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Paca y Concha, dos hermanas que buscan a su padre asesinado por el franquismo: “Tenía otros ideales pero por eso no se puede matar”

Paca y Concha recuerdan cómo los franquistas se llevaron a su padre. Hace sólo cinco meses que se enteraron que podía estar en la misma fosa en la que encontraron a Timoteo Mendieta.
“Lo veíamos desde casa en el calabozo, los veíamos a todos, veíamos a la maestra también, a Doña Esperanza que también se la llevaron”

http://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/noticias/paca-y-concha-dos-hermanas-que-buscan-a-su-padre-asesinado-por-el-franquismo-tenia-otros-ideales-pero-por-eso-no-se-puede-matar_201707105963bf0c0cf20d3cbe7b9662.html

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La ARMH inicia la búsqueda de tres fosas con 16 paseados en ‘la Curva de la Muerte’

Carlos Fidalgo/Diario de León/09-07-2017

En la curva del regato de La Retuerta, quizá la más peligrosa de todo el trazado de la antigua carretera N-VI que repta por el Puerto de Manzanal desde el Bierzo, hay una pared de roca con los restos de un anuncio. Ulloa Óptico Madrid, todavía se puede leer en letras borrosas. Pero la roca, y las señales son visibles, está salpicada por una sucesión de impactos de bala. Allí mataron, según las investigaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) a siete bercianos que el 4 de agosto de 1936, después de su arresto en los primeros días de la sublevación militar, eran conducidos a León. Eran siete hombres jóvenes con nombres y apellidos —el más famoso de todos el futbolista de la Deportiva Ponferradina Pepín Gallego— que fueron obligados a bajar del vehículo que los trasladaba para morir en la cuneta. Ochenta y un años después de su asesinato, la ARMH ha iniciado la búsqueda de sus cuerpos en una campaña de exhumación que también se va a extender a otras dos fosas también pendientes de localización y situadas, según los testimonios recogidos por la asociación, en un radio de poco más de dos kilómetros de La Retuerta y donde los voluntarios esperan hallar los restos de otras seis personas en el paraje de Campo de las Monas y de otras tres en el de Los Campos, no lejos de Brañuelas.

La búsqueda iniciada días atrás durante tres jornadas, se reanudará en cuanto la Mancomunidad de Municipios de La Cepeda pueda ceder de nuevo una máquina paleadora con la que continuar las catas.

En La Retuerta, localizada en el kilómetro 352 de la vieja Madrid-Coruña, mataron junto a José Gallego Redondo, de 23 años de edad, jugador de la Deportiva y tornero de la MSP, a Jerónimo Álvarez Pacios, de 28 años, secretario judicial del Ayuntamiento de Borrenes, al ferroviario de Ponferrada Ramón Fernández Pérez, de 25 años, al chófer de Lago de Carucedo Eliseo Cobo Gómez, de 32 años, al electricista de la MSP José Monje Hernández, de 25 años, a Florencio González Cañueto, que portaba una cartilla militar a su nombre, y a Ramiro Llaguno Gutiérrez.

Desde el coche de línea que unía Ponferrada con León los vieron tirados en el apartadero de la carretera, en el mismo lugar donde la ARMH ha encontrado ahora, con la ayuda de un detector de metales, un viejo casquillo de fusil Carcano. «Al menos uno intentó escapar, fue fusilado y después lo tiraron por el terraplén al regato, según nos han contado», explicaba ayer el vicepresidente de la ARMH, Marco González. Los vecinos de la zona tuvieron después que enterrarles.

