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La durísima represión a los mineros de Río Tinto que desafiaron a Queipo de Llano

La fosa común de Nerva inicia un largo proceso de exhumación dónde podría albergarse entre 221 y 500 víctimas de la represión golpista. La mayoría son mineros, hombres que lucharon al inicio del golpe militar para frenar la entrada del fascismo de Queipo de Llano. Les costó demasiado caro. En 1937 ya se registraban en Nerva doscientas cuarenta y seis viudas y quinientos setenta niños huérfanos.

publico.es / María Serrano / 26-05-2019

En la noche del 25 de agosto de 1936, el Comité provisional del ayuntamiento republicano de Nerva firmaba su redención ante las tropas militares. El historiador onubense Miguel Ángel Collado cuenta a Público como “el alcalde José Rodríguez González, huyó del pueblo junto a otras 200 personas. Eran alrededor de las dos de la madrugada del 26 de agosto”.

Con la llegada de los enviados de Queipo de Llano a la Cuenca Minera de Riotinto se inició la huida de muchos de los habitantes de Nerva, hasta dejar un pueblo minero lleno de viudas, huérfanos y mujeres víctimas del terror que se avecinaba en pocas horas. Collado prosigue que la intención del alcalde “era solo que se dejara de derramar sangre” Pero Queipo de Llano no tenía esos planes para la cuenca minera de Río Tinto que dejó más de 1.500 desaparecidos, en aquellos primeros meses de guerra.

Andrés Fernández es el arqueólogo encargado de iniciar la exhumación de la fosa de Nerva, conocida como la fosa de los mineros. Este municipio de la Cuenca Minera mermó drásticamente su población en 1940. “Las evidencias de los cuerpos de la fosa (de los que se encuentran contabilizados 221 víctimas) están bastante en superficie”. A menos de 20 centímetros ya hay restos. Y la cifra que se baraja puede ir incrementándose. Fernández que ya exhumaría en 2009 la fosa más grande (por número de víctimas en Málaga capital) con 2.800 cuerpos, sabe que en Nerva se encuentra la fosa con mayor número de víctimas en un entorno rural, fuera de las capitales de provincia. “Conocemos los nombres y apellidos de estos 221 víctimas pero podría haber más de 500″ en las cuatro fosas que se reparten en el cementerio del municipio.

“Los mineros están equivocados y lo van a pagar”

El recuerdo de aquella entrada de cientos de falangistas, organizados en columnas resultó dantesca para muchos de los vecinos de Nerva. Collado recoge varios testimonios orales en su tesis La Guerra Civil y la represión franquista en la Cuenca Minera de Riotinto publicada en la Universidad de Huelva. “El día 26 de agosto, que era cuando entraron estos señores, veíamos a los tíos bajar por los cerros; se veían bajar abajo con unos cruces… con unos crucifijos así de grandes. Nada más entrar en Nerva y a la media hora había camiones para el cementerio”.

Matías Romero Marín, recuerda los registros en cada una de las viviendas “¿Tú no has visto las películas? Lo mismo que en las películas corriendo en esta casa, ahora a otra, saboteando las casas viendo si alguien pasaba para matarlo… todas esas cosas… “.

Miguel Ángel Collado relata las conversaciones de aquellos huérfanos con los falangistas establecidos en Nerva, creando entre los vecinos un verdadero clima de miedo. “Niño ¿tu padre es de derechas o de izquierdas?” No entendía de eso, pero le espeté inocentemente sin saber, “mi padre es minero-agricultor y trabaja para La Compañía (…) luego le solté “mi tío Benito y mi primo Antonio están en la cárcel”. Los soldados replicarían en voz alta, “los mineros están equivocados y lo van a pagar. ¡Aquí no va a quedar ni uno!”. Iban por cada calle de Nerva gritando “¿Dónde están los comunistas?, ¿Dónde se esconden los republicanos?” amenazando con matarlos a todos y disparando al aire.

Inmediatamente después de quedar constituida el primer ayuntamiento de la Nerva “reconquistada”, se vivió uno de los momentos más macabros que se recuerda de aquellos días. Collado cuenta a Público como “mientras la cárcel se volvía a llenar”, uno de aquellos falangistas dio con un músico local y le instó a “presentarse con todos los intérpretes que consiguiese encontrar bajo amenaza de fusilamiento”. Fueron obligados a festejar, a tocar partituras patrióticas ante el recuerdo imborrable de tantos familiares huidos o asesinados aquellos mismos días.

La tierra ácida dificultará la identificación de los restos

La desaparecida Dirección General de Memoria Democrática del gobierno andaluz no ha pospuesto el acuerdo de intervención en la fosa de Nerva, con fondos de la Diputación de Huelva y el ayuntamiento del municipio minero. El 2 de agosto de 2018 se firmaría el acuerdo con el entonces consejero de Memoria Democrática, Manuel Jiménez Barrios, y el presidente de la Diputación, Ignacio Caraballo.

El arqueólogo Fernández ya está al pie de la fosa y desvela que las actuaciones se podrán alargar hasta “después de verano”. Los trabajos de delimitación se han concretado cuatro fosas dentro del cementerio de Nerva. “Tres se ubican en la zona izquierda del camposanto. La primera está en la zona derecha donde podrían albergarse entre 30 y 50 cuerpos”.

Inicio de la exhumación de la fosa en el municipio de Nerva

La tierra roja de la cuenca, y su fuerte acidez podrían evidenciar restos muy deteriorados para unas futuras pruebas de ADN. “Ya nos ha ocurrido en otros municipios cercanos en Zalamea la Real o el Madroño, donde están descompuestos por la geología de la cuenca minera que hacer aún más difícil la identificación.

Las actuaciones de indagación, localización y delimitación se desarrollarán en una superficie de cien metros cuadrados, donde las fosas se presentan con una media de dos metros de anchura y con longitudes diversas que van desde los cuatro a los veinte metros.

“A mi tío lo mataron por error y este años hemos conocido que está en la fosa de Nerva”

Los familiares se van poco a poco personando y dando señas del paradero de los suyos, como le ha ocurrido desde Barcelona a Flor Calzada. Hasta el pasado año, no logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón Herrada Domínguez, donde se evidencia su enterramiento “en el centenario de Nerva”. Su madre Antonia estuvo toda la vida pensando que su hermano había desaparecido, sin dejar rastro.

Ramón es el único tío que Flor tiene enterrado en la fosa de Nerva, del único que no conserva fotografías. “Era el más mayor de todos y lo quitaron de en medio por error”. Con esa frialdad lo comunicó a su familia uno de aquellos falangistas. Y así lo testimonia Flor no solo a Público, también en el acta notarial que le entregaron tras prestar declaración en la querella argentina en el año 2013. “En los primeros días de las entrada de las tropas nacionales, mi tío Ramón fue sacado de su casa y nunca más se supo de él”. Tenía tan solo 41 años y no pertenecía a ningún partido político. “Lo confundieron con mi tío Enrique” que estaba escondida en la casa de su madre esperando y había sido un militar afiliado a la CNT “Dijeron, este es un Herrada y se llevaron por equivocación al hermano mayor”.

El hermano de Ramón, Enrique Herrada Domínguez también fue fusilado. Según cuenta Flor “fue detenido el 28 de agosto de 1938″. Acusado de “rebelión saqueo y asesinato” fue condenado a muerte y fusilado el 17 de abril de 1939 en el cementerio de la soledad de Huelva capital.

Flor nunca dejó atrás el fuerte legado que su madre le había dejado. Y se presentó a la petición de la querella argentina para tomar declaración sobre su historia familiar. “Lo más duro para mi madre fue ver como cada noche iban a buscar a mi tío Enrique, que estuvo meses escondido bajo la amenaza diaria de aquellos falangistas”. Día y noche. “Mi madre me hablaba siempre de cómo Enrique decidió salir de la casa, donde estaba escondido en el tejado para no poner en peligro a los suyos”.

Flor logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón en 2018 . Ya había encontrado el nombre de su tío en un registro, elaborado por el historiador Francisco Espinosa. “Gracias a las peticiones hechas con la diputación pude tener este documento”. En el reza como Ramón Herrada fue registrado el 29 de noviembre de 1939. Su fallecimiento se produciría pocas semanas después de la entrada de los militares, el 20 de septiembre de 1936. “Se testimonia que la profesión de Ramón es jornalero pero mi tío era trabajador de la mina, como tantos otros” La certificación habla de que, tras su muerte, había dejado dos hijos, Modesta de 15 años y Ramón de 10, además de su viuda.

