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La “querella argentina” multiplica los pedidos de exhumación en fosas comunes

Hay unas 150 familias de las víctimas de la dictadura española que solicitaron la identificación de los restos en la justicia argentina tras el hallazgo del cuerpo de Timoteo Mendieta.

telam.com.ar / Hebe Schmidt / 14-06-2017

El hallazgo del cuerpo de Timoteo Mendieta, luego de la exhumación requerida por la jueza federal María Servini en la llamada “querella argentina” que investiga crímenes del franquismo, multiplicó los pedidos de familiares de víctimas para identificar a sepultados en fosas comunes.

“Tenemos unas 150 familias que nos están pidiendo que identifiquemos a sus seres queridos”, dijo hoy Emilio Silva Barrera, presidente de la Asociación para la Memoria Histórica (ARMH) a Télam.

“Tenemos a 27 familias que nos han pedido que identifiquemos los restos de la fosa en que se encontró a Timoteo Mendieta”, en el cementerio de la ciudad de Guadalajara, en la zona central de España, agregó.

Silva Barrera señaló que desde la asociación comenzó a investigar “los pedidos se han ido incrementando, pero casos como los de Mendieta, ayudan a visibilizar más el tema y hacen creer a la gente que aún es posible encontrar los restos de sus seres queridos”.

Apuntó que en el cementerio de Guadalajara “hay alrededor de 800 asesinados en fosas comunes”, al detallar que “tan sólo entre las dos fosas que se han exhumado para encontrar a Mendieta hay 50 cuerpos”.

Silva Barrera es nieto de Emilio Silva Faba, quien vivió en Argentina y es el primer desaparecido del franquismo identificado con ADN en una exhumación en la localidad de Priaranza del Bierzo, en el norte español, en 2000.

Con ese caso comenzaron las exhumaciones para hallar a las víctimas de la dictadura franquista (1939-1975).

En la identificación de los restos de las víctimas trabajan en forma voluntaria cuatro antropólogos forenses ingleses de la Universidad de Londres dirigidos por el técnico arqueológico de ARMH René Pacheco.

“Ellos son los que hacen estudios forenses en el cementerio de Guadalajara: toman medidas de los huesos, analizan las huellas características de las torturas, de los orificios de bala y extraen las muestras para el ADN”, explicó.

“Las fichas del servicio militar -apuntó- nos ayudan mucho, dado que allí figuran datos muy exactos de las víctimas; como su estatura, muy importante para nosotros, dado que el tamaño del fémur se corresponde con una estatura determinada”.

“A las familias que se acercan pidiendo ayuda para la identificación de sus familiares les pedimos que completen una solicitud, que es la misma con la que utiliza el grupo de trabajo de desaparición forzada de la ONU, donde recogemos todos los datos que se puedan aportar”, reseñó.

“Trabajamos únicamente con donaciones, dado que el gobierno del presidente Mariano Rajoy vetó los fondos previstos en la Ley de Memoria Histórica para estos casos, y, cuando nos quedamos sin recursos contamos con la ayuda del equipo de antropología forense de Argentina, que nos hacen las pruebas de ADN en forma gratuita desde hace tres años, y nos asesoran desde 2004”, destacó.
“A ellos les enviamos un trozo de hueso, o una muestra de frotis, una prueba que se hace con un bastoncillo que recoge células de adentro de la boca o un diente y ellos lo analizan y nos envían los resultados”, indicó.

“Esta última exhumación, conjúntamente con los ADN nos ha costado 18 mil euros. Hasta ahora hemos recibido dos donaciones de dos sindicatos eléctricos de Noruega que se han sensibilizado con el caso y nos han donado 6.000 y 6.900 euros, y un premio de 100.000 dólares de Alba, la asociación de la Fundación norteamericana Puffin, que nuclea asocia a los brigadistas que lucharon junto a los republicanos durante la guerra civil”, detalló Silva.

Tras la apertura de la primera fosa en Guadalajara, en enero de 2016 y de la segunda, el pasado 9 de mayo, ambas por requerimiento de la jueza Servini en la causa iniciada en la Argentina por familiares de las víctimas del franquismo invocando el principio de Justicia Universal, la Justicia española informó el viernes pasado el hallazgo de los restos de Timoteo Mendieta, fusilado en 1939.

Ascensión Mendieta, de 91 años, hija de Timoteo y símbolo de la querella presentada en Argentina, agradeció a la justicia argentina el haber podido hallar los restos de su padre. “Ahora voy a poder enterrar los restos de mi padre, gracias a Argentina me voy a poder morir tranquila”, declaró el martes a Télam.

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Fuente:http://www.telam.com.ar/notas/201706/192307-la-querella-argentina-multiplica-los-pedidos-de-exhumacion-en-fosas-comunes.html#.WUFqBFGKCiE.whatsapp

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Homenaje en Francia al último español de Buchenwald

La localidad de Trélissac le ha dedicado una calle como resistente, deportado y transmisor de Memoria.

Vicente García Riestra fue deportado al campo de concentración de Buchenwald por pertenecer a la Resistencia antinazi.

El asturiano se lamenta de que España haya ignorado y olvidado a quienes, como él, lucharon contra el fascismo en Europa.

eldiario.es / Carlos Hernández / 11-06-2017

Vicente García es, desde este fin de semana, una de las pocas personas que puede presumir de vivir en una calle que ha sido bautizada con su propio nombre. Méritos no le faltan: este asturiano huyó, siendo un niño, de España tras el triunfo de la sublevación franquista; en el país vecino se integró en la Resistencia contra los nazis; su trabajo como correo y espía le costó muy caro, fue detenido, torturado por la Gestapo y deportado al terrible campo de concentración de Buchenwald en el que pasó quince interminables meses; desde que fue liberado y hasta la actualidad se ha dedicado a recorrer los centros educativos franceses ofreciendo su testimonio a los más jóvenes para que conozcan, de primera mano, todo el horror que supuso y supone el fascismo. Por ese motivo, en la placa que ya identifica la calle en la que vive desde hace más de 50 años como “Camino de Vincent García”, se destaca no solo su pasado como Resistente y Deportado, sino también como “Transmisor de Memoria”. Esa es la razón por la que varios profesores se encontraban entre el público que quiso acompañar, en su día grande, al último superviviente español del campo de concentración de Buchenwald.

Vicente García junto a la placa de la calle inaugurada en su honor CARLOS HERNÁNDEZ / TRÉLISSAC, FRANCIA

A sus 92 años, Vicente se prepara para el acto con la ilusión de un colegial. Pese al calor reinante en Trélissac, viste una chaqueta gris en la que luce multitud de condecoraciones; todas ellas otorgadas por las autoridades francesas. Junto al alcalde de esta localidad, situada en el suroeste de Francia, se dirige a la verja exterior de su casa donde le espera una pequeña multitud de vecinos, familiares y amigos. Sin apenas protocolo, ambos retiran la bandera francesa que cubre la placa y dan por inaugurada la calle… su calle:  “Han sido los propios habitantes del municipio los que pidieron al ayuntamiento que la bautizaran con mi nombre; yo no me he enterado de la iniciativa hasta hace muy poco tiempo”, aclara Vicente con humildad y agradecimiento.

Entre los asistentes destacan dos hombres de avanzada edad. Ambos fueron también miembros de la Resistencia durante la ocupación nazi de Francia. Lucien Cournil nos cuenta que se integró en ella con solo 14 años de edad para coordinar a un grupo de resistentes de Terrasson: “Yo nunca cogí una pistola. Mi trabajo era, fundamentalmente, de captación y formación de jóvenes para la lucha armada. También me dedicaba al reparto de propaganda clandestina. Un día que estábamos buzoneando octavillas, las milicias fascistas francesas de Pétain nos dispararon desde un coche…”, Lucien se levanta la pernera derecha del pantalón para mostrar una enorme cicatriz. “Me dieron aquí. Los compañeros me evacuaron y estuve a punto de perder la pierna”. Aún más terrible es la historia que nos relata su compañero Ralph Finkler. Él pertenecía a un grupo de la Resistencia formado, mayoritariamente, por republicanos. Un buen día, la policía colaboracionista francesa asaltó la casa en que se encontraba junto a tres guerrilleros españoles. Solo Ralph consiguió escapar con vida de aquella emboscada.

Los miembros de la Resistencia, Ralph Finkler y Lucien Cournil, no quisieron perderse el homenaje a su compañero CARLOS HERNÁNDEZ / TRÉLISSAC, FRANCIA

Los dos ancianos se emocionan recordando sus años de lucha y escuchando a Vicente narrar un capítulo que ellos, afortunadamente, no vivieron: el de la deportación. El asturiano llegó a Buchenwald en enero de 1944 tras pasar por las manos, y nunca mejor dicho, de la Gestapo: “Tuve miedo de que me mataran a palos. Me tumbaban en una mesa y me ataban los pies y las muñecas por debajo, para pegarme a gusto. Al volver a mi celda tenía toda la espalda morada y mis compañeros me la frotaban con agua para calmar el dolor”. En los quince meses que pasó en el campo de concentración vio caer a sus compañeros “como a moscas”. Si logró sobrevivir, según nos cuenta, fue porque tuvo la suerte de ser destinado a trabajar en la cocina: “Siendo cocineros podíamos echar un litro más de agua y luego servirnos una cucharada extra. Eso no impidió que perdiera 40 kilos de peso en el año y medio que pasé allí”.

No le han devuelto la nacionalidad española

Lucien no se explica por qué en España no reconocen y homenajean tanto a Vicente como al resto de españoles que pasaron por la Resistencia y/o acabaron en los campos de concentración nazis. Él, Ralph y el propio Vicente son considerados héroes en Francia: “Es un gran error que el país en el que nació no reconozca su figura”, nos dice. “No es solo reconocerle personalmente, es homenajear todo lo que representan personas como él que fueron deportados a lugares tan terribles como Buchenwald por defender la libertad”.