No lejos de allí, en el paraje de Los Campos, la ARMH también quiere localizar la fosa donde yacen otros tres jornaleros del municipio de Igüeña; Magín Abad Mayorga, de 28 años y vecino de Espina de Tremor, y los vecinos de Almagarinos Antonio Álvarez Fraga, de 36 años, y Francisco Carbajo Campazas, que era natural de Rodrigatos de la Obispalía y fue asesinado igualmente aunque ya había cumplido los 80 años. La fosa estuvo señalada durante años por un alambre de espino colocado por un familiar de Carbajo, pero la apertura de una pista y la plantación de una finca de pinos desdibujó su rastro y la ARMH todavía no ha dado con ella. Los tres, según los testimonios y recogidos por la asociación y las actas de defunción que figuran en el Registro Civil de Villagatón, murieron asesinados el 22 de septiembre de 1936. Las actas de los dos últimos recogen que su muerte ocurrió «a las diez y siete minutos». El epígrafe ‘a consecuencia de’ permanece vacío y el que señala el lugar de sepultura de los cuerpos tiene tachada la palabra cementerio y su lugar figura el «sitio» de «los campos, termino Brañuelas».

En la tercera fosa que la ARMH quiere localizar este mes de julio, ubicada en el vecino paraje de Los Campos de las Monas, la asociación sitúa los cuerpos de otras seis personas, pero sólo conoce la identidad de una, el minero de Tremor de Arriba (Igüeña) Constantino García Aguado, asesinado el 1 de noviembre de 1937. La ARMH ha encontrado actas de defunción en el Ayuntamiento de Villagatón de otros cinco hombres sin identificar.

Son actas similares a la de quién se cree que pudo ser Florencio González Cañueto, porque el «hombre sin identificar de unos 35 años» con «dentadura regular», «pelo negro» que vestía «camiseta usada, obscura (sic) y rayada», «pantalón de dril claro» y «chaqueta negra» llevaba una cartilla militar con ese nombre, según el mismo Registro Civil. El fallecido, refleja el documento, «fue hallado cadáver en el sitio llamado La Retuerta, término de La Silva (…) en el kilómetro 352 de la carretera general de Madrid a Coruña». Un kilómetro maldito. Un giro cerrado con mucha pendiente y mala visibilidad. Un lugar que en los pueblos del Mazanal conocieron durante mucho tiempo como ‘la Curva de la Muerte’ y no sólo por la cantidad de accidentes de tráfico que allí ocurrieron.

Constantino García, el huido que quiso conocer a su hija de diez meses

Constantino García Aguado

Constantino García Aguado, minero de Tremor de Arriba, sabía que lo iban a matar y por eso se echó al monte después de la rebelión militar. Y huido estuvo durante más de un año, con alguna visita a su casa, hasta que en el otoño de 1937 se arriesgó de nuevo para ver a su hija de diez meses, a la que no conocía. Detenido, Constantino García fue asesinado el 1 de noviembre de 1937 y la ARMH cree que su cuerpo se encuentra enterrado junto a otros cinco hombres sin identificar en la fosa de Campo de las Monas.

Aquella niña, hoy una anciana de 81 años llamada Arselina, se ha puesto en contacto con la ARMH desde su domicilio en Alicante porque quiere darle un entierro digno al padre que nunca llegó a conocer. Y ha aportado una fotografía (a la derecha) donde se ve a Constantino García y su esposa Aurelia García de Abajo, que quedó viuda con cuatro niños.

En la misma zona del Puerto de Manzanal la ARMH sospecha que puede haber otros 14 paseados, en su mayoría vecinos de los municipios de Torre del Bierzo, Folgoso de la Ribera, Igüeña y Noceda del Bierzo, asesinados a lo largo de 1936 sobre todo.

¿En la antigua cárcel de Ponferrada?

Grupo

Entre la documentación reunida figura una vieja fotografía que la ARMH cree que pudo tomarse en la antigua cárcel de Ponferrada, con un grupo de hombres donde se reconoce, de pie a la izquierda, al ferroviario de 25 años Ramón Fernández Pérez. La foto, con todos posando, puede ser anterior al golpe de Estado. Ramón fue detenido porque su hermano Manuel, asesinado en Toreno en 1937, estaba huido. Otro hermano menor, José, fue llamado a filas por los franquistas a los 18 años y murió en la batalla del Ebro, cuenta la familia.