Acta de defunción de Ramón Herrada, tío de Flor Calzada

La realidad de aquellas mujeres sin recursos y huérfanos fue tan evidente que incluso las autoridades locales de la Nerva franquista pidieron ayuda para su supervivencia el 14 de febrero de 1937. El acta del ayuntamiento contabiliza “como consecuencia de los últimos sucesos” (haciendo referencia a los fusilamientos), a doscientas cuarenta y seis viudas pobres, con quinientos setenta niños huérfanos de padre. Se documentaban un total bastante superior a “dos mil personas”, sin recursos para su subsistencia.

Flor recuerda a sus primas, las hijas de Ramón, aquellas huérfanas que tuvieron que salir adelante apenas con lo puesto y como su madre hizo todo lo posible para no perder el contacto con aquellas sobrinas. “Ojala mi tío Ramón esté en esa fosa. Se lo debemos a mi madre, a todas las víctimas y a la memoria”, concluye Flor a Público. “Solo espera que ni los partidos de ultraderecha en Andalucía ni la paralización de los últimos gobiernos de izquierda entorpezcan más las actuaciones en fosas comunes de la represión franquista. “Ya basta de frenar la recuperación de los nuestros. Esto es por dignidad”, finaliza.

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Fotografía destacada: Columna Redondo en Rio Tinto Huelva Fuente: Archivo Antonio Rioja Bolaños. Tesis La Guerra Civil y la represión franquista en la Cuenca Minera de Riotinto’, publicada en la Universidad de Huelva.

Fuente:https://www.publico.es/politica/durisima-represion-mineros-rio-tinto-desafiaron-queipo-llano.html

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El millar de brigadistas árabes que lucharon contra Franco en el 36

La directora egipcia Amal Ramsis se ha lanzado a contar una historia inédita que muy pocos conocen. El documental, ‘Venís de Lejos’, habla del millar de árabes que pisaron suelo republicano para alistarse en el cuerpo de las brigadas internacionales entre 1936 y 1937. Como telón de fondo, cuenta la historia del único brigadista palestino que pasó por España, el también periodista Najati Sidqi.

publico.es / María Serrano / 19-05-2019

“La idea de la película surgió, tras leer en la revista Nación Árabe, un artículo escrito por Salvador Bufaroll sobre los árabes que lucharon en la Guerra Civil contra Franco y las tropas fascistas”. Era el año 2003. Hasta ese momento, no se conocía casi nada sobre esa participación árabe, la del otro lado, la que había luchado en el bando republicano.

En aquellos días convulsos de investigación, la historia de los brigadistas árabesen España tuvo nuevas señas para Amal Ramsis, a través de uno de los fotogramas de la película ‘Sierra de Teruel’ de André Malraux. Nadie había conocido antes el hecho de aquellos brigadistas, ni de las vivencias de estos soldados que habían venido desde muy lejos, como reza el título del documental. Aquellos soldados llegarían para luchar contra el fascismo desde Argelia, Siria, Líbano, Iraq, Egipto y Marruecos.

Amal Ramsis cuenta a Público que “llegaron a España un millar de voluntarios, algunos vinieron con las Brigadas Internacionales, otros pertenecían al movimiento anarquista y otro tercer grupo al POUM”. La forma de llegada también era diferente. Por ejemplo, “alrededor de 500 voluntarios argelinos anarquistas, llegaron en barcos desde el puerto de Oran, otros llegaron de forma individual, y en su mayoría entraban por Francia con pasaportes falsificados”, como es el caso del brigadista palestino Najati Sidqui; que empezó a utilizar como seudónimo el nombre de Moustafa ben Jala.

“Soy voluntario árabe, he venido a defender la libertad”

Para aquellos brigadistas árabes, la lucha por la revolución en España y la derrota del fascismo, significaba “no solamente la liberación de sus países del colonialismo, también el acercamiento de alcanzar una sociedad más justa, a nivel de clase social”. Amal afirma a Público como todas las noticias existentes sobre los soldados árabes en España giraban en torno a la participación de la Guardia Mora marroquí con las tropas de Franco. Estos soldados, sacados del mundo colonial “fueron llevados a la primera línea de fuego para morir”. Después de hallar aquel primer fotograma, encontraría las memorias del brigadista palestino Najati Sidqi, que llegó a España como periodista durante la Guerra Civil en agosto de 1936, en solidaridad con el ejercito de la República y para luchar en el frente. “Al leer su libro, sentí que ya por fin había encontrado la historia que estaba buscando. Sin embargo, a lo largo de esos últimos años, descubrí que la historia de la familia de Najati Sidqi y, sobre todo, la historia de su hija Dulia iba mucho más lejos de lo que esperaba contar”. Amal detalla cómo encontró “la historia palestina que nos relata que el sionismo es ·la continuación del proyecto fascista en Europa en los años treinta”, destaca a Público la directora egipcia.

Najati Sidqi llegó a Barcelona para contar la revolución en el verano de 1936.

Najati Sidqi llegó a Barcelona para contar la revolución en el verano de 1936. No fue el final del viaje sino el inicio de uno mucho más largo que lo llevaría al final de sus días de nuevo a su tierra, Palestina. De sus días en aquella Barcelona revolucionaria, escribiría en sus apuntes, guardados en una libreta. “Soy un voluntario árabe y he venido para defender a Damasco en Guadalajara, a Jerusalén en Córdoba, a Bagdad en Toledo, al Cairo en Cádiz y a Tetuán en Burgos”.

Su llegada hasta la ciudad condal la retrata, con gran detalle. “La magnífica Barcelona” dijo. “Una ciudad civilizada”. De aquellos días cuenta: “Me propuse deambular por sus calles cuando me encontré con un grupo de milicianos. Un comandante republicano vino a mi encuentro pensando que yo era español. Me dijo ¿por qué no te unes a las filas de las milicias. Sonreí y le contesté en francés. “Soy un voluntario árabe. Vine para defender la libertad en el frente de Madrid”.

Cinco meses combatiendo el fascismo en España

Sidqi llegaría a Madrid el día en el que las tropas franquistas, junto a los oprimidos marroquíes avanzaban del extremo este de España hacia el norte, a través del Guadalquivir y del sureste, a través de Badajoz. “Llegué a Madrid mientras la guerra estallaba en todos los frentes. Dos días después de mi llegada, me trasladaron a la calle Serrano. Fue la oficina donde escribí manifiestos a los soldados marroquíes y artículos para revistas españolas editadas en Madrid.También redacté algunos artículos para revistas árabes”.

Bajo el seudónimo de Moustafa ben Jala, escribió para el periódico ‘Mundo Obrero’ , instando a los marroquíes a abandonar el ejército fascista. Sin embargo, la mayor parte de su actividad se centró en realizar transmisiones de radio, escribir panfletos en árabe que se distribuyeron entre los soldados del norte de África con el objetivo de promover su deserción. Sus mensajes no llegaban de cualquier forma, se acercaban hasta las trincheras para que los soldados escucharan los mensajes por medio de un megáfono. La misión de Sidqi tuvo fuertes desavenencias con sus compañeros comunistas. Sidqi abandóno España a finales del 36. El resto de su vida continúo trabajando como periodista, traductor y crítico literario, falleciendo en Atenas en 1979.

La cercanía que tienen todas las ciudades bombardeadas

La directora Amal Ramsis hace un alto en medio de la historia del documental para hablar de la similitud, del recorrido por los últimos conflictos armados ocurridos en los últimos ochenta años. En la cinta narra la cercanía que tiene todas las ciudades que son bombardeadas. “Ya sea en blanco y negro, es el mismo sonido y color. Podría ser la misma que esta foto de Bagdad en 2003. Madrid quedó abandonada a su suerte en 1936. Pero Madrid se convirtió en un mito por la resistencia de los republicanos” que ha quedado como una auténtica leyenda.

El documental no solo habla de la historia personal de Najati Sidiq. “Me acerco a la historia de una familia palestina. En esa historia podemos ver la relación dialéctica entre la historia y la vida de la gente, cómo afectan cada una a la otra y cómo entra nuestra voluntad humana, nuestras creencias como factor en esa historia”.