El exprisionero asturiano de Buchenwald, junto al alcalde de Trélissac, en el momento de inaugurar la calle que lleva su nombre. CARLOS HERNÁNDEZ / TRÉLISSAC, FRANCIA

En este día tan feliz, el rostro del viejo luchador asturiano se entristece por primera vez al hablar de este tema: “Somos unos desconocidos en España, la gente no sabe ni que hemos existido. Le tenían que cambiar el nombre a la Ley de la Memoria Histórica y llamarla Ley del Olvido”. Vicente culpa a todos los gobiernos, sin excepción, de esta premeditada desmemoria, pero remarca la responsabilidad de la derecha española: “Si fuera gente como es debido condenarían los crímenes franquistas. Es lo mínimo que podían hacer y tampoco han querido dar ese paso”.

Vicente García estuvo rodeado de multitud de familiares, amigos y vecinos. CARLOS HERNÁNDEZ / TRÉLISSAC, FRANCIA

Aunque parezca sorprendente, este asturiano nacido en Pola de Siero ni siquiera tiene la nacionalidad española. La perdió por ser de familia republicana y escapar a Francia en febrero de 1939 para no caer en las garras de las tropas franquistas. Entonces solo tenía 14 años. Hoy, 78 años después, nadie le ha devuelto su condición de ciudadano español: “Si lo hubiera solicitado, me la habrían dado; pero ¿por qué tengo que pedirla yo? No pienso ponerme de rodillas para pedir algo que es mío. A mí me la quitaron, ¿no?, pues que me la devuelvan. Si me la ofrecen, claro que la aceptaré”. Sin embargo, apenas tiene esperanzas de que eso pueda llegar a ocurrir; en la recta final de su vida, Vicente se ha resignado a ser enterrado como Vincent. Al fin y al cabo es Francia la que le ha dado el nombre, la calle, las medallas y el reconocimiento que le ha negado su propia patria.

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Fotografía destacada: Vicente García junto a la placa de la calle inaugurada en su honor CARLOS HERNÁNDEZ / TRÉLISSAC, FRANCIA

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/Homenaje-Francia-ultimo-espanol-Buchenwald_0_653384872.html

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Satisfacción y tristeza tras identificar el cuerpo de Timoteo Mendieta

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica recuerda la ausencia de ayudas de las instituciones en todo el proceso.

Su presidente asegura que con esta identificación se pone en valor al equipo que ha trabajado en las dos exhumaciones.

“Ascensión Mendieta es un ejemplo de lo que es honrar a un ser querido”, afirma Emilio Silva.

eldiario.es / Teresa Sánchez Garzón / 10-06-2017

La identificación del cuerpo de Timoteo Mendieta el pasado viernes en el cementerio de Guadalajara no solo ha alegrado a sus familiares. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha mostrado su “emoción” por toda la gente que ha estado trabajando en las dos exhumaciones y que ha ayudado a Ascensión Mendieta, la mujer que cumplió 88 años viajando en un avión a Argentina para pedir ayuda a la jueza que ha ordenado a través del principio de justicia universal la exhumación de la dos fosas comunes, dentro del proceso penal abierto en Argentina para investigar los crímenes de la dictadura franquista.

Sin embargo no todo son alegrías para la Asociación. “Sentimos tristeza por la ausencia de ayudas de las instituciones porque todo esto ha ocurrido en un estado paralelo donde la sociedad civil se ha organizado para resolver problemas que son responsabilidad del Estado”, señala su presidente Emilio Silva.

La primera exhumación se realizó en enero de 2016 y finalmente no dio con los restos de Timoteo. Como dedujeron los técnicos de la ARMH, Timoteo Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra, algo que se ha podido constatar ahora mediante una identificación científica, en la segunda exhumación. “Esto demuestra que el equipo que estuvo trabajando en la primera exhumación no se ha quedado de brazos cruzados y ha seguido investigando hasta que llegaron a esa conclusión”, apunta Silva.

Además la Asociación recuerda que el empeño de Ascensión por encontrar los restos de su padre permitirá a otras 27 familias identificar a sus seres queridos, como resultado de las dos exhumaciones llevadas a cabo en su búsqueda. “Por ahora se ha identificado solo los restos de Timoteo, que era lo que la querella de argentina reclamaba, pero hay 27 familias que pueden hacer una prueba de ADN para identificar a un ser querido”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica terminaba el pasado 31 de mayo la segunda exhumación autorizada por el Juzgado número 4 de Guadalajara dentro de la llamada ‘querella argentina’ bajo la dirección de la jueza María Romilda Servini. Hicieron falta hasta tres exhortos de una justicia ajena a la española para conseguir localizar a Timoteo Mendieta.

“En total se han total se han exhumado 48 cuerpos, entre las fosas individuales y la fosa I y II, y hay 27 familias que pueden hacer una prueba de ADN para identificar a un ser querido”. Los cuerpos que no sean reclamados por ningún familiar, se enterrarán en un espacio que la Asociación va a solicitar al Ayuntamiento de Guadalajara. “Los cuerpos se guardaran individualmente, tendrán un estudio osteológico con las características de sus huesos para que su identificación, en el que caso de que la solicite algún familiar, sea más fácil”, explica Emilio Silva.

Una labor que continúa

¿Y a partir de ahora qué? En cuanto a los restos de Timoteo Mendieta irán al cementerio civil de Madrid y la Asociación seguirá realizando su trabajo por toda España. “Tenemos lista de espera para que hacer lo mismo en otros lugares, estamos buscando una fosa en Asturias, la vamos a buscar en León y Galicia. Lo que nosotros hacemos es ayudar a quien podemos con los recursos que tenemos”, asegura su presidente.

De Ascensión Mendieta solo tiene palabras de agradecimiento y de admiración. “Es un ejemplo de lo que es honrar a un ser querido. Ha calado en mucha gente por su forma de ser y por una combinación de la imagen de una persona físicamente frágil y a la vez de una tenacidad fuera de lo normal”. Además apunta Emilio Silva que mucha gente se ha enganchado con ella y con su historia, porque representa la situación de muchas personas.

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Fotografía destacada:  Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/Satisfaccion-tristeza-identificar-Timoteo-Mendieta_0_653035076.html

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Identificado genéticamente el padre de Ascensión Mendieta

Este viernes, el juzgado de Guadalajara ha recibido del laboratorio Lab Genetics la confirmación de que uno de los cuerpos exhumados recientemente en el Cementerio de Guadalajara es el de Timoteo Mendieta, padre de Ascensión Mendieta, la mujer que cumplió 88 años viajando en un avión a Argentina para pedir ayuda a la jueza que ha ordenado a través del principio de justicia universal la exhumación de la fosa, dentro del proceso penal abierto en Argentina para investigar los crímenes de la dictadura franquista.

nuevatribuna.es / ARMH / 09-06-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que ha llevado a cabo las exhumaciones sin ayudas públicas, realizó una primera exhumación en enero de 2016 que finalmente no dio con los restos de Timoteo. Cómo dedujeron los técnicos de la ARMH, Timoteo Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra, algo que se ha podido constatar ahora mediante una identificación científica.

El cuerpo de Timoteo Mendieta fue enterrado el 16 de noviembre de 1939, un día después de su asesinato, y aunque los libros del cementerio lo ubicaban en la Fosa 2, finalmente ha sido encontrado en la Fosa número 1, exhumada recientemente.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica quiere agradecer y reconocer el tesón de Ascensión Mendieta, su valentía, su gran ejemplo de amor por su padre y su enorme esfuerzo en la lucha por los derechos humanos, en un país en el que ningún Gobierno de la democracia ha hecho nada por ayudarla. El empeño por encontrar los restos de su padre permitirá a otras 27 familias identificar a sus seres queridos, como resultado de las dos exhumaciones llevadas a cabo en su búsqueda.

Fuente TEXTO E IMÁGENES: ARMH

Imágenes: Fotografías de la exhumación, de Timoteo Mendieta con su mujer, Maria Ibarra; y de su mujer, cuando ya estaba viuda, junto a sus hijos. 

 

 

 

 

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Fuente:http://www.nuevatribuna.es/album/sociedad/identificado-geneticamente-padre-ascension-mendieta/20170609180811140720.html

 

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Cartas de los presos del franquismo desde la cárcel: “Me quedan pocos días de vida”

La antigua cárcel de Lugo acogió un acto de homenaje en el que se leyeron cartas escritas en la prisión por siete condenados a muerte tras el golpe de Estado de 1936.

eldiario.es / Marcos Pérez Pena / 05-06-2017

“He dormido muy poco pensando en mis seres queridos y en la situación en que se quedan. Y creo que me quedan pocos días de vida”. Es el inicio de una carta escrita por Marcelino Fernández Prada, alcalde socialista de Ribas de Sil (Lugo), condenado a muerte en Lugo (pena finalmente conmutada) en 1936. La antigua prisión de la ciudad, recientemente rehabilitada, acogió la semana pasada la lectura de las cartas escritas mientras esperaban por su ejecución por siete presos republicanos, cuatro de ellos finalmente asesinados. Se trataba de Daniel Álvarez Carnero, Perfecto Abelairas Castro, José Ramos López, Gregorio Sanz García, Marcelino Fernández Prada, Ramón García Núñez y Eusebio Cuesta.

El homenaje, al que asistieron numerosos familiares de los presos, que cedieron las cartas, fue organizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y la Asociación para la Dignificación de las Víctimas del Fascismo. La alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, afirmó que “que estas letras salgan a la luz ayudará a que nunca más repitamos aquel episodio terrible, ayudará a la reparación de las víctimas y a la reconciliación. El silencio no deja cicatrizar las heridas. La recuperación de la memoria, sí”.