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/armh-inicia-busqueda-tres-fosas-16-paseados-la-curva-muerte_1173309.html

Fotografía destacada: Impactos de bala y un viejo anuncio, en la pared del km. 352. ARMH

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La crítica de Ascensión Mendieta a los políticos: “Han pasado tres gobiernos y ninguno se ha acordado de las víctimas del franquismo”

Ascensión Mendieta y su hija, Chon Vargas, hablan con Gonzo en El Intermedio tras encontrar por fin los restos del padre de Mendieta, represaliado por el franquismo en 1937: “Seguiré con mi lucha hasta que todos los cuerpos sean exhumados porque todos tienen el mismo derecho, han matado injustamente a pobres y obreros que pasaban mucha hambre”.

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Fallece Carmen Arrojo, republicana compañera de Las 13 Rosas

Secretaria de estudiantes de la Juventud Socialista Unificada y profesora de la escuela de cuadros del partido, impartió charlas al cuerpo de artilleros durante la Guerra Civil, y logró que el Ministerio de Guerra remunerara a las mujeres que cosían uniformes. Carmen Arrojo falleció el pasado 6 de abril, con 98 años.

Patricia Campelo /Público.es/ 17-04-2017

Detrás de unas gafas enormes de cristales oscuros que ya no le disimulaban su pérdida de visión, se intuía la mirada pícara de una mujer pequeña de tamaño y enorme de espíritu. Carmen Arrojo Maroto (Madrid 1918-2017) fue una destacada militante de la Juventud Socialista Unificada (JSU), organización desde la que desarrolló acciones en la retaguardia republicana de la capital, algunas de ellas, encaminadas a mejorar las condiciones de trabajo de las mujeres.

Entre sus logros: que el Ministerio de Guerra pagara diez pesetas al día a aquellas que cosían uniformes y cocinaban para soldados que iban o venía del frente. Eran los primeros días tras el golpe de estado del grupo militar comandado por Francisco Franco contra el gobierno de la República. La Guerra Civil se confirmaba, y Carmen se implicó en la resistencia y en la organización del caos reinante en aquellos momentos.

Organizó una residencia para hijos de combatientes y, tras realizar un curso de enfermería, colaboró con los servicios sanitarios en el hospital de la 46ª división del Ejército Popular, donde fue responsable de los equipos de diaterma, que elevaban la temperatura corporal de los heridos mediante corrientes eléctricas. Instruida en la escuela republicana, e hija de una pareja cultivada, la contienda había frustrado su carrera en Medicina, estudios que habría comenzado sólo un año después.

La JSU la nombró secretaria de estudiantes en el comité de Madrid, e impartió clases en la escuela de cuadros del partido, labor que compaginaba con sus charlas al cuerpo de artilleros.

En una de estas jornadas informativas conoció a su pareja, Eugenio Moreno, maestro y abogado del servicio jurídico de la República, fusilado el 27 de julio 1940 y arrojado a una de las fosas comunes del cementerio de Paterna (Valencia), un hecho que ella no conoció hasta el año 2005.

Los diminutos ojos de Carmen aún se empañaban al hablar de él más de siete décadas después. Y en su casa de la calle Bailén, en el madrileño barrio de Las Vistillas, donde nació y vivió hasta el final, las paredes del salón rebosaban de fotos de Eugenio, a distintos tamaños y tonos pero con algo en común: siempre se trataba de la misma fotografía, la única que conservaba del hombre con quien iba a casarse el 14 de abril de 1939. Dos semanas antes le perdió la pista.

La ciudad de Alicante se había convertido en una enorme cárcel para los más de 15.000 republicanos que esperaban al barco inglés Winnipeg para salir hacia el exilio, y que nunca llegó. El recuerdo del último día juntos, en el llamado campo de los almendros, le atormentó durante décadas “de impotencia y de dolor”, contó a Público en 2011 con un hilo de voz entrecortada.

Las tropas franquistas montaron distintos campos de concentración separando a hombres y a mujeres. “Éramos una multitud agotada, vencida y sin esperanza. Lo único que anhelábamos era poder abandonar nuestro país, en cuya defensa habíamos luchado y sufrido durante tres años”, dejó plasmado en su libro de memorias, ‘Lo que no se debe perder’ (Tébar, 2008).