Dulia vivió la dureza de la guerra y la melancolía de vivir hasta los 26 años exiliada

Amal fue a Atenas, donde el brigadista palestino Sidqui fallecía en 1979, para conocer a su hija, Hind Sidqui. “Mantuve una relación estrecha con toda la familia, a través los correos y las llamadas telefónicas y algunas visitas”. Amal quería construir la imagen de aquella guerra y el drama de aquella familia “a partir de elementos fragmentados entre países, idiomas, emociones y secretos”. Nadie tenía la imagen completa, nadie tenía la historia completa. El trabajo de esta directora se centraría en “en reconstruir toda la historia desde el principio, no solamente como historia individual familiar, sino en su relación con los hechos políticos e históricos.

La otra hija de Najati, Dulia vivió la dureza de la guerra y la melancolía de vivir hasta los 26 años exiliada. El documental gira en torno a su figura y de como Najati tardaría décadas en poder volver a verla . “Viví y aprendí a ser feliz en el internado ruso”. Dulia solo pasa un corto período de su infancia con su madre. Vivieron en el hotel Luxe de Moscú, entre 1936 y 1939. “Más tarde, su madre volvió a Palestina y hasta los 26 años, no volví a verla”.

Dulia Sidiq repasando imágenes en uno de los momento del documental

De sus días en España Nayati, recordaba el edificio de Teléfónica y el hotel Colón. Aquella herencia y todos sus recuerdos también lo trasmitió a sus hijos, a través de sus memorias. En ellas hablaba como “en la esquina de la plaza de Cataluña, se registraban los milicianos socialistas y comunistas. Aquí se registraban los brigadistas internacionales. Se escuchaban todos los idiomas”.

Amal ha sido galardonada por el documental Venís de Lejos con el premio premio Tanit de Plata del Festival de cine de Cartago, Túnez, 2018. La sensibilidad de los hechos que cuenta deja una fuerte huella en el espectador. También un claro mensaje sobre la gran falta de memoria histórica, no solo en Europa, también en nuestro mundo árabe. “No estoy hablando del desconocimiento de los hechos, sino de la falta de tener una mirada analítica hacia la historia, una mirada que intenta construir a partir de nuestra memoria común como pueblos, da igual si son pueblos del sur o del norte”.

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Fotografía destacada: Najati Sidiq en una imagen de archivo

Fuente:https://www.publico.es/politica/millar-brigadistas-arabes-lucharon-franco-36.html

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La ARMH pide al Gobierno que busque “otro lugar” para enterrar a Franco que no sea una propiedad del Estado

La asociación memorialista considera que trasladar los restos del dictador a un “panteón de propiedad pública supone el mantenimiento de un tratamiento denigrante hacia las víctimas de la dictadura”.

publico.es / Alejandro Torrús / 14-05-2019

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha presentado una petición al Gobierno de Pedro Sánchez para solicitarle que “busque otro lugar de enterramiento que sea sostenido con los fondos de la familia del dictador” y “que no pertenezca al Estado”. “Pedimos que sus gastos no sean sufragados con impuestos que aportan al erario las víctimas de la dictadura“, ha señalado el presidente de la ARMH a Público.

La petición de la asociación memorialista viene motivada por la publicación el sábado en el BOE del cambio de titularidad de las tumbas donde está enterrada Carmen Polo, viuda del dictador, y donde será enterrado el 10 de junio el dictador Francisco Franco.

Hasta ahora, era Patrimonio Nacional el titular de los derechos funerarios en el panteón del cementerio de Mingorrubio. Desde este sábado, no obstante, el propietario es el Estado a través del Ministerio de Hacienda y de la Dirección General del Patrimonio del Estado. La principal diferencia es que los bienes del Estado no tienen la protección jurídica de la que gozan los bienes y derechos de Patrimonio Nacional.

La ARMH considera que la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos no debe ser llevada a cabo simplemente por el hecho de que el dictador no falleciera durante la Guerra Civil y sí porque supone una “degradación democrática” el hecho de que la tumba de un dictador “que cometió y encabezó gravísimas y multitudinarias violaciones de Derechos Humanos sea sufragado con fondos del Estado“.

“No se puede llevar a cabo esa forma de maltrato hacia sus víctimas porque sería impensable que las víctimas del terrorismo financiaran con sus impuestos un mausoleo o una tumba para el victimario. Por lo tanto, el traslado a un panteón de propiedad pública supone un tratamiento denigrante hacia las víctimas de la dictadura”, señala la petición que ha sido enviada por la asociación presidida por Emilio Silva a la Presidencia del Gobierno.

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Fotografía destacada: Vista de la capilla donde se encuentra la cripta donde está enterrada Carmen Polo.- J. GÓMEZ

Fuente:https://www.publico.es/politica/franco-armh-pide-gobierno-busque-lugar-enterrar-franco-no-sea-propiedad.html

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En bicicleta hasta Mauthausen

Un ciclista de Barcelona recorrerá 2.000 kilómetros hasta el campo nazi para rendir un último homenaje a su abuelo, de la localidad de Jorcas, que murió allí en 1941.

heraldo.es / Luis Rajadel / 01-05-2019

Un bombero de Tarrasa (Barcelona), Alex Cirera, se subirá este miércoles en una bicicleta para recorrer 2.000 kilómetros durante 17 días hasta llegar al campo de concentración de Gusen (Austria) para rendir homenaje a su abuelo, Félix Izquierdo, natural de Jorcas y que murió en el cautiverio en 1941. Izquierdo había llegado hasta allí deportado desde Francia por su condición de republicano español.

Alex Cirera, que no supo de la existencia de su abuelo biológico hasta los 10 años, se empeñó en conocer todos los detalles de la desaparición de su antepasado hace un año, tras visitar el campo de Mauthausen –del que dependía Gusen– durante unas vacaciones. El bombero recuerda que su abuela guardó un “mutismo absoluto” respecto de la existencia de su esposo deportado, aunque, como Alex pudo comprobar, guardó celosamente durante toda su vida cartas y varias fotografías de Félix Izquierdo.

El bombero barcelonés pedaleará durante dos semanas hasta llegar al lugar en el que murió Félix Izquierdo para colocar una placa en su recuerdoLa intensa experiencia física y emocional será recogida en un documental realizado por Eloy Calvo, que hará entrevistas y tomará imágenes que contextualizarán la historia. El proyecto audiovisual, bautizado como ‘Carretera a Gusen’, cuenta con el apoyo de la Amical de Mauthausen.

El ciclista explica que conocer en el verano de 2018 el campo nazi en el que murió su abuelo le dejó “muy impactado emocionalmente”. Pudo comprobar el “sufrimiento” que padecieron decenas de miles de presos –7.000 de ellos españoles–, muchos de los cuales no sobrevivieron. “Salí de allí con la determinación de volver algún día para colocar una placa en su memoria y para recordar su padecimiento”, cuenta el nieto.

Fèlix Izquierdo, de Jorcas | A.C.

Félix Izquierdo emigró a Barcelona desde su Jorcas natal con 19 años en busca de un futuro mejor. En la capital catalana se afilió a la CNT. En plena Guerra Civil, el turolense contrajo matrimonio con Rosa Duaigües, de Tarrasa, quien en 1939 alumbraría a la que sería la madre de Alex. La niña fue inscrita como hija de padre desconocido. Félix Izquierdo mantuvo, desde el exilio, una relación epistolar con su esposa que ahora ha sido recuperada por el nieto.

Rosa se casó nuevamente y solo al morir el segundo esposo, comunicó a Alex la impactante notica de que quien hasta entonces había tenido por abuelo no lo era en realidad. El padre de su madre, Félix Izquierdo, había muerto en el campo de Gusen.

Alex averiguó que unos años después de terminada la II Guerra Mundial un deportado que regresó de Mauthausen y que conoció a su abuelo informó a la viuda de los derechos que le asistían y que le permitieron recibir una indemnización del Gobierno alemán.

Para superar la exigente prueba física que afronta desde este miércoles, el bombero se ha sometido a un intenso entrenamiento durante seis meses. Aunque practica el ciclismo habitualmente, ha incrementado las distancias de sus salidas diarias para ganar resistencia.

Ochenta años después, va a cruzar media Europa para seguir el mismo periplo que su abuelo. El recorrido arrancará en Tarrasa y pasará por el campo de concentración de Saint Cyprien, la línea Maginot y Estrasburgo para terminar en Mauthausen.