Entre las cartas leídas estaban las escritas por el maestro José Ramos López, militante del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y delegado gobernativo en el Courel, ejecutado en octubre de 1936. Pocos días antes de morir, le decía a un amigo: “Tenemos fe en la victoria de nuestra causa, nos amargan un poco el tener que ser mártires, pues era preferible morir en el papel de héroes, aunque este avatar nos lo deparen las circunstancias”. O la que le escribió Gregorio Sanz García, presidente de la Asociación de Maestros Nacionales de la UGT, a su hermano: “Mañana me voy a presentar ante el Tribunal militar que debe juzgarme (…) Se me hacen cargos bastante graves, aunque sin fundamento real, pues jamás llegué a realizar los hechos que se me imputan. Los que tienen parte de veracidad se refieren a mis propagandas; pero bien sabes que por mi manera de pensar, por mi modo de vivir, nunca fui extremista ni mucho menos, y que defendí la Escuela considerándola como el fundamento de la prosperidad de España”.

En las misivas y escritos también se puede leer la alegría del momento en que alguna de las penas de muerte fue anulada, como le sucedió al ya referido Marcelino Fernández Prada después de casi tres meses esperando por su ejecución: “Serían las dos de la tarde, aproximadamente. Me llamó el Sr. Director de la Prisión a su oficina y me comunicó oficialmente la conmutación de la pena de muerte por la de 30 años (…) Con gran júbilo fue recibida la noticia por la población reclusa al saber que me conmutaban la pena (…) Con estas letras doy por terminadas estas notas, reflejo fiel de mis pensamientos durante mi estancia en capilla de penado a muerte, que fueron en total ochenta y unos días”

En el acto también se destacaron las cartas escritas por Ramón García Núñez, Gobernador Civil de Lugo desde el 4 de julio de 1936 y que murió fusilado el 21 de octubre de ese año. En una de ellas, García Núñez se dirige a su hermano Miguel despidiéndose así: “Con el cariño del hermano y el deseo de que, si yo muero, y llegan, como estoy seguro, horas de libertad para España, pueda hacer justicia a mi nombre, que no fue traidor ni cobarde”. El sobrino nieto del ejecutado cuenta que el 18 de julio García Núñez se encontraba en Vigo, con la posibilidad de huir a Portugal; sin embargo, optó por regresar a su puesto a Lugo, siendo inmediatamente detenido. Tras su fusilamiento, su madre nunca volvió a salir de su casa, donde murió años después. Relata también que la esposa de Ramón García Núñez, Pepita Rodríguez, coincidió en una ocasión con Pilar Franco, hermana del dictador, y que le dijo directamente: “Su hermano fusiló a mi marido”.

Lectura de las cartas en la antigua prisión de Lugo

Las cartas de “Pepe de Vilastrille”

Entre las cartas destacan las del socialista Daniel Álvarez Carnero, concejal en Sober (Lugo) y alcalde en funciones el 18 de julio de 1936. Detenido el 4 de agosto, fue juzgado por “rebelión militar” y por “organizar partidas armadas”. Condenado a muerte, fue ejecutado el 29 de diciembre. Enterrado en un nicho en Lugo gracias a la amistad de un militar, su cuerpo fue perdido al desaparecer el cementerio para construir un hotel. En el acto de este jueves estuvo presente una de sus nietas, María José Pérez, que explicó que siempre que le preguntaba a su abuela cómo había muerto su marido ella respondía “le mordió una serpiente”. Todo un símbolo. María José Pérez destacó que “hay que sacarlo todo a la luz porque, hasta ahora, no ha habido una reconciliación. Esto no es ni siquiera un reconocimiento público de que lo mataron injustamente. Es sólo poder decir en voz alta lo que lleva décadas callado. Ese papel es el que nos toca hacer a los nietos”.

Desde la cárcel, Álvarez Carnero, conocido como “Pepe de Vilastrille”, le escribió varias cartas a su esposa, a su suegro o a sus cuatro hijos -Pepiño, Dieguiño, Monchiño y Lauriña-. En la carta que le remite a su suegro, le dice:

“Siento dejar a mis hijos tan pequeños para defenderse de este maldito mundo; siento, en fin, lo feliz que era al lado de todos vosotros, mas esto no importa porque, con un mártir más que hagan estos Vaticanistas, más se multiplican nuestros ideales, y eso me fortalece para morir. Nunca creí que en este mundo hubiera gente tan ruin, porque le sacan la vida a la gente que más vale, a la mejor, a la que luchaba por un mejor estado de la sociedad, hombres jóvenes, con carrera, trabajadores, hombres que, equivocados o no, obraban con nobleza en todos sus actos, pero la realidad hoy es así. Mañana no será porque tienen que pagarla; bien está el refrán: lo que a hierro mata a hierro muere, y así le sucederá la esta gentuza”

Unas ideas que repite en la carta que les envía a sus hijos:

“Hijitos míos, la muerte que me dan estos criptinos, no les bastará para vencer a los que por el bien de la humanidad luchan afanadamente. Yo sé que, por cada uno de nosotros al que saquen la vida, saldrán a docenas a luchar en bien de la justicia, por el derecho y el deber a la equidad que debe tener todo ser humano, en fin, por todo lo que sea hacer mejorar el bienestar familiar y adorar a sus semejantes. Vosotros, si tenéis suerte con vuestra salud, procurad llegar dónde debe llegar todo hombre, sed buenos para todo el mundo y procurad no hacer nunca daño. Cierto es que a mí nunca se me ocurrió hacer mal alguno a las personas y así me lo pagaron, pero por eso mismo me enfrento con la vida y moriré valientemente dando un ¡Viva la República!”

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Fotografía destacada: Carta de Daniel Álvarez Carnero a su madre Catalina

Fuente:http://www.eldiario.es/galicia/dormido-Creo-quedan-pocos-dias_0_651285606.html

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Las 105 víctimas del franquismo que han sido exhumadas gracias a Argentina

Argentina está investigando crímenes del franquismo y ha hecho cuatro peticiones para abrir fosas. Tres han sido rechazadas por juzgados españoles.

El caso de Timoteo Mendieta en Guadalajara es el único en el que ha salido adelante, con la recuperación de decenas de cuerpos.

Mientras la justicia argentina considera las desapariciones forzosas del franquismo como crímenes de genocidio y lesa humanidad, España los considera crímenes comunes y prescritos.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 02-06-2017

La justicia argentina ha pedido cuatro veces a España que abra fosas comunes de Franco y en tres ocasiones la respuesta ha sido negativa. El único caso que ha sido aceptado es el de Timoteo Mendieta en Guadalajara y ha permitido recuperar los restos óseos de otras 50 personas mientras se buscaba a Mendieta.

La justicia española sin embargo ha devuelto tres exhortos del país austral: el de una petición que España ha clasificado de “confidencial” para exhumar en el Valle de los Caídos, la del represaliado Cipriano Martos, obligado a beber ácido, en Cataluña, y el de la mayor fosa común de Baleares.

Pese a la negativa de los juzgados españoles, la conocida como “fosa de Mallorca” sí salió adelante excepcionalmente, gracias a la colaboración entre el Govern balear, el Ayuntamiento de Porreres y asociaciones de Memoria Histórica, que sortearon la sentencia contraria de la justicia y lograron sacar de la tierra a 55 ejecutados por el franquismo. En total, directa e indirectamente, Argentina tiene el mérito de haber logrado desenterrar 105 cuerpos de víctimas de Franco.

¿Por qué Argentina pide y España niega? Las peticiones de intervenir en fosas del franquismo parten de las denuncias por desaparición forzada incluidas en la denominada querella argentina. De ahí, la jueza  María Servini de Cubría, que lleva el caso de la querella argentina, remite desde Buenos Aires el requerimiento a jueces españoles que han dado un “no” por respuesta en tres de estos cuatro casos.

La diferencia fundamental entre uno y otro país es la calificación de los crímenes de Franco. Para España son delitos comunes. Para Argentina se trata de crímenes por genocidio y lesa humanidad. ¿Qué motivos alegan los juzgados españoles para no atender los exhortos argentinos? Aplican la Ley de Amnistía, alegan que los crímenes han prescrito o inciden en que los hechos que se intentan investigar competen a la justicia española. Esas son las tres fundamentaciones principales de las comunicaciones denegatorias.

La misma interpretación que subraya la Fiscalía General del Estado en la circular enviada a las sedes judiciales como  guía para que los fiscales provinciales puedan negar el auxilio judicial y torpedear la investigación del franquismo que lleva a cabo Argentina. Esta orden interna del Ministerio Público acusaba a Servini de un interés “ajeno” a la justicia y recordaba la causa contra el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por actuar como ella.

Del otro lado, Servini señala la imprescriptibilidad de las violaciones de los derechos humanos. Y de esta “forma diferente de plantear los hechos” llega el bloqueo de España, advierte Ana Messuti, abogada de la querella argentina.

Como ejemplo de la interpretación dispar, el Juzgado de Instrucción número 4 de Reus (Tarragona) dice que la razón de no ejecución y devolución del exhorto que pedía la exhumación de Cipriano Martos “es que no se aprecia relación alguna entre el auto judicial y la narración de los hechos”, afirma Messuti. Es decir, lo que para Argentina “es una sola causa de crímenes contra la humanidad” para España son “casos concretos”, comunes, y esto invalida la petición.

“Uno de los huesos” de Timoteo Mendieta

Con estas tres negativas (aunque el caso Mallorca se acabara resolviendo por otra vía), solo hay un caso bajo tutela internacional, el de Timoteo Mendieta. Un juzgado de Guadalajara (Castilla-La Mancha) recogía el guante del exhorto argentino y la exhumación se llevaba a cabo en enero de 2016 en el cementerio local y rescató a 22 desaparecidos forzados en presencia de Ascensión Mendieta, hija de Timoteo y querellante en la causa contra los crímenes del franquismo.