Separada también de su padre y de su hermano, fue trasladada al cine alicantino, desde donde emuló ser menor de edad ayudada por su apariencia aniñada, y eludir así su verdadera identidad militante, por la que habría terminado en prisión como algunas de sus compañeras de la JSU.

A una de ellas, su amiga Josefina López Laffitte, la recordaba Carmen como “una chica maravillosa”. Josefina fue fusilada frente a las tapias del cementerio del Este [rebautizado por Franco como de La Almudena] el 5 de agosto de 1939 junto a otras doce chicas. Era una de Las 13 Rosas.

Ocho años de exilio interior

Un viaje en tren de tres días sin probar bocado la devolvió a Madrid. Según solía narrar, cuando su madre la vio entrar por la puerta le sugirió que se marchara, que la policía había estado preguntando por ella. Con un salvoconducto a otro nombre se encaminó hacia Galicia, donde subsistió trabajando de costurera y cocinera.

En 1947, después de que las fuerzas policiales se “olvidaran” de ella, “pensaban que podía haber huido a Bélgica”, pudo regresar a su hogar en Las Vistillas. Su hermano y su padre también habían sobrevivido, pero la vida nunca volvió a ser la misma: “La casa estaba triste. Nuestras discusiones, nuestras amistades y hasta nuestros muebles también habían desaparecido (…). El franquismo nos había arrebatado hasta la espontaneidad en nuestras relaciones”, describió en sus memorias, escritas con su ordenador adaptado a personas con dificultades de visión, con teclas de grandes dimensiones y una lupa generosa con la que escudriñaba la pantalla.

Así cumplió Carmen con el deber auto impuesto de recordarle la historia colectiva a un país con amnesia. Y bajo ese pretexto acudía con su testimonio a cuantas citas la reclamaban.

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Colaboraba con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), organización a la que se dirigió por carta para preguntar si “dos dinosaurios como mi hermano y yo” podían acudir al multitudinario concierto de homenaje a los republicanos, en la localidad de Rivas Vaciamadrid, en 2004.

El peso de sus recuerdos nunca le restó un ápice de humor. A la pregunta de, “Carmen, ¿qué tal vas?”, solía ironizar “de momento, de forma bípeda”. También seguía de cerca la actualidad política, situando el epicentro de muchos problemas actuales en la Transición, etapa que ella prefería denominar de otro modo, “la Prostitución”.

Esta activista contra el olvido pasó sus últimos años aquejada de dolores que le limitaban las visitas. La última entrevista que le planteó Público, a mediados de 2015, fue cancelada en el último momento debido a su malestar físico.

Su voz, en cambio, tronaba chispeante al otro lado del teléfono, asegurando que su casa siempre permanecía abierta, desde la puerta de entrada, donde colgaba una bandera republicana con el eslogan ‘No a la guerra’, hasta la terraza por la que veía caer los obuses sobre la Casa de Campo durante la guerra.

Carmen libró su última batalla el pasado 6 de abril, en silencio, llevándose consigo un pedazo de la historia de este país que se empeña en olvidar a aquellos hombres y mujeres que, desde su compromiso social y político, lucharon por dejarnos un mundo mejor.

Esta mujer, que tanto conversaba con jóvenes, no perdía la ocasión de recordar las tareas que su generación nos deja en herencia: “La primera vez que la policía me vino a buscar a casa yo tenía 16 años. Nosotros teníamos una gran conciencia de las injusticias sociales e intentamos cambiar las cosas porque era lo que nos tocaba. Ahora es vuestro turno. De vosotros depende”.

http://www.publico.es/politica/fallece-carmen-arrojo-republicana-companera.html

Fotografía destacada: Carmen Arrojo en la concentración en la Audiencia Nacional en apoyo al juez Baltasar Garzón. 14 de mayo de 2010 / JAVI LARRAURI

 

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La Fiscalía no ve delito en la burla de Rafael Hernando a las víctimas del franquismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica denunció ante la Fiscalía General del Estado las declaraciones de Hernando en el Congreso en las que señalaba que “esto de estar todos los días con los muertos para arriba y para abajo” es el “entretenimiento de algunos”.