El documental incluirá también localizaciones en Jorcas y en Teruel. El objetivo de ‘Carretera a Gusen’ es “arrojar algo de luz sobre una parte de la historia familiar silenciada durante años”. Cirera recuerda que hasta hace pocos meses ni siquiera disponía de una foto de su abuelo. Al remover un arcón de la casa familiar, aparecieron dos instantáneas que le devolvieron la imagen de su antepasado olvidado.

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Fotografía destacada: Alex Cirera, durante su entrenamiento para recorrer 2.000 kilómetros a través de Europa. | Eloy Calvo

Fuente:https://www.heraldo.es/noticias/aragon/teruel/2019/05/01/en-bicicleta-hasta-mauthausen-1312327.html

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In Memoriam, “Darío Rivas, el hombre que se vengó del franquismo”

Darío Rivas Cando, de 99 años de edad, ha fallecido la pasada noche en Buenos Aires. Nunca dejó de luchar por buscar los restos de su padre, Severiano Rivas, alcalde republicano de Castro de Rei, secuestrado y asesinado el 29 de octubre de 1936 por “traición a la patria”.

La querella argentina que Darío abrió en Buenos Aires sigue abierta y desde que él abrió aquella puerta se han sumado a ella numerosas víctimas y organizaciones que han seguido sus pasos.

ARMH / 16-04-2019

Se despidió de su padre a los 9 años, desde el barco que lo llevó a Buenos Aires. Lo hizo de nuevo a los 17, cuando avisaron por carta de que había sido asesinado por falangistas en Portomarín, en Lugo, por su actuación como alcalde de Castro de Rei en favor de los despojados. Y aún se despidió otra vez en 2005 cuando fue capaz de exhumar su cuerpo de la fosa común en la que lo habían escondido. La historia de este gallego residente en la Argentina dio inicio al histórico proceso judicial que está investigando los crímenes del franquismo entre 1936 y 1977.

luzes.gal / Débora Campos / 23-10-2018

La taza tiene un tamaño singular. No va con las de su talla, las del café, que son pequeñas. Pero tampoco casa con las grandes, las del té. «Entonces se hacían los juegos bajo petición y mi padre había comprado las doce piezas tradicionales con su platito y además esta enorme para beber él en ella a su gusto, y también una muy pequeñita para mí, que era el menor de los hijos», recuerda Darío Rivas, 97 años, en la serenidad de una tarde en el extrarradio de la ciudad de Buenos Aires a la que llegó de Lugo en 1930. Aunque aquí el tiempo se paró hace muchas horas, las referencias dicen que sólo en esta semana, este gallego que ahora guarda la taza en una vitrina con dedos rápidos, ha participado en cuatro actos y pasado dos veces por los tribunales porteños acompañando a nuevos declarantes en la querella que presentó en 2010 para investigar los crímenes del franquismo.

La taza que conserva de su padre, con una fotografía suya de niño

El proceso judicial iniciado el 14 de abril de 2010 en la capital argentina —coincidiendo con el 79 aniversario del inicio de la II República en España— tenía la firma de colectivos de defensa de los derechos humanos, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de España y de las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo. Con todo, el caso insignia, el que permitió que la justicia abriera unas puertas siempre difíciles, siempre bien cerradas, fue justamente el caso que presentó Darío Rivas. «Pasé décadas reuniendo todos los documentos. Todo lo denunciado está probado por escrito y con sellos y firmas», dice y pega con el dedo índice sobre la mesa para acompañar las últimas sílabas.

La querella no se andaba con rodeos: denunciaba al Estado español como responsable de los delitos cometidos entre el día 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977, fecha de las primeras elecciones después de la muerte del dictador Francisco Franco. Se entiende que se trata del genocidio de parte de la población y de crímenes de lesa humanidad y que, como tales y a pesar de la Ley de Amnistía de 1977, no prescriben bajo el criterio de la justicia universal.

En una concentración contra la impunidad del franquismo.

Con el patrocinio del abogado Carlos Slepoy, el requerimiento de Rivas junto con Inés García Holgado, también familiar de un represaliado, y Silvia Carretero, torturada en Extremadura y Madrid, pedía a la jueza federal argentina María Romilda Servini de Cubría que buscase la información necesaria para hacer una lista de los ministros de aquel período, de los responsables militares y policiales y de los dirigentes de la Falange, así como también de las víctimas: los represaliados, desaparecidos, torturados, asesinados, sin olvidar el detalle de las fosas comunes sembradas por toda la Península y referencias sobre los niños y las niñas apropiadas ilegalmente con la ayuda, en no pocos casos, de la propia Iglesia católica. Por último, también querían el nombre «de las empresas beneficiadas con el trabajo forzado y esclavo de los presos republicanos».

La justicia argentina pidió precisiones a los jueces españoles. Las respuestas, cuando llegaban, siempre ponían por delante la Ley de Amnistía de 1977, una añagaza, ya que este tipo de normas no pueden pasar por encima del derecho internacional. Así las cosas, el 18 de septiembre de 2013, Servini de Cubría pidió la extradición de cuatro represores españoles —dos de ellos ya fallecidos—. El 30 de octubre de 2014 la jueza dictó una  orden internacional de detención preventiva y extradición contra el ex ministro franquista Rodolfo Martín Villa, acusándolo, entre otros delitos, del asesinato de los cinco obreros tiroteados en Vitoria en marzo de 1976. Desde entonces, Martín Villa, con la ayuda de la justicia española, ha tenido que entablar un largo litigio para evitar ser extraditado. Uno de los últimos intentos fue la solicitud de prestar declaración en Argentina con la condición de quedar en libertad, petición que denegó María Servini.

El tiempo ya no corre en esta casa bonaerense en la que Darío Rivas retira ahora de la vitrina una pequeña bandeja conmemorativa del homenaje que le hizo a su padre en el año 1994, casi una década antes de poder sepultarlo. Y cuenta. Porque en el origen de la querella que ya hizo historia hay un padre y un hijo. Y también un gabán y una placa.

Aún se repiten las historias en Castro de Rey sobre como recuperaba tierras sin dueño —o con un dueño que no las atendía— y se las asignaba a los despojados para que pudieran trabajar en ellas las semillas que él incluso les conseguía

«Recuerdo bien mi casa, era enorme, como un pazo. Por la izquierda tenía la cuadra para los animales y también un horno de piedra. Y por la derecha, un jardín. Más allá, estaba el sitio en el que se cortaban los robles para hacer las traviesas del tren», vuelve Rivas, ahora mismo un niño pequeño en un mundo de adultos. Fue el más pequeño de nueve hermanos y, aunque no lo dice de todo, puede que fuese también el más mimado por el padre que, en pocos años, quedó viudo y con el chaval de cinco años por criar, además de los otros ocho hijos.

Mucho ha hablado Darío Rivas sobre su padre, Severino Rivas Barja, alcalde de Castro de Rei, fusilado en una cuneta pocos meses después del Alzamiento, el 29 de octubre de 1936. Tanto ha contado sobre este gallego que 68 años después de su asesinato se transformó en el primero exhumado e identificado en Galicia, que ahora se ve en el problema de tener que ajustar las historias publicadas sobre su recuerdo.

«Dicen que mi padre era socialista. Pero no. Yo no le recuerdo participación alguna en mítines ni en cosas de la política», quiere corregir el hijo que escapa de los intereses partidarios como de la peste. La confusión tendrá inicio, a lo mejor, en el hecho de que el señor Severino era un hombre bueno y generoso. Aún se repiten las historias en Castro de Rey sobre como recuperaba tierras sin dueño —o con un dueño que no las atendía— y se las asignaba a los despojados para que pudieran trabajar en ellas las semillas que él incluso les conseguía.

No se lo contaron. Darío lo vivió: «En mi casa, la matanza se hacía para los nuestros y para el resto. Mi padre nos mandaba a los más pequeños llevar paquetes de carne a las personas más pobres de la aldea. ‘¡Y cuidadito con aceptarles ni una peseta!’, nos advertía». El señor Severino no es que fuera rico, pero había tenido la inteligencia necesaria para sacar beneficio de las oportunidades. Trabajaba sus tierras, arrendaba otras que también explotaba y administraba las de los señores de la zona. Cuando tuvo oportunidad, también se hizo con unos robles que luego cortaba para hacer traviesas para el tren, que vendía.