El juez decano de Guadalajara Jesús Villegas (i), saluda a Ascensión Mendieta, hija de Timoteo Mendieta, represaliado del franquismo, durante la segunda exhumación en el cementerio de Guadalajara. | EFE

Pero ninguno de los huesos pertenecía al padre de Ascensión, según el resultado de las muestras genéticas. La nueva oportunidad llegó en mayo de 2017 después de que el Juzgado número 1 de Guadalajara atendiera otro exhorto dictado por la jueza Servini y remitido por el Ministerio de Justicia español. La intervención del equipo arqueológico de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha exhumado a otros 28 represaliados por el franquismo (cuatro de ellos en enterramientos individuales) sumando un total de 50 víctimas asociadas al ‘caso Mendieta’ y que ha tenido un  efecto llamada para otras 15 familias.

Ascensión “sabe que ha sido asesinado, también sabe dónde se encuentran sus restos, pero nunca ha podido darle la sepultura que todo ser humano merece”, resume Ana Messuti como paradigma del olvido español a las víctimas del franquismo. Recuerda además un momento clave que propició que Argentina iniciara las peticiones de exhumación de fosas en España cuando Asunción Mendieta viajó a Buenos Aires con casi 90 años, “tomó la palabra” ante la jueza Servini y le pidió “sólo una cosa”: que le ayudara a encontrar “los restos de su padre” para, a su muerte, “llevarse consigo uno de los huesos”.

Cipriano Martos y su hermano, Antonio.

Martos, el último desaparecido del franquismo

En la solicitud de exhumación en el  Valle de los Caídos, la petición a través de la querella argentina fue rechazada y quedó casi silenciada por la “obligación de confidencialidad” del caso, según han relatado las fuentes consultadas por eldiario.es. No trascendió la identidad de la persona buscada ni del querellante.

Del otro caso rechazado sí se saben nombre y apellidos. Y cómo fue asesinado: Cipriano Martos, obligado a beber ácido en un cuartel de la Guardia Civil. Corría el año 1973 cuando fue detenido y torturado por repartir propaganda antifranquista. Luego le dieron el ‘cóctel de la verdad’. Murió a los pocos días y quedó enterrado en una fosa de beneficencia en el cementerio de Reus (Tarragona). Es el último desaparecido del franquismo.

A Cipriano “lo cogieron en la calle” por antifranquista y en un cuartel de la Guardia Civil fue obligado a tomar ácido. Su hermano quiere saber “la pura verdad de lo que hicieron con él, que se abra la tierra y sacar los restos”.

La familia Martos, emigrantes andaluces de  Huétor Tájar (Granada), participan como querellantes en la única causa que juzga los crímenes del franquismo, en el país austral. De ahí, y en una petición de la jueza Servini de Cubría, un juzgado de Sabadell (Barcelona)  tomó declaración a Antonio, el hermano de Cipriano. Un magistrado recogió el guante de la toma de declaraciones indagatorias, pero otro rechazó la búsqueda de los restos de Cipriano.

“Lo cogieron en la calle porque tenía un carnet clandestino del Partido Comunista de España Marxista-Leninista”, recuerda su hermano Antonio. Militó también en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). “Prefería pasar hambre antes que ver a otra persona pasarla”, refiere para escenificar el “compromiso” social de Cipriano. “Hasta que cayó en sus manos”, repite. Desde entonces quiere ofrecer a su hermano una digna sepultura. “Quiero que se haga justicia, claro, pero más saber la pura verdad de lo que hicieron con él, que se abra la tierra y sacar los restos”.

La “fosa de Mallorca”, la mayor de Baleares

Trabajos de exhumación de la fosa de Porreres. | EFE

“El caso de Cipriano es muy importante”, dice Ana Messuti. Por sus características: el tipo de asesinato y la época, en los estertores del régimen de Franco. Y porque, a diferencia del juez de Guadalajara “que da cumplimiento al tratado internacional”, el Juzgado de Instrucción número 4 de Reus “no aceptó el exhorto remitido desde la justicia argentina”. La asociación Xarxa Catalana i Balear de Suport a la Querella Argentina contra els crims del franquisme critica “la posición de los jueces” que se escudan en el mandato de la Fiscalía.

El exhorto argentino para abrir  la mayor fosa común que la guerra civil española dejó en Baleares tampoco fue atendido por la justicia española. Pero la exhumación fue posible por la implicación del Govern Balear, el Ayuntamiento de Porreres, la Associació per la Recuperació de la Memòria Històrica de Mallorca y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que realizó la intervención arqueológica.

El primer proceso rescató del cementerio de Porreres los restos óseos de 55 personas –a finales del año 2016– y una segunda intervención espera elevar la cifra a alrededor de 120 víctimas. Al enterramiento ilegal se le conoce como la “fosa de Mallorca” porque los golpistas arrojaron allí a ejecutados de unos 30 pueblos. El colectivo Memòria de Mallorca interpuso además una denuncia penal por delitos de lesa humanidad (ante el Decanato de los juzgados de instrucción de Manacor) por aquellos asesinatos ocurridos entre 1936 y 1937 en el oratorio de la Creu de Porreres.

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Fotografía destacada: Primera exhumación en el cementerio de Guadalajara, en enero de 2016. | ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/victimas-franquismo-Argentina-fosas-Espana_0_648835693.html

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La memoria en los huesos

Sobre la mesa de autopsias del cementerio de Guadalajara, los esqueletos, las calaveras agujereadas de los fusilados republicanos cuentan su historia.

ctxt.es / Cristina Fallarás / 31-05-2017

“Franco murió y ha continuado durante 40 años más. La gente no lo ve como un criminal, a lo sumo como una vergüenza familiar… como un embarazo no deseado. Para mí es una de las vergüenzas más grandes de Europa. ¡Estamos hablando de un país civilizado de Europa occidental! Vienen millones de turistas al año aquí y creen que hay muchas cosas modernas, pero aquí, por debajo, hay algo que yo he visto en Ruanda. Y nadie quiere hablar de ello. Me parece increíble. ¡Increíble, único!”.

Larry Owens, forense británico, voluntario en las exhumaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en el Cementerio de Guadalajara.

La memoria

Sentada en una banqueta que le han colocado a la sombra de un toldillo, Ascensión Mendieta recuerda la primera vez que su madre, María Ibarra, su hermana Paz y ella se acercaron al Ayuntamiento de Guadalajara a reclamar los huesos de su padre, fusilado el 16 de noviembre de 1939. “Uy, eso, eso es historia ya, nos dijo un señor de la oficina… sí, así nos lo dijo”. A su derecha, la fosa número 1 guarda en su vientre el último fusilado por exhumar, allá abajo, cuatro metros hacia la oscura entraña. Si Ascensión se asomara, vería cómo el esqueleto llamado “Individuo 24” muestra ya su descarnada mitad superior.

Una joven arqueóloga recorre el contorno de la fosa con una brocha gorda de pintor. El sol de finales de mayo pica a las 6 de la tarde. La chica no lo sabe, pero antes de que pasen 15 horas, una forense llamada Shelley Jones y llegada de Londres introducirá el dedo índice de su mano derecha enguantado en látex azul por el orificio que dejó la bala en la parte posterior de ese cráneo por el que pasa la brocha. Agujeros en la tierra, agujeros en los cráneos, agujeros de bala en los muros, agujeros en la memoria. Piedra pómez.

Ascensión Mendieta conversa con René, el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria, al pie de la Fosa 1 / Óscar Rodríguez / ARMH

Ascensión es una mujer menuda y clara. Su elegancia de hilo blanco soleado parece inquebrantable. Su voluntad de dar con los huesos de su padre no lo parece: es inquebrantable. “Mi hermana se llamaba Paz, Paz Mendieta Ibarra. Pobrecita mi hermana, murió hace cinco años. Murió con la pena de no ver a mi padre. Hemos venido mucho aquí, hemos ido a todos los sitios”. Un día su hermana le dijo: “Yo tengo ahorrados más o menos dos millones [de pesetas]”. Ascensión le contestó que ella no tanto, pero que algo había. Tiempo después, hace hoy cuatro años, voló a Argentina, cumplió 88 en el avión, consiguió allí conmover a una jueza y que le diera lo que no recibía en España, el permiso para buscar a su padre en fosas, entre huesos. El año pasado los buscaron en la fosa número 2 del Cementerio de Guadalajara. No estaban allí. Hoy, los cuerpos de la fosa número 1 acaban de salir.

AGUJEROS EN LA TIERRA, AGUJEROS EN LOS CRÁNEOS, AGUJEROS DE BALA EN LOS MUROS, AGUJEROS EN LA MEMORIA. PIEDRA PÓMEZ

“Sentí mucha alegría entonces, me vine de Argentina con mucha esperanza”, murmura para sí. “Yo qué sé la esperanza, yo qué sé lo que pasará, doy las gracias a todo el mundo…”.

Ascensión responde a las muestras de reconocimiento. Ella es el eje que vertebra una nueva búsqueda. No de los huesos de su padre, junto a los que quiere descansar, no solo. Esa mujer diminuta ya entrada en los noventa se ha convertido en la protagonista de una historia que ya no es la Historia. Su fragilidad ha abierto una grieta imparable en el plomo del silencio. Aquellos que no tenían un relato al que agarrarse ya lo tienen. A los fusilados republicanos los mataron dos veces: una vez, de un tiro; otra vez, imponiendo el silencio. Vivir en la memoria es una forma de existencia.

Todo lo hurtado por el miedo, los pactos de la vergüenza, las instituciones españolas, los sucesivos gobiernos y los medios de comunicación, todo agoniza a los pies de Ascensión, bajo la banqueta que alguien le ha puesto junto a la fosa número 1, de donde empiezan a sacar los huesos del último fusilado, el Individuo 24.

