mucho ruido pero qué está por hacer y ya veremos si ocurre”, declara Silva. Este periódico no ha conseguido una valoración general del del Gobierno.

1. La tumba de Franco

Francisco Franco sigue enterrado en Cuelgamuros. ¿Hasta cuándo? Sacar al dictador de su tumba, el tema estrella de Memoria Histórica del Gobierno de Pedro Sánchez, suma varios anuncios frustrados. ¿Quedará por hacer? El Congreso respaldó desenterrar a Franco en marzo de 2017.

Una mujer junto a la tumba de Francisco Franco en Cuelgamuros. | EFE

El proceso de exhumación acumula palos en la rueda. El último la maniobra judicial para anular el informe urbanístico que visaba las obras para sacar al dictador. Una estrategia en la que se presentaron decenas de demandas hasta dar con un juez favorable para, a renglón seguido, retirar el resto de acciones de manera que ese magistrado, el juz Yusty Basterreche pueda ser el único que decida.

La familia Franco no ha aceptado el proyecto y ha asegurado que pedirá al Tribunal Supremo que paralice la operación. O el prior del Valle de los Caídos, que cierra la puerta de la basílica a los técnicos, con el aval de la Iglesia católica española y el Vaticano puesto de perfil.

“El Gobierno debería haber sacado a Franco de ahí porque es un imperativo categórico democrático” y “sin todo este procedimiento”, resume Emilio Silva. Consumar el trabajo “y luego si la familia quiere tomar acciones legales contra esa decisión pues que las tome”. Pone como ejemplo el caso de Sanjurjo, exhumado en Pamplona y donde un juez tomó en consideración la denuncia de la familia que finalmente archivó el Tribunal Superior de Justicia de Navarra.

Sacar a Franco de Cuelgamuros es “un deber de protección a las víctimas a las que el Estado no puede obligar a pagar con sus impuestos la tumba de un dictador”. Además, incide, “a nadie se le ocurriría que una víctima del terrorismo pagará con sus impuestos la tumba de un terrorista”.

2. Reforma de la ley de Memoria

Revitalizar la ley 52/2007. Ampliar un marco legal que se había quedado corto, aprobado bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, iba a servir para ampliar los derechos de las víctimas del franquismo. Pero, en la presente legislatura, la idea no ha llegado a votación en el Congreso.

Pedro Sánchez presentó su propuesta de mejora de la ley de Memoria Histórica en diciembre de 2017, junto a la fosa de Paterna (Valencia). La oferta era una “reforma en profundidad” para combatir el ninguneo presupuestario del Gobierno de Mariano Rajoy y dotar al Estado de mecanismos para abrir las fosas comunes, poner en marcha una Comisión de la Verdad o convertir el Valle de Cuelgamuros en un centro de memoria, entre otras medidas.

3. Abrir las fosas

Un objetivo: liderar las exhumaciones en fosas comunes del franquismo. Así lo reclama Naciones Unidas, la actuación de oficio del Estado en la búsqueda de los desaparecidos forzados. Como una política pública más. Y esta era la intención del Gobierno Sánchez, que queda en el tintero. La idea era establecer planes cuatrienales para atacar las decenas de miles de víctimas arrojadas a miles de tumbas ilegales. Los trabajos en Córdoba son los primeros en los que el Gobierno participa desde la etapa de Zapatero.

Un informe actualiza las cifras: solo será posible rescatar de fosas y cunetas a unas 25.000 personas. El estudio, encargado por la dirección general para la Memoria Histórica a un grupo de expertos, concluye que desde el año 2000 se abrieron 740 fosas en todo el país para recuperar los restos óseos de más de 9.000 personas.

Fosa común en Monturque (Córdoba). | JUAN MIGUEL BAQUERO

Resoluciones de Naciones Unidas, o la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, determinan el deber del Estado en materia “de derechos humanos desde un móvil democrático”, refiere Silva. “Y mientras la familia del dictador Francisco Franco ha vivido en estos meses un garantismo excesivo, las víctimas de la dictadura están en las cunetas”, compara.

4. Presupuesto público

El Ejecutivo liderado por Pedro Sánchez presupuestó 15 millones de euros para temas de Memoria Histórica. Una partida sin precedentes, que cobraba más importancia tras casi dos legislaturas bajo el “cero euros” de Rajoy, y que permitiría afrontar los retos puestos encima de la mesa. Pero estas cantidades dependían de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Y, como el proyecto no cuajó, provocando el adelanto electoral, el rescate de partidas destinadas a la recuperación memorialista ha quedado en el limbo.

“Se nos ha dicho que no se podía hacer nada hasta que se aprobaron los presupuestos, pero no es cierto”, considera Emilio Silva.