«Aún me sorprende que fuera capaz de conseguir tanto, siendo como era hijo de soltera», reconoce su hijo, que también se pregunta ahora si su padre sabía siquiera leer y escribir. «Algo sabría, claro. Pero yo recuerdo perfectamente que, en casa, mandaba leer el periódico a alguien. Yo pienso que sabía lo mínimo», apunta. Con o sin formación, el señor Severino Rivas era, claro está, un lúcido intérprete de la realidad europea y española de los años 20 y 30. Ventaba un futuro difícil para su prole. Un futuro que, desde luego, era hijo del pasado reciente: ya había mandado un hijo a la guerra y no estaba dispuesto a mandar otros. Poco había para ellos en la aldea: décadas de reverencias delante de la tierra para ser tanto o más pobres aún. No, sus hijos tendrían mejor destino en la emigración.

«En la primera semana de clase, un chaval me llamó gallego despreciativamente y llevó unos cuantos golpes. Yo no sabía si se podía pegar en la escuela, pero otro niño me alentó y pienso que el burlón no se volvió a meter conmigo»

«A los 9 años, mi padre decidió que yo marchara. Me mandó a Buenos Aires donde ya vivía una de mis hermanas y donde, con los años, vendrían otros cinco más. Aún recuerdo la lancha que nos llevó en la Coruña hasta el barco que aguardaba en el mismo centro del mar. La gente, que trepaba por una escalerita de nada, se mareaba mucho con el movimiento de aquella mole, pero como yo era un niño, no me enteraba de nada». Darío sonríe desde su mirada de niño espabilado delante de aquellos adultos tristes y asustados. Casi ni pisó el camarote. El padre le había metido algo de dinero en el bolsillo y el resto se lo entregó la un paisano que trabajaba en el transatlántico para que le echara un ojo al niño durante el viaje. No sabe si el hombre hizo tal, porque pasó las noches durmiendo bajo las estrellas y los días comiendo chocolate y cuanto dulce comprara aquel dinero.

Pero los días de libertad duraron poco y, cuando pudo enterarse, ya estaba en Villa Ballester, en la periferia noroeste de Buenos Aires, alistándose para una experiencia nueva: ir a la escuela todos los días. «En la primera semana de clase, un chaval me llamó gallego despreciativamente y llevó unos cuantos golpes. Yo no sabía si se podía pegar en la escuela, pero otro niño me alentó y pienso que el burlón no se volvió a meter conmigo», dice, y las fotos que tira de una carpeta aún lo retratan alto y fuerte en el final de la infancia.

Al mes ya no hablaba gallego y, como tantos y tantos, fue un alumno esmerado que recuerda y presume de una lección de Historia de México que le valió, dice, un diez para el resto del año por parte de la señorita de 6º grado. «Siempre me gustó mucho aprender y descubrir», apunta. Y la vida le da la razón. Darío Rivas hizo los dos primeros años de la escuela de golpe y luego avanzó como el resto hasta rematar los estudios básicos. Como tantos niños de aquella, también ayudaba en la tienda de su tío sastre:

«Ordenaba las cosas o barría el sitio moviendo la escoba de un lado y luego del otro para que se gastara sin desniveles», recuerda. Mientras el niño crecía en Villa Ballester y aterrizaba en el mundo del trabajo sin escalas, el padre también crecía en prestigio y respeto entre los vecinos de Castro de Rey. «Después de la escuela fui a trabajar de encargado en la panadería que uno de mis hermanos tenía en Chascomús [a 123 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires]», adelanta. Aún era un niño pero trabajaba como los adultos. Tanto es así que un hombre que lo conocía le ofreció un negocio: podían ir de socios en un emprendimiento de apicultura. El hombre ponía los cuartos y Darío, el trabajo.

¿Y usted qué sabía de las abejas?
—¡Nada, yo qué iba a saber! Pero compré unos libros, los leí y descubrí todo. El resto me lo enseñó el hombre aquel y allá estábamos, con docenas de colmenas a producir.

De las colmenas pasó, de vuelta en Buenos Aires, a una confitería que compró con su hermana a medias sobre la avenida Córdoba con Uruguay, en el centro de la ciudad; y como el día tenía muchas horas, también hacía ventas para una empresa inglesa; y administraba una pequeña compañía de construcciones que había fundado con unos primos: «Ellos tenían estudios pero el encargado era el gallego», dice. Cuando el día acababa, Darío se iba a beber el café con los republicanos que se daban alientos los unos a los otros en los bares de la avenida de Mayo. «Leíamos el periódico Crítica porque decía que la República iba ganando la guerra. Pero no era verdad», reconoce.

«Los dejaron en las cunetas muchas horas, al cuidado de un chaval de 17 años, para escarmentar a la gente, y luego mandaron a mis hermanos a enterrarlo en una fosa común»

Pocos años antes, el prestigio ganado por su padre entre los vecinos de la aldea lo había llevado a convertirse en alcalde de Castro de Rey. «Una de sus primeras medidas fue a traer un maestro y montar en nuestra casa una escuela para todos los niños», repite el hijo. Tal audacia, entre otras, no pasó inadvertida y sólo semanas después del alzamento de julio de 1936, fueron buscarlo.

Severino Rivas fue capturado en el Hotel España de Lugo y aunque tuvieron que liberarlo, la segunda vez no dudaron: fue asesinado el 29 de octubre de 1936 de cinco tiros al lado de la capilla de Cortapezas, en Portomarín, junto con otro republicano. «Los dejaron en las cunetas muchas horas, al cuidado de un chaval de 17 años, para escarmentar a la gente, y luego mandaron a mis hermanos a enterrarlo en una fosa común», desvela el hijo. Los falangistas acusaron el ex alcalde por «traición a la patria», porque el mal, además, siempre sabe ser muy bruto. El miedo sembrado dio enseguida frutos amargos. Darío Rivas supo de la muerte del padre por carta. Tenía 17 años. También supo que había muchas más palabras calladas que dichas en esa historia. «Y decidí que yo, a España, no volvía nunca jamás en la vida», dice.

Pero volvió. Casi que sin quererlo. En el año 1952, su esposa, Clotilde, le pidió visitar una tía que había dejado también en Galicia. Y fueron. «Al llegar sentí curiosidad y fui allá, a la aldea», recuerda. Cuenta que hizo preguntas que nadie le respondía o sobre las que le daban razones dudosas, confusas. Pero Darío no es hombre que se contente con evasivas. En lo que todos coincidían en aquel año 1952 era en el reconocimiento a don Severino.

«Los vecinos querían hacerle homenajes e incluso que una calle de la villa llevara su nombre. Pero para que eso fuera posible había que documentarse», y Darío se documentó. Mucho más de lo que imaginaban los funcionarios franquistas que le pedían pruebas de la valía de su padre. Con la ayuda de unos y de otros, a lo largo de varias décadas, el hijo fue consiguiendo todos los papeles necesarios para probar el asesinato de su padre, incluso tiene el archivo de su detención en la cárcel de Lugo y la orden de fusilamiento «por comunista» firmada por los mandos militares de la región. Sólo quedaba descubrir dónde estaba el cuerpo, porque él no tragaba la trola de que lo habían sepultado en un cementerio que había quedado bajo las aguas del embalse que sepultó al viejo Portomarín en 1963, a pesar de haber sido declarado Conjunto Histórico Artístico en 1946, y de que allí habían pernoctado los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II.

Siempre por la buenas, Darío Rivas pidió al cura de Cortapezas poner una placa en memoria de su padre. No, no se puede. Entonces pidió poner una cruz de madera, por fuera de la iglesia. No, tampoco se puede porque es tierra santa. Tuvo que ser por las malas.

«Mucho pregunté, pero mis hermanos se habían llevado el secreto a la tumba y nadie me daba razón», dice y anuncia el momento que aún lo emociona del relato. Lo contó docenas de veces y lo vuelve a contar ahora, en esta tarde bonaerense en la que va un calor impúdico: «En el año 2004 fui a participar de un homenaje a mi padre. Fue un acto muy especial y quise cerrarlo visitando Portomarín», dice. No había sepultura, pero allí era dónde habían asesinado a su padre, de suerte que allá fue Darío, a acercarse a su memoria, sentir que estaban juntos. «Entramos en una tienda de recuerdos y, mientras mi sobrina compraba, la propietaria me preguntó si era yo turista. Pensé que me querría cobrar los chismes esos más caros, y entonces le expliqué que era de Castro de Rei», recuerda y bromea. Por decir cualquier cosa, la mujer comentó de unos hombres que había visto asesinados en el 36 que eran de aquella aldea. Habló del gabán que vestía uno de ellos y de que el rumor decía que era alguien de importancia.