Los huesos

Sobre una bandeja rosa de plástico, un cuenco rojo también de plástico, y dentro del cuenco, una calavera remendada con decenas de parchecillos de cinta adhesiva. Le falta parte del maxilar superior, del que conserva un trozo con un incisivo, canino y tres molares. La mitad de la mandíbula descansa en la bandeja, junto a un puñado de dientes.

En la sala de autopsias del Cementerio de Guadalajara trabajan cuatro forenses llegados de Inglaterra. Larry Owens, el jefe del equipo, dos metros de hombre joven, enérgico, se inclina con la cámara sobre un cráneo. “Estoy fotografiando traumas”, rebufa, “al menos este tiene solo un disparo”. Parece que va a echarse a gruñir. Han venido a hablar con los huesos a un país que lleva 40 años de democracia sin querer oírlos.

De dcha a izda, Larry Owens, Shelley Jones, Tatiana Bleming y, medio oculto, Adam Burr, los cuatro forenses ingleses que han venido a trabajar en las exhumaciones del cementerio de Guadalajara.

Pero los huesos hablan.

Los forenses recuerdan uno de los esqueletos exhumados en la Fosa 1. Tenía 25 fracturas de costilla. El ser humano tiene 24 costillas. Hace falta mucha saña para 25 fracturas de costilla. No se trata de una paliza, ni siquiera de una sola sesión de tortura. “Le pegaron durante meses seguidos con ganas”, explica Owens. “Tenía fracturas medio curadas y sobre ellas otras nuevas, partidas de nuevo, y fracturas en las vértebras, en el codo derecho, en las piernas. Todo fracturado, todo desastre. Hay que recordar que utilizaban este tipo de política para su venganza personal. ¿Murió esta persona? No. Lo dejaron ahí en la cárcel y volvieron de vez en cuando y le pegaron, y le pegaron, y le pegaron… y lo mataron”.

El Individuo 22

El hombrón apoya la mano en la parte superior del cráneo que está fotografiando: “Era un individuo muy normal, un hombre más. Había perdido ya varios de sus dientes a sus 35 años, me temo que mucha azúcar. Los españoles comen demasiada azúcar. Aparte de eso, era alto, sobre todo para esa época, más o menos 1,75. Era muy fuerte, se puede ver que los músculos eran muy grandes. No era siniestro, era amplio. Durante su vida, alguien se había peleado con él, y le fracturó la nariz. Pesaba unos 80 kilos. Los demás, en general, tienen más señales de tortura prolongada que él. Quizás sea porque era muy grande y le tenían miedo. Lo sacaron un día, pusieron una pistola de bala pequeña al lado izquierdo de la cabeza y lo mataron. Era tan fuerte y su hueso del cráneo era tan grueso que, al contrario de lo que pasa con otros individuos, la bala ni pudo expulsar el fragmento de hueso de salida. Era un tipo con buena salud, que podría haber ayudado mucho a su país, pero… se acabó”.

Impacto de bala, cerca de una de las fosas. / Óscar Rodríguez / ARMH

Cuando un forense habla con los huesos y ve al hombre, dan ganas de preguntarle si besaba mucho, su forma de abrazar, cómo bailaba en las fiestas de su pueblo, con quién se iba a los huertos. ¿Qué más puede ver?

ERA TAN FUERTE Y SU HUESO DEL CRÁNEO ERA TAN GRUESO QUE, AL CONTRARIO DE LO QUE PASA CON OTROS INDIVIDUOS, LA BALA NI PUDO EXPULSAR EL FRAGMENTO DE HUESO DE SALIDA

“Veo muchas cosas a las que España debería mirar y no lo hace. Veo a un hombre… ¡Era un hombre! Pero la gente acostumbra a pensar ‘Oh, no, no hay que pensar en eso, no hay que molestar a los muertos, porque al fin y al cabo son historia…’. ¡No! Sí hay que molestar a los muertos, sí hay que verlos. El problema es que la mayoría de gente no se ha enfrentado a la violencia de esto, no sabe realmente lo que significa. Estas personas no eran soldados, no eran guerreros, eran muy normales, vivían en sus casas, tenían sus trabajos y llegó un día el ejército, o quien fuera, los sacaron, y los mataron, y los dejaron aquí… y nadie ha asumido esa responsabilidad durante 80 años. Eso es lo que veo”.

Mirar a nuestros muertos, escuchar lo que cuentan sus huesos.

Y Owens, que ha pasado por Ruanda, Zimbabue, Sudáfrica, Perú, Bolivia, Chile, Israel o Egipto, se revuelve contra lo que ve en Guadalajara, no da crédito. Eso cuentan los huesos.

El Individuo 23

En la salita contigua, sobre los huesos pulcramente ordenados del Individuo 23, Tatiana Bleming conversa con lo que fue un hombre en la treintena. Con él no se ensañaron, pero le dieron dos tiros finales. Uno le reventó las cervicales 5 y 6, el otro le cruzó el cráneo. “Todo esto que estoy viendo me parece muy violento. Prácticamente todos los esqueletos que estamos sacando tienen heridas de bala. La mayoría, además, tiene otras fracturas, no podemos determinar si fueron justo antes de la muerte o todavía cuando estaban en la cárcel”.

Bleming lleva solo tres años hablando con huesos. “Como dice Larry, los huesos no mienten. Tú puedes enterrar a alguien con artefactos u objetos valiosos, y dar una imagen totalmente falsa. Es luego, al mirar a los huesos, cuando sabes sexo, edad, estatura, enfermedades, dieta, origen…”.

El Individuo 21

Junto a Tatiana, Adam pasa el dedo índice por uno de los extremos de la clavícula e indica que aún es rugoso. Después repasa el coxis, los dientes y las vértebras y concluye: “Estamos ante un veinteañero. Seguramente cumplidos los 25”.

“VEO MUCHAS COSAS A LAS QUE ESPAÑA DEBERÍA MIRAR Y NO LO HACE. VEO A UN HOMBRE… ¡ERA UN HOMBRE! 

Adam Burr es un veterano de sesenta y muchos con cara luminosa, que lleva más de 15 años tratando con huesos. “En cuanto al trauma”, explica con serenidad, “lo que normalmente hemos estado viendo son disparos a la cabeza. Uno o dos, en general. Pero este individuo es peculiar, porque no tiene ninguno. Entonces nos preguntamos ¿dónde puede estar la muerte? Cuando estuve ordenando las vértebras, de repente encontré que las cervicales 3 y 4, situadas en el cuello, estaban destrozadas. Y aquí está la mandíbula”.

El hombre muestra las dos partes en las que está dividida la mandíbula, las toma y las junta. Cuando casan, en el centro, justo en medio de la barbilla, aparece un agujero perfecto menor que una canica.

Entonces, agarra con la mano izquierda la mandíbula ya unida, se la sitúa frente a la cara como quien coge del mentón el rostro que va a besar, coloca la derecha en forma de pistola y, “pum”, dispara. “Fue un tiro en la cara, en la mandíbula, que entró por el mentón y salió por el cuello. El disparo entra limpio, de ahí este agujero, pero sale abriendo el destrozo. Es algo difícil de ver, pero aquí está y es lo que es. Y no hay ningún otro trauma en ningún otro sitio. O sea, que aquí tenemos a un joven al que alguien miró a los ojos y disparó a la cara”.

Si le preguntas qué ha visto en las exhumaciones del Cementerio de Guadalajara, responde: “He visto un montón de asesinatos. Es todo lo que puedo decir. Muchos asesinatos”. Es el único momento en el que una sombra cubre la luz de su cara.

El Individuo 24

“Este es el último individuo que salió de la Fosa 1”, relata Shelley Jones. “Los huesos están todavía húmedos de la tierra. Estamos intentando retirar el barro de manera que podamos limpiarlos”.

No es fácil en este caso ver alguna patología o herida. Los huesos están cubiertos de barro y rudimentariamente envueltos en papel de periódico. Tampoco es fácil limpiarlos. “Son demasiado frágiles, explica Jones, “algunos secan rápido, a las vértebras les cuesta más”.

La joven forense peina dos trenzas rubias. Saca la calavera de su papel de periódico y la agarra con las palmas de ambas manos como una madre levantaría a su bebé. Con los dedos, suavemente, va retirando el barro, que ya empieza a secarse. Dice que seguramente va a encontrar un agujero de entrada de bala en la base del cráneo, por donde va pasando los dos pulgares con mimo. Caen pedacitos de barro y de repente, ahí está.

Lleva guantes azules de látex. Introduce su dedo índice por el agujero de bala que acaba de aparecer. Tiene los dedos finos. Si el dedo índice fuera un poco más grueso, no cabría. Una vez encontrado el agujero de entrada, da la vuelta a la calavera y ahí, en el extremo opuesto, aparece el destrozo de salida de la bala.

Nada más cuenta, por ahora, el último hombre extraído de la fosa número 1, aquel que descansaba en el fondo mientras los restos del silencio agonizaban a los pies de Ascensión Mendieta, sentada en su banquetilla. Romper el silencio es reparar la segunda muerte, dar una vida a los asesinados.

René Pacheco

Un veinteañero a quien alguien disparó mirándole a los ojos, un hombretón cuyo cráneo ni la bala pudo destrozar, un torturado molido durante meses y vuelto a moler, el hombre joven que recibió un tiro en el cuello y otro en la cabeza, quién sabe si por falta de pericia del asesino o simplemente por saña.

René muestra la ficha con la lista de esqueletos exhumados. / Óscar Rodríguez / ARMH

Eso cuentan los huesos que no queremos oír.