5. Romper la impunidad

El bloqueo de España a la investigación de los crímenes del franquismo es la clave de bóveda que sostiene el patrón de impunidad que denuncia la ONU, el Consejo de Europa o Amnistía Internacional. Las víctimas de la represión poliédrica franquista no tienen un acceso efectivo al derecho a la justicia y romper esta rémora aparece como una de las claves más complejas. La preconstitucional ley de Amnistía ha derivado en el carpetazo de muchos procesos. Los juzgados cierran estos casospor prescripción de los delitos. Tampoco, en estos meses, se ha allanado el camino, siquiera para la denominada Querella Argentina.

6. Anular la justicia franquista

La anulación de la justicia franquista abarca procesos desde la guerra civil al tardofranquismo. Décadas de juicios y condenas sin todas las garantías procesales. Sin embargo, miles de sentencias políticas aplicadas por tribunales del franquismo siguen vigentes. Incluida la que condenó a muerte al president de la Generalitat de Catalunya, Luis Companys, que el Consejo de Ministros rechazó al declararla nula y repara la memoria del político catalán ejecutado por Franco.

Perfil en Twitter de la Fundación Franco.

7. Ilegalizar las fundaciones fascistas

La ilegalización de las organizaciones de espíritu fascista aparecía en la agenda del PSOE que acababa de ganar la moción de censura contra Rajoy. Pero la Fundación Franco, el lobby que ensalza al dictador con unas cuentas millonarias fruto de donaciones y dinero público, continúa su actividad. O el resto de entes que convierten a España en un caladero de las fundaciones de este tipo. Como las dedicadas a Primo de Rivera, Serrano Suñer, Blas Piñar o Queipo de Llano.

“Tampoco ha ocurrido”, dice Emilio Silva. “Llevamos al Parlamento 218.600 firmas para ilegalizar la Fundación Franco y pedir un cambio en la ley de fundaciones que impida que las donaciones desgraven impuestos” y que no existan entes que enaltezcan la dictadura o a quienes han cometido violaciones de derechos humanos. “Va a terminar la legislatura y esa modificación no se ha hecho”, enfatiza.

8. Las medallas del torturador ‘Billy el Niño’

Billy el Niño mantiene todas las medallas. Y una pensión aumentada por estas condecoraciones. El Gobierno insistía en enero en que aún estaba buscando la fórmula legal para retirar estas prebendas, algunas otorgadas incluso en democracia.

La cita con las urnas del 28 de abril se acerca y Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, sigue intocable. El expolicía franquista de la Brigada Político Social acumuló felicitaciones y retribuciones económicas por una hoja de servicios que desveló eldiario.es. El historial suma un reguero de torturas por las que ha sido denunciado por sus víctimas, también en el Parlamento Europeo. “Cuando lo último que hemos sabido es que es muy difícil hacerlo, esto nos da una medida de la fragilidad de nuestra democracia”, según Silva.

9. Resignificar el Valle de los Caídos

“Resignificar” el mausoleo de Cuelgamuros para que deje de ser un lugar de “memoria franquista y nacional católica”, rezaba la proposición no de ley del PSOE aprobada por el Congreso en marzo de 2017 y en la que instaba al entonces presidente Rajoy a ampliar la ley de Memoria Histórica. Así, además de arrancar la mudanza de Franco, pedían convertir la mayor fosa común de España en un espacio para la memoria colectiva democrática.

En agosto de 2018, Pedro Sánchez improvisó una visita al Museo de la Memoria y la Reconciliación de Santiago de Chile, dedicado a las víctimas de la represión en la dictadura de Augusto Pinochet. Este tipo de memoriales forma parte de la cultura latinoamericana de derechos humanos que España ignora.

La histórica madre de plaza de Mayo argentina, Nora Cortiña, en su reciente visita al Valle contaba a eldiario.es que Cuelgamuros podría convertirse en un monumento de memoria y homenaje a las víctimas como ocurrió con el centro de torturas de la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires. “Primero hay que sacar a Franco”, insistió al tiempo que consideraba intolerable que allí estén juntos “víctimas y victimarios”.

10. Títulos nobiliarios de Franco

‘El PSOE pide al rey que anule el ducado de Franco que reclama Carmen Martínez-Bordiu’, rezaba un titular de prensa en abril del pasado año. La nieta del dictador reclamaba en herencia el título que el rey Juan Carlos concedió a la familia del golpista en 1975. El exministro Rafael Catalá ejecutó el traspaso el día de la moción de censura.

En junio de 2018 el nuevo Gobierno socialista dijo que estudiaría su eliminación, pero tampoco ha llegado. En España hay otros 30 títulos que parten de la dictadura y están vigentes. Como los marquesados de Queipo, que comandó la masacre franquista en Andalucía. entre los que está el recién renovado de Kindelán, mando de las aviaciones franquista, alemana e italiana durante la Guerra Civil.

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Fotografía destacada: Trabajo arqueológico en la fosa de Puerto Real (Cádiz). / J.B.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Memoria-Historica-Gobierno-Pedro-Sanchez_0_874912745.html

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