Casi sin aire, Darío recordó el gabán que le habían mandado de regalo a su padre desde Buenos Aires y pidió más detalles. «Quien bien sabe de esta historia es el carnicero», añadió la señora. Darío Rivas salió corriendo de la tienda. «Los mataron contra la capilla de Cortapezas. Pero quien bien sabe de esta historia es el anciano que vive al lado de la iglesia», añadió el carnicero. Correr y correr. El viejito confirmó no solo la muerte, sino que habían sido sepultados allí mismo por las familias y que él era el chaval que lo veló durante varias horas, cuando tenía 17 años.

Darío, con el hombre -entonces un joven de 17 años- que vio como enterraban a su padre

«¿Y aún están aquí?», preguntó Darío, que no podía creer que debajo de aquella tierra, de aquellas hierbas silvestres, finalmente, 68 años después, estuviera su padre. «Estar, solo está su padre, porque al otro la familia lo desenterró por la noche y lo llevó al cementerio de la aldea», confirmó el señor. Por las buenas. Siempre por la buenas, Darío Rivas pidió al cura de Cortapezas poner una placa en memoria de su padre. No, no se puede. Entonces pidió poner una cruz de madera, por fuera de la iglesia. No, tampoco se puede porque es tierra santa. Tuvo que ser por las malas.

Con la documentación en la mano y con el acompañamiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, el 19 de agosto de 2005, un grupo de amigos acompañó el hijo en la exhumación. Fue lenta e inquietante. Pero allí estaba. Severino Rivas Barja fue sepultado con todos los honores en el panteón de la familia, en Loentia. La lápida dice: «Fue alcalde de Castro de Rei, nacido el 13 de septiembre de 1875. Lo asesinaron en Portomarín los falangistas el día 29 de octubre de 1936. Volvió a casa para descansar en paz el día 19 de agosto de 2005».

La lápida de Severino Rivas en el cementerio de Castro de Rei.

Y, sobre ella, una placa añade una petición: «Papá, descansa en paz. Te lo pide tu niño mimado, Darío». La taza baila en los dedos ágiles del señor Rivas, que rechaza la política aunque reconoce que sus acciones también lo son: «Porque estamos luchando contra el franquismo», dispara. El médico le recomendó evitar las emociones, y por eso ya no habla en público. Escribe discursos, con una caligrafía de rasgos aun escolares, y luego pide que alguien los lea. Con todo, el 30 de junio de 2011, la multitud con la que marchó en la Ronda de la Dignidad en la Puerta del Sol, en Madrid, reclamó escucharlo. Y él habló. «Os pido que no recordemos a los nuestros cómo víctimas sino como héroes. El Gobierno de España no busca sus desaparecidos y muchos niños secuestrados no conocen su verdadera identidad. Eso es una vergüenza. Es dejar vivo el antecedente de un genocidio impune que van a pagar las generaciones futuras».

La luz del ventilador se refleja en la taza en esta noche en Ituzaingó. «Yo no heredé nada de mi padre. Mis hermanos que allá habían quedado repartieron las cosas entre ellos y bueno… pero cuando volví, fui a echar cuentas y dije: «No quiero nada, solo esta», acaba el hijo, que ya dejó un legado propio a la humanidad.

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Fotografía destacada: Dario Rivas – Fotografías: Romina Franceschin [Buenos Aires]

Fuente:https://luzes.gal/ct/2018/10/23/5782/en-aberto-ct/debora-campos/dario-rivas-el-hombre-que-se-vengo-del-franquismo/

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‘La Luna’, la feminista republicana ejecutada por Franco como castigo para todas las mujeres

Carmen Luna fue una de las muchas mujeres que representaron el feminismo naciente de la II República con el que el franquismo quiso acabar.

“Mi madre quería la libertad para la mujer”, cuenta Dalia R. Luna, que tiene 100 años y vive en el pueblo de Francia al que logró exiliarse en la dictadura.

El franquismo impuso una doble represión sobre las mujeres frente a las bases emancipadoras que había empezado a instaurar el periodo republicano.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 13-04-2019

“Mi madre era una rebelde, pero no para matarla”. Así arranca Dalia Romero Luna a hablar de Carmen Luna. Una mujer que además de ser su madre fue una de las muchas que representaban el naciente feminismo republicano con el que el golpe de Estado perpetrado por las tropas franquistas en 1936 quiso acabar. Una de las que buscaron torcer el curso patriarcal de la historia y acabaron encontrándose con la represión y el castigo y el sumisa y devota de Franco.

“Mi madre quería la libertad para la mujer”, cuenta Dalia, una “viejita” que ya ha cumplido un siglo de vida y atiende la llamada de eldiario.es desde su casa en Mallemort, un pueblo cercano a Marsella. Allí acabó exiliada. “A mí no me mataron porque me escapé a zona republicana”, dice. Dalia tenía 18 años en 1936, el año en que empezó la guerra y en el que los rebeldes ejecutaron a su madre como castigo ejemplarizante.

La República quiso transformar el país y cambiar el discurso social. También para las mujeres, que rompieron los rancios esquemas que precedían al nuevo modelo y quisieron empezar a escribir ellas mismas su propia historia. Sin embargo, el golpe de Estado contra la democracia frenó el cambio de paradigma y devolvió a las mujeres al hogar y a la tradición.

El franquismo acabó imponiendo una doble venganza sobre la mujer. Era el escarmiento adoctrinador para aquellas que transgredieron los límites de lo que la dictadura había pensado para ellas. Una represión de género que dominó a través de ejecuciones, cárcel, torturas, violaciones, rapados y aceite de ricino o por medio del destierro interior que condenó a las mujeres señaladas como rojas.

Dalia Romero Luna. | JUAN MIGUEL BAQUERO

La cultura como herramienta

La Luna –así era conocida entonces Carmen– quería “que el pueblo tuviera la cultura y la educación como una herramienta, que supiera defenderse y no agachara la cabeza para todo”. Era “rebelde”, asume Dalia, con causa: “para denunciar las injusticias y defender los derechos”. Quería que hubiera “escuelas, instrucción y trabajo” en vez de “tanta miseria terrible”.

Por eso los franquistas mataron a la Luna, para atemorizar y dejar claro el camino del silencio y la obediencia. Porque la subordinación de la mujer no entraba en su diccionario. El relato de terror ocurrió en Utrera (Sevilla), donde Dalia tiene todavía viva a una de sus hermanas, Rosario Peña Luna (84 años), hija del segundo matrimonio de Carmen Luna.

“Lo recuerdo todo”, confiesa Dalia con un asimétrico acento francés y andaluz. “Mi madre vendía en la plaza del pueblo y tenía mucho contacto con la gente, les ayudaba y aconsejaba para que no se callaran, para que protestaran y reclamaran lo que era suyo”, sostiene. “Los fascistas la vigilaban (sobre todo en los meses previos a la sublevación armada) y por estas razones la cogieron y la asesinaron”, culmina.

“Lo recuerdo todo”, repite. Fue hace 82 años. “Ella no hizo nada malo a nadie”, asegura. Dalia tiene ahora “100 años y cinco meses”, precisa. “La tengo presente, siempre, y todos los días me acuerdo de ella y de lo que le hicieron”, dice recordando a su madre.

Huesos en las fosas comunes de Utrera (Sevilla). | JUAN MIGUEL BAQUERO

El patriarcado nacionalcatólico

La memoria histórica de la mujer española del siglo XX osciló entre la ruptura con el patriarcado y el concepto nacionalcatólico del franquismo; entre la libertad y las ataduras. De los cambios sociales, culturales y políticos que la República puso encima de la mesa a la consigna machista que resume la dictadura de Franco: “el niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar”.

“Hacíamos teatro para que la gente aprendiera, para que leyeran y se preocuparan por sus cosas”, narra Dalia. Animada por su madre, pertenecía a una compañía llamada Pan de piedra y estaba afiliada al sindicato anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT). “Los compañeros iban al campo de noche para dar lecciones y yo misma sabía leer y escribir porque había aprendido sola en mi casa”, cerca del influjo feminista de su madre.