René Pacheco es el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) al frente de las exhumaciones en el Cementerio de Guadalajara. El primer hueso con el que dio fue una costilla de cabra de hace 1,8 millones años, en una cueva de Girona. Su primer contacto con la violencia de la memoria, dos personas enterradas en una viña al lado de una carretera de León. Corría noviembre de 2008, y desde entonces sigue. Resulta inevitable preguntarle si todavía, como aquel día, llora. “Uno no deja de llorar con este trabajo nunca. Es muy difícil ver a Ascensión aquí al lado y aguantar”.

Es consciente de la importancia del trabajo que realiza la ARMH en Guadalajara, en términos históricos, y de su proyección futura. Sin embargo, él también insiste en el hombre.

“UNO NO DEJA DE LLORAR CON ESTE TRABAJO NUNCA. ES MUY DIFÍCIL VER A ASCENSIÓN AQUÍ AL LADO Y AGUANTAR”

 “Esas personas, las que exhumamos, te están contando qué les pasó en el último momento de sus vidas. Pero también lo que fueron sus vidas en general: esfuerzos, dolores, enfermedades… Lo que hay que hacer es reconstruir sus vidas y mostrar que eran personas como nosotros. Como cuando hoy nos hemos levantado por la mañana… Sales y alguien puede cogerte en algún lugar, secuestrarte, torturarte, matarte… Es importante humanizar a las personas que estamos recuperando, demostrar que eran como cualquiera de nosotros”.

¿Por qué no lo hemos hecho? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué no hemos escuchado a los huesos?

“Los 40 años de Dictadura más los 40 de Democracia son 80 años que han pesado sobre la población en muchos sentidos. En el miedo continuado en la población que sí sufrió directamente las consecuencias de la Guerra y la posguerra, y también en el olvido generado a través de la educación, de la sociedad etcétera, el no querer hablar de esto. El miedo es una de nuestras principales dificultades cuando estamos trabajando. Hace que la gente no se atreva a hablar cuando llegas a un pueblo para preguntar dónde están las fosas, quiénes pueden estar en ellas y demás. El miedo te lo encuentras en los familiares, que muchas veces vienen a reclamar y te cuentan que no lo han hecho durante años porque tenían miedo, no solo de lo que dirían sus vecinos, sino de lo que dirían sus propios familiares. El miedo sobre todo de la población en general: ¿Qué pasa si estás abriendo fosas?”.

René Pacheco sabe de qué habla. Aún recuerda la primera vez que le dijo a su madre que iba a exhumar una fosa común de la Guerra Civil. “Lo primero que se le ocurrió decirme fue: ‘René, ¿y no te va a pasar nada?”.

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Fotografía destacada: El Individuo 24, al fondo de la Fosa 1 del Cementerio de Guadalajara. ÓSCAR RODRÍGUEZ / ARMH

Fuente:http://ctxt.es/es/20170531/Politica/13046/memoria-historica-ctxt-timoteo-mendienta-franquismo-guerra-civil-exhumacion-guadalajara.htm#.WS8ChCP_WAQ.facebook

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No sabían que sembraban semillas

En el cementerio de Guadalajara hay 900 republicanos fusilados en fosas comunes. Gracias a una jueza argentina y a un sindicato noruego, la ARMH ha podido buscar los restos de Timoteo Mendieta y otras 50 personas.

ctxt.es / Willy Veleta / 30-05-2017

He pasado 23 días en un cementerio. Delante de mí tenía un ciprés centenario, una fosa común con 24 fusilados y un muro de piedra y ladrillo con impactos de bala a la altura del pecho de una persona de estatura media. Desde un banco de hierro y bajo un toldo portátil he visto desfilar a mucha gente. Pero hubo dos personas que dejaron huella: Eugenio y Rubén. Ambos son bisnietos de fusilados. El poco tiempo libre que les permite su trabajo lo han pasado a 2, 3, 4 metros de profundidad (según el día). Se han deslomado sacando tierra de las fosas, llevando “carretillos” de tierra para cribar, subiendo capachos repletos de “evidencias”. Nadie les ha preguntado pero todos sabemos que cada palada que daban era en homenaje a sus bisabuelos, ejecutados en 1939 por defender una democracia efímera.

Eugenio pagó en varias ocasiones y de tapadillo la comida de los integrantes de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica)… Nunca se sentó a la mesa, siempre estaba alejado unos metros, al sol. No probaba bocado, y su expresión era una mezcla entre estar agradecido y estar avergonzado por no poder hacer más por su bisabuelo.

Rubén cuenta que desde que tiene uso de razón traía cada día de Todos los Santos unas flores a la Fosa 3. Su padre puso una placa con los colores de la bandera republicana que dice: “Fusilado por defender la libertad”. Este gesto no gustó nada en su familia. Los del “no te signifiques” y “no te metas en política” no pasan una. Ahora sabe que su tío abuelo está en la Fosa 4, según los registros. Una fosa que igual nunca se llega a exhumar, mientras la Ley de Memoria Histórica sea una trampa, una ciénaga bipartidista que beneficia a los de siempre.

El caso de Rubén es consecuencia del efecto dominó provocado por el coraje de Ascensión Mendieta. Rubén se ha implicado de tal manera estos 23 días que sus amigos no le ven el pelo. “Menos mal que ha terminado la exhumación”, dice, “me duelen todos los huesos”. Rubén cavaba con mucho ímpetu, sus carretillas siempre iban más llenas que las de los otros. Se apuntaba a echar una mano cuando alguien desfallecía a 4 metros de profundidad por el calor de mayo. El último día se le vio con un pincel, desempolvando lo que parecía ser el fémur de otro fusilado. Igual ha nacido un candidato a arqueólogo.

El 80% de los voluntarios que han trabajado en esta exhumación tienen familiares desaparecidos: desde el arqueólogo René hasta el encargado de seguridad, el minero prejubilado Carlos, pasando por Marco, vicepresidente de la ARMH. Y entonces se me viene a la cabeza esa litografía de Castelao que decía: “Pensaban que enterraban cuerpos pero enterraban semillas”.

El 29 de mayo apareció un joven con una foto en blanco y negro de un soldado republicano. Era su tío abuelo. Había seguido la pista de la etiqueta #CTXTTimoteoMendieta, que ha usado esta revista para la cobertura en Twitter, y había dado con una foto de Ascensión Florián, la nieta del fusilado número 24 de la Fosa 1. Junto a la foto estaba el parte de enterramientos de aquel 26 de julio de 1939.

Su tío abuelo era el número 23: Alfonso Alonso. El joven, llamado Jesús, dejó a su mujer con su hija recién nacida y se plantó en el cementerio de Guadalajara con la foto de Alfonso. Todo lo que sabe Jesús de las peripecias de su tío abuelo lo sabe gracias a su abuelo, porque nadie más en la familia quiso saber nada. Esa es la tónica general de las familias que desfilan delante de mí en el cementerio… Los que remueven todo no son los hijos de los fusilados, sino los nietos.

Gracias al revuelo organizado en la exhumación de la Fosa 1 en enero de 2016, varias familias se enteraron de que sus familiares habían sido arrojados a una fosa después de ser fusilados delante del muro del cementerio civil. Entre ellos, Pilar, una joven que no llega a los 30 años y que hasta ese día siempre pensó que su familia había luchado en el bando franquista. En su casa todo era silencio. Es la constante. Tiempo de silencio.

David, uno de los voluntarios de la ARMH, guarda forestal en Linares (Jaén) que cogió 20 días de sus vacaciones de verano para venir a exhumar, me cuenta que los alemanes les enseñaron a los que ganaron la guerra en España que todo enterramiento debía quedar registrado para saber quiénes eran los que en el futuro iban a poner flores en la fosa común. No por humanidad, sino para recordarles que no repitieran el ejemplo o correrían la misma suerte.

Además, los enterradores cobraban por muerto enterrado, así que más les valía llevar los libros de enterramientos al día. Gracias a esa meticulosidad hoy podemos “intentar” buscar a los miles de Timoteos Mendieta que pueblan los cementerios. Lo de las cunetas es harina de otro costal.

EL DÍA QUE FUSILARON A TIMOTEO MENDIETA (16 DE NOVIEMBRE DE 1939) ASESINARON A OTROS 16 REOS REPUBLICANOS. EN LA FOSA 1 QUEDABA UN HUECO PARA DOS CUERPOS, LA FOSA 2 YA ESTABA LLENA. 

El día que fusilaron a Timoteo Mendieta (16 de noviembre de 1939) asesinaron a otros 16 reos republicanos. En la Fosa 1 quedaba un hueco para dos cuerpos, la Fosa 2 ya estaba llena. Cuatro fusilados fueron enterrados en fosas individuales y con ataúd. La familia había sido informada y pagaron por ese entierro “más digno”. Los familiares de los arrojados a las fosas comunes se enteraron días o semanas después de las muertes de sus seres queridos. Por eso se cree que Timoteo podría ser el individuo número 1 de la Fosa 1, y no el número 16 de la Fosa 2 como aparece en los registros. Los sepultureros cobraban por cuerpo enterrado, no por poner los datos bien.

En esta esquina del cementerio civil desde donde tecleo se daba el tiro de gracia a los fusilados. Hace un par de días, David (el guarda forestal de Linares) pasó el detector de metales debajo de mis pies y encontró una veintena de ojivas de pistola 9mm y rifle Máuser. María, nieta de un fusilado, recuerda jugar de pequeña en un montón de tierra gigante: “Esa arena que estáis sacando de la Fosa 1 estaba aquí en medio cuando yo era pequeña”.

Según numerosos testimonios, el cura que daba el tiro de gracia era Esteban Esteban Esteban (hijo de dos primos). Era manco de la mano derecha, y llevaba siempre un guante negro, cuentan. Casualmente nos comentan los forenses que todos los cráneos exhumados en la Fosa 1 aparecen con un orificio de entrada que indica que el ejecutor era zurdo. Esteban Esteban Esteban está enterrado en la parte católica del cementerio, a sólo 100 metros de sus víctimas. Murió en 1982, tan ricamente. Amnistiado.

EL EQUIPO FORENSE VIENE DE LONDRES. MUCHOS ESTÁN USANDO SUS DÍAS DE SUS VACACIONES PARA ANALIZAR LOS RESTOS Y DETERMINAR QUIÉN ERA QUIÉN.

El equipo forense viene de Londres. Muchos están usando sus días de sus vacaciones para analizar los restos y determinar quién era quién. Uno de ellos tiene 67 años, se llama Adam y entre té y té me pregunta con insistencia si el Estado español no ha hecho nada por ayudar a las familias de las víctimas. Me lo pregunta precisamente él, que ha venido de voluntario siguiendo los pasos de su profesor de arqueología. Me cuenta que, en Inglaterra, la Guerra Civil se considera como la gran causa perdida del siglo XX, que mucha gente en su país sigue sintiendo nostalgia de las Brigadas Internacionales y que por eso vino. Me sigue haciendo muecas cuando le digo que ha sido la perseverancia de una jueza argentina lo que ha permitido exhumar estas dos fosas, y que gracias a Timoteo se han encontrado a otros 50 defensores de la democracia. Adam me dice que el hombre que volverá al aeropuerto de Gatwick mañana no será el mismo que aterrizó en Barajas hace 23 días.

Larry, el forense principal, cuenta en plena morgue y bajando la voz que casi todos los individuos exhumados de la Fosa 1 presentan heridas provocadas por culatazos, tanto en la nariz como en las costillas. Shirley, su ayudante, añade que la extraña trayectoria de las balas podría confirmar que muchos de los fusilados morían de rodillas y que les sujetaban la cabeza para que no se movieran.

Y todo esto es un grano de arena en un desierto de desolación, porque se han abierto dos fosas, pero hay 17 más pegadas a ellas (con 265 cuerpos) y otra fosa gigante con más de 600 cuerpos (en la zona católica, donde reposan aquellos que no renegaron de su fe justo antes de ser ejecutados).

Cuando le pregunto a René, el arqueólogo, por los temas legales, me topo con lo bien atado que lo dejó todo Franco y lo bien que lo remató Zapatero con aquella frase antológica referida a su Ley de Memoria Histórica: “Era una ley equilibrada porque no gustaba a ninguna de las dos partes”.

La clave de todo es: ¿cómo denunciar un delito amnistiado (por la famosa Ley de Amnistía del 77)? De forma que los exhumados de la Fosa 1 que no sean Timoteo Mendieta, según la ley, tendrían que volver a ser arrojados a una fosa común en pleno 2017. Eso no va a ocurrir porque, pese a lo absurdo de la parte contratante de la segunda parte de la Memoria Anti Histórica, al final los huesos se quedarán con sus familias (si vienen a por ellos) o en el laboratorio de la ARMH a la espera de que aparezcan los descendientes.

JULIO RECUERDA: CUANDO ERA NIÑO, MUJERES CATÓLICAS SE ACERCABAN A LA TAPIA DE ESTA PARTE DEL CEMENTERIO PARA INSULTAR A LOS MUERTOS, A LOS FUSILADOS, A LOS QUE HABÍAN PERDIDO LA GUERRA.

Mientras termino de escribir esta crónica aparece Julio, sobrino de uno de los fusilados. Me cuenta que, cuando era niño, mujeres católicas se acercaban a la tapia de esta parte del cementerio para insultar a los muertos, a los fusilados, a los que habían perdido la guerra. Él se escondía entre los rastrojos que cubrían las fosas comunes. Hasta la llegada de la democracia, aquello era un estercolero, y los familiares de los fusilados lanzaban flores por encima de la tapia; eso sí, de noche y mirando a todas partes para no ser vistos.

Ascensión Florián tiene a su abuelo en la Fosa 1. Es el último en aparecer, es decir, el primero que fue arrojado ahí en julio del 39. Ella es la única de la familia que se ha puesto a investigar para limpiar el nombre de su abuelo, un obrero que defendía a otros obreros. El resto de su familia la considera un bicho raro: “Para qué remueves nada, deja las cosas como están”. Ascensión se mete 4 metros bajo tierra para ver de cerca los restos de su abuelo. Me cuenta que como su padre es muy mayor y tiene poca carne no le cabe ninguna duda de que el cráneo que acaba de ver es el de su abuelo, se parece a su padre muchísimo. Off the record: días después, uno de los forenses me comenta que el individuo 24 era bajito y delgado, tal y como describió Ascensión a su abuelo. Ojalá sea él.

También pasa junto a mi mesa Carmen. Su abuelo era concejal socialista de Valdeconcha (Guadalajara), un campesino que no luchó en la guerra (por edad). Dedicó la vida a trabajar en el campo y daba de comer al que no tenía nada. Le avisaron de que no volviera a su pueblo tras la victoria franquista, pero él quería despedirse de su madre y fue. Le dijo: “Hazme un huevo frito con chorizo que me van a matar”. Lo apresaron, se lo llevaron a la cárcel de Guadalajara y de ahí al paredón de fusilamiento delante de la Fosa 1. Igual que a Timoteo Mendieta. Carmen está haciendo el trabajo de investigación que su madre no se atrevió a hacer por miedo. El eterno miedo, el todo atado y bien atado, el larguísimo tiempo de silencio.

Según todos los indicios, Timoteo Mendieta podría ser el individuo número 1 de la Fosa 1. Por estatura podría coincidir. Pero nadie se quiere pillar los dedos y hasta que no lleguen los resultados de las pruebas de ADN que se tomaron a Ascensión, nadie dirá nada. De no estar ni en la Fosa 1 ni en las cuatro individuales podría estar en la fosa donde yacen más de 600 fusilados, bajo una pradera, al final de la zona civil del cementerio. Pero eso sí que sería un tiro en la oscuridad porque allí sólo iban a parar los que se declaraban católicos, y no parece que aquel carnicero de Sacedón profesara religión alguna. A Ascensión Mendieta se la ve tan frágil que el comentario más extendido entre los voluntarios es: “En cuanto tenga los huesos de su padre…”. Y nadie acaba la frase.

En la exhumación del año pasado, la de la Fosa 2, aparecieron dos hermanos, los Escamilla Rebollo, también de Sacedón, a los que nadie reclamó. El jardinero del cementerio, Juan, un hombre con problemas de corazón que cada día viene a regar de manera voluntaria la parte “republicana” del cementerio, nos ha confirmado que si no aparece ningún familiar él los meterá en una sepultura perpetua que ya tiene pagada. Una fosa llama a otra.

Aprovechando este viaje al pasado, yo mismo he traído todos los documentos y fotos de dos hermanos de mi padre desaparecidos durante la Guerra Civil. Eran miembros de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) y la UGT. Se alistaron voluntarios en el Ejército republicano el 18 de julio de 1936. Uno murió en el Frente de Belchite defendiendo la República, el otro sigue desaparecido.

Una fosa llama a otra fosa. Y no, no sabían que enterraban semillas.

PD: Durante la exhumación de la Fosa 1 se acercó un sindicato noruego de electricistas a entregar unas rosas y ver de cerca este microcosmos del genocidio franquista (ellos son los que más dinero aportan a la exhumación de la ARMH). Ningún cargo de la UGT pisó el cementerio, cuando curiosamente la mayoría de los fusilados de esta fosa tenían esa filiación sindical. Al parecer, hay semillas que no terminan de brotar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fotografías: Willy Veleta

Fuente:http://ctxt.es/es/20170524/Politica/12986/Fosas-Guadalajara-Timoteo-Mendieta-CTXT-Willy-Veleta.htm

 

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Una búsqueda familiar entre las fosas

Miguel García intenta hallar los restos de su tatarabuela y sus tres hijos, uno de ellos destacado miembro de la CNT de Candás.

lne.es / Illán García / 29-05-2017

Ángel López Artime fue un destacado miembro de la CNT de Candás. Trabajaba en Conservas Alfageme y defendía a los empleados, la mayoría mujeres. Convocaba huelgas para conseguir aumentos salariales y para equiparar el sueldo de las mujeres al de los hombres. Fue fusilado y condenado sin pruebas por el asesinato a Bernardo Alfageme, el propietario de la conservera, cerca del río Piles en Gijón. Todo fue a primeros de junio de 1938. Su cuerpo descansa en un lugar indeterminado del cementerio de Candás. Por esas mismas fechas, dos de sus hermanas, Plácida y Balbina, y su madre, Áurea, fallecieron tras ser torturadas, fusiladas y arrojadas por el acantilado del Cabo Peñas. Nadie sabe dónde descansan sus cuerpos.

El tataranieto de Áurea, Miguel García, de 36 años, las busca y el pasado fin de semana estuvo a pie de fosa en el cementerio de Bañugues. Allí, el equipo del forense Francisco Etxebarria, Aranzadi, y la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) exhumaron restos de una mujer de “Les candases”, como así conocen a las asesinadas en el cabo gozoniego el 2 de junio de 1938. En principio, buscaban tres cuerpos.

Miguel García quiere hallar los restos de sus familiares “por dignidad”. A falta de las pruebas de ADN, se sospecha que los restos hallados en Bañugues pueden ser de Rosaura Muñiz, otra de las asesinadas esa mañana de finales de primavera. “Si se hace un entierro a Rosaura me vale como homenaje”, afirma, aún sabiendo que continuará con su búsqueda para “honrar la memoria” de sus familiares. Ahora está dispuesto a seguir la investigación en la fosa de Viodo, donde también fueron inhumados cuerpos de represaliados, más concretamente dos encontrados en el entorno de los pedreros de Peñas el 4 julio de 1938, un mes después de la matanza de “Les Candases”.