“En aquella época había una propaganda terrible y el pueblo estaba muy animado”, dice, “pero no para matar, eso lo hicieron ellos (los fascistas), sino para salir adelante”. Los golpistas acabaron acusando a Dalia. “Eso de que fui a matar es mentira, las juventudes de Utrera no matamos a nadie”, asegura. En el pueblo, sin embargo, los golpistas acabaron ejecutando a 424 personas.

“Y a tantísimas mujeres y compañeras que asesinaron, hasta niñas de 15 años”, continúa, “no solamente confederadas, republicanas o socialistas, de todas clases, y metieron a muchas en prisión”. Todas las que osaron enfrentar los ideales tradicionales.

De ahí el castigo ejemplar. “La mataron en la puerta del cementerio por la mañana y la dejaron allí hasta por la noche”. Era la pedagogía del terror usada por los franquistas como estrategia atemorizante. Un plan ejercido con especial saña sobre el cuerpo de la mujer.

“A mi madre la metieron presa, un mes, y la sacaban y le decían ‘vamos a darle el paseo’, a saber todo lo que le harían allí dentro”, cuenta Dalia. “La quitaron de en medio bien pronto”, lamenta. “Estaba todo el mundo aterrado”. No como antes, apunta, cuando la República trajo “todas las libertades”. Cuando los hijos de la Luna jugaban en su pueblo: “Un día nos cambiamos los nombres y cuando volvió del campo se lo dijimos y se echó a reír”. Y se quedaron con los nuevos. Ella sigue llamándose Dalia. “Y a la más pequeñita le pusimos Libertad”.

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Fotografía destacada: Rosario Peña Luna (84 años), hija de Carmen Luna, ante el retrato de sus padres. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Luna-ejemplo-feminismo-republicano-franquismo_0_760474283.html

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Franco creó 300 campos de concentración en España, un 50% más de lo calculado hasta ahora

Una investigación del periodista Carlos Hernández, plasmada en su libro Los campos de concentración de Franco, documenta la existencia de 296 centros.

Funcionaron desde el sublevamiento militar hasta finales de los años 60 y encerraron entre 700.000 y un millón de españoles, pasando una media de 5 años.

Se sometía a los prisioneros a torturas físicas y psicológicas además de a trabajos forzosos.

eldiario.es / Belén Remacha / 11-03-2019

Franco creó en España un centenar más de campos de concentración de los que se creía hasta ahora. Una investigación del periodista Carlos Hernández plasmada en su libro Los campos de concentración de Franco documenta 296 en total, a partir sobre todo de la apertura de nuevos archivos municipales y militares. Por los campos pasaron entre 700.000 y un millón de españoles que sufrieron “el hambre, las torturas, las enfermedades y la muerte”, la mayoría de ellos además fueron trabajadores forzosos en batallones de esclavos. Estuvieron abiertos desde horas después de la sublevación militar hasta bien entrada la dictadura.

El estudio anterior más completo, de Javier Rodrigo, había documentado hasta 188 campos de concentración en todo el país. También en torno a 10.000 víctimas mortales entre los asesinados y los fallecidos a consecuencia de las condiciones vividas ahí, pero Hernández cree que “esa cifra se queda corta con estos nuevos datos. Es imposible documentar todos los asesinatos y muertes porque no dejaban registro, pero en solo 15 campos que han podido ser investigados ya calculamos entre 6.000 y 7.000. No es una proporción exacta porque entre esos 15 estaban algunos de los más letales, pero nos hacemos una idea de que hay muchas más víctimas”.

Campos de concentración franquistas (1936-1959)

Centros de detención y trabajos forzados durante la dictadura en España, por provincias. Amplía el mapa y sitúate sobre un punto para ver el detalle

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Mapa elaborado por Ana Ordaz

La comunidad autónoma que más campos albergó fue Andalucía, pero hubo por todo el territorio: el primero fue el de la ciudad de Zeluán, en el antiguo Protectorado de Marruecos, abierto el 19 de julio de 1936, y el último fue cerrado en Fuerteventura a finales de los años 60. El 30% eran “lo que imaginamos estéticamente como campos de concentración, es decir, terrenos al aire libre con barracones rodeados de alambradas. El 70% se habilitaron en plazas de toros, conventos, fábricas o campos deportivos, hoy muchos reutilizados”, explica Hernández. Ninguno de los presos había sido juzgado ni acusado formalmente ni siquiera por tribunales franquistas, y pasaron ahí una media de 5 años. Sobre todo eran combatientes republicanos, aunque también había “alcaldes o militantes de izquierdas” capturados tras el golpe de estado en localidades que cayeron en manos del ejército franquista.

Prisioneros de las Brigadas Internacionales en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos). BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Trabajos forzosos, hambre y torturas

En los campos de concentración de Franco se hacía una labor de “selección”. Se investigaba a cada uno de los prisioneros, principalmente mediante informes de alcaldes, curas, y de los jefes de la Guardia Civil y la Falange de las localidades natales. A partir de ahí, clasificaban a los prisioneros en tres grupos, en términos franquistas: los “forajidos”, considerados “irrecuperables”, iban directamente a juicio, en el que se les decretaba cárcel o paredón. Los “hermanos forzados”, es decir, los que creían en las ideas fascistas pero obligados a combatir en el bando republicano; y los “desafectos” o “bellacos engañados”, los que estaban del lado republicano pero los represores valoraban que no tenían una ideología firme y que eran “recuperables”.

Los “desafectos” poblaron de manera estable los campos de concentración y fueron condenados a trabajos forzosos. Durante la guerra estuvieron obligados a cavar trincheras, y al término del conflicto, principalmente a labores de reconstrucción de pueblos o vías. Sufrieron torturas físicas, psicológicas y lavados de cerebro: tenían que comulgar, ir a misa, o cantar diariamente el Cara al Sol, como ha documentado Hernández. También hay testimonios explícitos de hambrunas extremas, “la peor pesadilla de los prisioneros”, enfermedades como el tifus o tuberculosis y plagas de piojos. Muchos de ellos fueron asesinados en el propio campo o por tropas falangistas que iban a buscarles, y otros muchos no sobrevivieron a la falta de alimento, higiene y atención sanitaria.

En noviembre de 1939, meses después del fin de la guerra, se cerraron muchos campos, “pero lo que sucede realmente es una transformación”, relata el periodista. “La represión franquista era tan bestia y tenía tantas patas que evolucionó en función de las circunstancias. Franco, aunque aliado con Italia y Alemania, quería dar una buena imagen ante Europa, quería emitir una propaganda de respeto de los derechos humanos. Por eso oficialmente los campos terminan, pero algunos perduran durante mucho tiempo”. El último oficial, también el más longevo, fue el de Miranda de Ebro (Burgos), que duró de 1937 a 1947.

Después hubo lo que Hernández denomina “campos de concentración tardíos”, creados durante los años 40 y 50 y con denominaciones ya distintas. Fueron el de Nanclares de Oca (Álava), La Algaba (Sevilla), Gran Canaria y Fuerteventura, estos dos últimos para prisioneros marroquíes de la guerra del Ifni y cerrados en el 59. Durante el resto de la dictadura siguieron quedando vestigios: por ejemplo, en 1966 se clausuró la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía (Fuerteventura), en la que se encarcelaba y “reeducaba” a homosexuales.

Prisioneros haciendo el saludo fascista en el campo de concentración de Irún en Guipúzcoa BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

“Ha habido miedo a hablar”

Según Hernández, hay que “rehuir” la comparación que parece inevitable con los campos nazis. En primer lugar porque “al lado de Auschwitz, de millones de víctimas en la cámara de gas, cualquier crimen brutal parece menos crimen”. Y en segundo porque el sistema franquista era muy diferente: así como en la Alemania nazi todo estaba más o menos estructurado y los dividían entre los de exterminio directo y los de exterminio por trabajo, los españoles eran mucho más heterogéneos y todo más “caótico”. Los campos de Franco variaban mucho en tamaño, y la suerte y destino de los prisioneros dependía en muchos casos de las decisiones del propio oficial, que los había más y menos sanguinarios.

Sobre el papel, estos centros estaban destinados solo a hombres: “En la mentalidad machista y falsamente paternalista de los dirigentes franquistas, las mujeres no encajaban en los campos de concentración”. Aunque sí hay constancia de grupos de cautivas en algunos como en el de Cabra (Córdoba), ellas fueron sometidas a idénticas torturas sobre todo en las cárceles. Las prisiones, al igual que las unidades del Patronato de Redención de Penas que construyeron el Valle de los Caídos, no están incluidas en esta investigación. Hernández la ha limitado a lo que la propia documentación del régimen categoriza como ‘campos de concentración’ –además de los cuatro tardíos– porque “la represión fue de tal magnitud y tuvo tantas estructuras que para poder explicarla tienes que parcelarla”.