“Hay que recordar estas historias y cerrar heridas”, señala García. Asturias estaba ya en manos de los “nacionales”, corría el otoño de 1937. Remedios Muñiz, bisabuela de Miguel, se exilió a Francia previo paso por el frente del Ebro con tres hijos menores. Ángel López se quedó en Carrreño, estaba en busca y captura. El 10 de mayo de 1938, el jefe de columna de Levante y el Negociado del Ayuntamiento de Carreño publicaron una lista con los más significados con el Frente Popular. Y comenzó la cacería. Torturaron y mataron a Anselmo Álvarez, cenetista y pescador, también a Pío Solís, comunista, entre otros. También a “Les Candases“. Detuvieron a ocho mujeres, entre ellas, Áurea, Plácida y Balbina. Fue entonces cuando los falangistas intentaron “chantajear” a Ángel. “Le dijeron que o se entregaba o las mataban -en referencia a su madre y hermanas-“, señala García. Decidió entregarse, le tendieron una trampa y lo capturaron en Piedeloro, donde estaba refugiado. “Lo llevaron al actual Ayuntamiento, a la Brigada de investigación y vigilancia y después lo fusilaron en el cementerio”, detalla su bisnieto. Esos hechos ocurrieron el 3 de junio de 1938. Un día antes de que su madre Áurea y sus hermanas Plácida y Balbina fueron también fusiladas y arrojadas por el cabo Peñas. Hay voces que hablan sobre violaciones hacia esas mujeres previas a su muerte.

Mientras todos hechos sucedían, Victoriano López, abuelo de Miguel García, estaba en el frente del Ebro en la denominada “Quinta del Biberón”. Ahora, el joven de 36 años que ha analizado el archivo de Candás para buscar información sobre sus familiares está dispuesto a ir a por todas con tal de encontrar los restos de su tatarabuela y sus tías abuelas. Tras comprobar que en Bañugues, aparentemente, no se halló ninguno de sus cuerpos, probará suerte en el cementerio de Viodo, en las proximidades del cabo Peñas, donde según los estudios realizados por la ARMH se hallan dos cuerpos de dos mujeres de unos treinta años, edad que coincide con las de Plácida y Balbina López, pero esa cuestión requiere tiempo en archivos y trabajo de campo con testimonios orales. “No hubo juicios que justificaran la muerte de Ángel López y nada justifica el crimen de Áurea, Plácida y Balbina, la guerra ya se había terminado”, afirma Miguel García, que quiere que se recuerde a sus familiares y a los luchadores por la libertad con una placa. “Ángel era sindicalista, ni era militar ni miliciano”, concluye.

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Fotografía destacada: Miguel García ante el mural que recuerda Les Conserveres. RICARDO SOLÍS

Fuente:http://www.lne.es/aviles/2017/05/29/busqueda-familiar-fosas/2112145.html

 

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Sindicalismo y memoria, ese viejo nuevo internacionalismo

Un sindicato de electricistas noruegos visita la exhumación de la fosa de Timoteo Mendieta, en Guadalajara.

Desde 2014 han donado 50.000 euros a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

lamarea.com / Isabel Cadenas Cañón / 24-05-2017

Un autobús lleno de electricistas noruegos viaja desde Madrid hacia Guadalajara. Pertenecen a una agrupación regional de El & It, un sindicato del sector eléctrico que agrupa a unos 37.000 afiliados en total. Llevan una semana en España: han estado en Marinaleda, se han reunido con CC.OO. y ahora van hacia el cementerio de Guadalajara. Allí les espera una fosa de la que, a día de hoy, se han exhumado 17 cuerpos. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que uno de ellos sea el de Timoteo Mendieta, aquel hombre fusilado en noviembre de 1939 por ser presidente de la UGT en su pueblo, Sacedón y cuya hija, Ascensión Mendieta, cumplió 88 años en un avión rumbo a Buenos Aires para testificar en la querella argentina contra los crímenes del franquismo.

El día anterior, esta agrupación regional del sindicato, que cuenta con unos 2.000 miembros, donó 7.000 euros a la ARMH. No era la primera vez: desde 2014, diferentes agrupaciones de El & It han donado alrededor de 50.000 euros a la asociación. “Si lo divides entre 37.000, no es mucho dinero”, dice uno de ellos.

¿Qué hace que un sindicato noruego done dinero para exhumar las fosas del franquismo? Varias razones. Una de ellas es Henning Solhang. Henning visitó España por primera vez en 1979: le impresionó la impronta del franquismo en la sociedad y supo “que no podía entender este país”, así que empezó a leer todo lo que caía en sus manos sobre España. En 2013, volvió con varios directivos del sindicato y organizó un encuentro con la ARMH. Después de ese encuentro llegó la primera donación. Otra razón es Willy Davidsen, un célebre sindicalista que, durante la Guerra Civil, luchó en las Brigadas Internacionales. Uno de sus hijos, Jan Davidsen, fue el secretario general de uno de los sindicatos más importantes del país. Para muchos de estos sindicalistas, la relación con la Guerra Civil es genealógica: lo que sus antepasados aprendieron en las Brigadas Internacionales les sirvió después para liberar el país de la ocupación nazi, dicen. Y también: “hay quienes piensan que no se puede hacer nada contra el fascismo, pero la Guerra Civil española prueba que sí”.

Para la mayoría de estos hombres –el sindicato es casi exclusivamente masculino, sólo un 3% son mujeres–, esta es su primera vez en España. Salen poco de Noruega. Llevan medio año organizando este viaje, es decir, leyendo y aprendiendo sobre historia española. En el autobús, algunos lo dicen con cierta vergüenza: que en Noruega no se estudia la Guerra Civil española en las escuelas, y que antes de empezar a prepararse para este viaje, no sabían nada sobre el tema. Otro explica que la única manera de frenar el avance de la extrema derecha en Europa es comprender lo que el fascismo fue capaz de hacer en el mundo, y que por eso vienen: para ayudar a que se sepa la historia. Oevind Wallentinsen, secretario general de la agrupación, estuvo en Ponferrada hace un par de años visitando el laboratorio de la ARMH. Se quedó impactado con “lo que Franco hizo a la república” y es también gracias a él que se ha organizado este viaje –el primero de la agrupación desde 1995–: porque la única manera de que esto no se repita en la Europa de la crisis es el boca a boca, decírselo a otros, correr la voz. Por eso para ellos es tan importante la ayuda económica, pero también la difusión: junto a ellos viaja, en todo momento, un periodista de Nettwerk, la revista del sindicato.

Ninguno de ellos ha visto nunca una fosa común.

Hoy hay poca gente en el cementerio, apenas las voluntarias y voluntarios de la ARMH y algunas periodistas. Marco González, vicepresidente de la asociación, les explica el contexto: en este cementerio hay unos mil represaliados, esta es la parte civil, todo eso que veis son fosas. Les dice que él no pudo encontrar a su abuelo, pero que gracias a sus donaciones, muchas otras personas sí han podido desenterrar a sus familiares. Los sindicalistas hablan de historia, toman fotos, preguntan. Y entonces se asoman a la fosa. René Pacheco, el arqueólogo, les habla desde allí abajo, a unos 3 metros de profundidad. Junto a él, un fémur, varias costillas, se adivinan dos cráneos con impactos de bala. Son los cuerpos 18 y 19.

Cambia todo. Primero está el silencio. Poco a poco los sindicalistas preguntan por el miedo, por ejemplo, preguntan por qué la gente que está trabajando en la fosa es tan joven. Sigurgir Olafsen, un hombre creyente, pregunta si no están teniendo apoyo de la iglesia, porque estas personas no han tenido un entierro digno. Pacheco le explica que, de hecho, los tiros de gracia de muchos de estos hombres los disparó el cura del pueblo, y que ese cura está enterrado muy cerca, en la parte noble del cementerio.

Poco a poco los sindicalistas empiezan a reunirse en pequeños grupos. Hablan entre ellos, con desconcierto. Sigurgir no puede comprender: “en mi país los curas son los buenos. Son hombres de dios.” Leif Egil dice “esto no es una película, es la realidad. Tengo que tratar de entenderlo”. Christopher Fageland, el más joven del grupo, “¿Quieres saber de qué estamos hablando? De que tendríamos que dar mucho más dinero.” Y, en todos, dos comentarios que se repiten: que no entienden cómo el gobierno español puede dar la espalda a todo esto y que es su deber, ahora, contarlo cuando vuelvan a Noruega. “Lo voy a poner en mi Facebook”, “Voy a escribir un artículo”, “Esto tiene que saberse, se lo voy a contar a toda la gente que conozco”. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Cernuda comenzó “1936”, un poema sobre un brigadista internacional, con ese verso. Lo terminó escribiendo que una sola persona valía como testigo de la nobleza humana. Algo así se siente al hablar con estos hombres que no tienen ningún tipo de orgullo por haber donado dinero para realizar tantas exhumaciones —“¿Por qué deberíamos estar orgullosos de eso? Por supuesto que tenemos que ayudar”—, para los que sindicalismo es sinónimo de solidaridad —“tanto en Noruega como fuera. Somos un sindicato, y los sindicatos sirven para eso, para que la gente luche unida”.

Y eso es lo que queda en el aire cuando se van del cementerio. Que han pasado por aquí los internacionalistas; los hombres buenos. Los voluntarios y las voluntarias les aplauden. Los sindicalistas les aplauden a ellos.

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Fotografía destacada: Una agrupación regional del sindicato noruego El & It visita el cementerio de Guadalajara. Óscar Rodríguez, ARMH.

Fuente:http://www.lamarea.com/2017/05/24/sindicalismo-memoria-ese-viejo-nuevo-internacionalismo/

 

Publicado por ARMH
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