La segunda parte del libro de Hernández, que se publica el próximo 14 de marzo, consta de testimonios de víctimas. Quedaban pocos supervivientes que pudieran contarlo pero el autor conversó directamente con media docena de los que fueran presos en uno o varios de los casi 300 campos de concentración. Todos ellos han fallecido en los últimos tres años, el último el pasado jueves, Luis Ortiz, quien pasó por el de Irún, por el de Miranda de Ebro y por el de Deusto.

Durante muchas décadas “ha habido vergüenza y miedo” a hablar. Además de esas conversaciones con los antiguos presos, mucho de lo recuperado por Hernández parte de publicaciones elaboradas durante la Transición y de documentos familiares: “Hubo mucha gente que dejó escritos a sus hijos y nietos de lo que ocurrió”. Él anima a eso, “a preguntar a la abuela, al abuelo, por lo que pasó: en todas las familias españolas hay alguien cercano con historias sobre esto. No quiero que esto sea un punto y final a la investigación sobre los campos de concentración, sino un estímulo para reabrir el tema”.

Prisioneros del campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos) trabajando en la construcción de una carretera cercana. BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

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Fotografía destacada: Los prisioneros abarrotan el campo de concentración habilitado en la plaza de toros de Santander BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Franco-campos-concentracion-Espana-calculado_0_876663097.html

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Muere Luis Ortiz, uno de los últimos esclavos del franquismo, a los 102 años

El luchador republicano relató su sufrimiento como prisionero en varios campos de concentración.

elpais.com / Carlos Hernández de Miguel / 08-03-2019

Este jueves ha fallecido en Bilbao Luis Ortiz Alfau. Tenía 102 años y una vida marcada por la represión franquista. Durante su juventud combatió en la guerra de España en las filas del Ejército republicano donde alcanzó el grado de teniente. En la contienda vivió momentos muy duros, pero el que recordaba con más dolor fue el del bombardeo de Gernika: “Cuando llegamos a la ciudad tuvimos que recoger muchos muertos y heridos. Todavía sueño con lo que vi allí, el recuerdo es horroroso. Ver a los niños gritando, a padres ensangrentados quitando escombros para buscar a sus hijos”, recordaba siempre con enorme tristeza. Ortiz es el protagonista de un reportaje que publica El País SemanalTerror en los campos de Franco.

Tras la dura derrota huyó a Francia de la que regresó muy pronto, creyendo en las promesas del régimen franquista de que no habría represalia alguna contra quienes no tuvieran las manos manchadas de sangre. A partir de ese momento empezó un periplo como prisionero que le llevó a pasar por varios campos de concentración, entre ellos los habilitados en Irún, Miranda de Ebro (Burgos) y en la universidad bilbaína de Deusto. Luis Ortiz fue posteriormente enviado a los terribles batallones de trabajadores en los que fue testigo de numerosas atrocidades.

Tras recuperar una libertad siempre vigilada en 1943, consiguió rehacer su vida, no sin grandes dificultades, trabajando para la empresa Uralita. Tras décadas de un forzado silencio, en los albores del siglo XXI comenzó a relatar su sufrimiento. Su activismo encaminado a recuperar la memoria de sus compañeros prisioneros la compaginó con otras actividades igual de altruistas. Hasta el último día de su vida, Luis Ortiz fue voluntario en el Banco de Alimentos de Bizkaia, recibiendo numerosas distinciones por ser el miembro más veterano de toda España.

Hasta las pasadas Navidades, el viejo luchador bilbaíno gozó de un envidiable estado de salud. “Pronto cumpliré los 103 y aquí sigo, dando guerra”, solía decir a quien se encontraba con él por las calles del casco viejo de la ciudad. En apenas dos meses su reloj biológico comenzó a ralentizarse hasta que ayer, 7 de marzo, se detuvo para siempre.

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Fotografía destacadaLuis Ortiz. C. HERNÁNDEZ

Fuente:https://elpais.com/politica/2019/03/08/actualidad/1552053148_732723.html

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Emilio Silva: “Las mujeres consiguieron grandes conquistas en la Segunda República”

A un día del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Emilio Silva recordó en La Cafetera de radiocable.com los avances que experimentaron las españolas durante la Segunda República. Cuando “las mujeres consiguieron grandes conquistas” como el sufragio universal, el divorcio y que las mujeres accedieran a la función pública.

radiocable.com / 07-03-2019

Así respondía el director de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) a los “ataques” de algunos líderes políticos asegurando que “la izquierda siempre se ha opuesto a los avances en materia de igualdad”.

Emilio Silva señaló cómo “en los años 30 la inestabilidad en España se tradujo en una pugna entre dos modelos de mujer: uno tradicional al abrigo de la Iglesia católica y el de la República que trató de despegar a la mujer de esas tradiciones”. Recordó la regulación del sufragio universal y cómo, dijo Silva: “Victoria Kent ensombreció su historia por el debate en el parlamento entre ella y Clara Campoamor, que pretendía aplicar inmediatamente ese artículo”. Pero, señaló: “No se habla de la existencia de un debate entre dos mujeres en un parlamento, que fue algo histórico”.
Escucha”#LaCafeteraHaciaEl8M -. Actualidad y memoria histórica con @Emilio_Silva_” en Spreaker.
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Fuente:http://www.radiocable.com/emilio-silva-mujeres-republica-455.html

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Memoria Histórica | |
2015121016221227270
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Cinco incógnitas sobre los deberes fiscales de la hija de Franco

Víctimas del franquismo preguntan al Gobierno si Carmen Franco Polo está exenta de pagar impuestos.

Nuevatribuna.es / 10-12-2015

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha presentado un escrito en la Presidencia del Gobierno en el que pregunta sí Carmen Franco Polo, hija del dictador Francisco Franco, disfruta de algún beneficio fiscal, como le fue concedido el 26 de noviembre de 1975 por Juan Carlos de Borbón.

El texto de la carta es el siguiente:

El 26 de noviembre de 1975, Juan Carlos de Borbón concedió a la hija del dictador Francisco Franco “el título de Duquesa de Franco, con Grandeza de España”.

DECRETO 302811875, de 26 de noviembre, por el que se concede el título de Duquesa de Franco, con Grandeza de España, a doña Carmen Franco Polo, Marquesa de Villaverde. Deseando dar una muestra de mi Real aprecio a doña Carmen Franco Polo, Marquesa de Villaverde, y en atención a las excepcionales circunstancias y merecimientos que en ella concurren, Vengo en concederle la Merced- Nobiliaria de Duquesa de Franco, con Grandeza de España, para sí, sus hijos y descendientes, exento de derechos fiscales en su creación y en la primera transmisión. Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en Madrid a veintiséis de noviembre de mil novecientos setenta y cinco.

Al no encontrar en el Boletín Oficial del Estado la derogación del citado decreto queremos preguntarle al Gobierno algunas cuestiones relacionadas con él, para saber si la exención de derechos fiscales sigue en vigor:

1-. ¿Se mantiene la exención fiscal a Carmen Franco Polo, hija del dictador Francisco Franco, que le concedió Juan Carlos de Borbón el 26 de noviembre de 1975?

2-.¿Realiza Carmen Polo de Franco la declaración de la renta como cualquier ciudadano y paga sus impuestos anualmente?

3-.En caso de que lleve a cabo sus deberes tributarios como cualquier ciudadano: ¿desde la fecha del decreto (26 de noviembre de 1975) hasta cuándo incumplió con sus deberes fiscales amparándose en las condiciones del citado título con Grandeza de España?

4-.¿Existe algún otro título nobiliario, especialmente si fue concedido por el dictador Francisco Franco, que lleve asociado cualquier exención fiscal o beneficio con respecto al Estado?

5-.En caso de que Carmen Franco Polo no haga la declaración de la renta como le corresponde a cualquier ciudadano que esté obligado a ello por sus ingresos: ¿qué medidas piensan tomar para poner fin a ese privilegio que vulnera el principio Constitucional de igualdad?

Duquesa de Franco (1)

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Fuente:http://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/incognitas-deberes-fiscales-hija-franco/20151210161800123276.html

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