Público.es / 21-03-2017

La Fiscalía General del Estado considera que no hay indicio de delito alguno en las declaraciones de Rafael Hernando. El portavoz del Grupo Popular en el Congreso se burló de las víctimas de la dictadura franquista asegurando que “esto de estar todos los días con los muertos para arriba y para abajo” es el “el entretenimiento de algunos”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) había presentado un escrito ante la Fiscalía General del Estado para indagar si esas declaraciones habían sido constitutivas de un delito penado por el artículo 510 del Código Penal, que castiga con una pena de prisión de uno a cuatro años a quienes fomenten, promuevan o inciten al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias.

El presidente de la ARMH, Emilio Silva, considera que “la Fiscalía, en una clara coincidencia con la política del Partido Popular, actúa como si existieran victimas de primera y de segunda clase”. Y añade: “Si un político hubiera dicho de las víctimas del terrorismo se entretienen con sus muertos para arriba y para abajo, nadie puede dudar de que la actuación de la Fiscalía hubiera sido muy distinta y no se hubiera ido de rositas”.

La ARMH ha denunciado en numerosas ocasiones, igual que ha hecho el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, que el Gobierno discrimina entre diferentes víctimas de hechos graves y violentos: “Como si hubiera muertes que duelen menos o violaciones de derechos humanos que se pueden consentir”, sentencia Silva.

“Lo lamentable es que en el Congreso de los Diputados haya políticos capaz de humillar y burlarse de personas que tienen un familiar desaparecido en una cuneta y quieren darle una sepultura digna. La cultura democrática de alguien así está bajo mínimos”, remarca el presidente de la ARMH, un colectivo que lleva más de dieciséis años ayudando a familias de desaparecidos a saber qué ocurrió con sus seres queridos y a darle una sepultura digna.

Fotografía destacada: El portavoz del PP, Rafael Hernando, durante la rueda de prensa posterior a la Junta de Portavoces celebrada hoy en el Congreso de los Diputados. EFE/Mariscal

http://www.publico.es/politica/fiscalia-ve-delito-burla-rafael.html

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Javier Cercas blanquea de nuevo el fascismo

Una de las claves de la última novela de Cercas es la ambigüedad: no es de extrañar si pensamos en la dificultad de convertir a su tío abuelo, un fascista común que encuentra la muerte en una batalla, nada menos que en Aquiles

Francisco Espinosa Maestre/ ElDiario.es/ 16-03-2017

Llevan un tiempo los medios de comunicación, especialmente los del grupo PRISA, bombardeándonos con el último producto de Javier Cercas Mena, El monarca de las sombras, que para variar vuelve a la guerra civil para seguir hablándonos de Falange. Ya lo hizo una vez sobre un personaje tan relacionado con Cáceres como Rafael Sánchez Mazas y ahora lo hace sobre su tío abuelo Manuel Mena Martínez. Y si en el caso de otra de sus novelas, El impostor, su protagonista Enric Marco venía a ser el Quijote ahora Cercas ha decidido asociar al fascista de su tío abuelo con el mítico Aquiles. Supongo que igual que en El impostor debió creerse Cervantes ahora se verá como Homero. Da igual que la novela sea plana, insulsa e incluso un tanto tediosa o que una vez más quiera convencernos de que sus novelas no son de ficción. Estamos ante la obsesión de un profesor de literatura por aparecer en sus novelas y querer hacerlas pasar por algo más que un mero relato con voluntad de ser literario.

Algunos llaman a esto novela de no ficción, relato real, novela antigénero, metaliteratura, género degenerado, posliteratura o como les venga en gana, pero quizás pertenezca de lleno al territorio de la egoficción. Lo curioso es que en sus declaraciones a los medios Cercas no habla como un novelista sino como un historiador, lo cual no deja de llamar la atención en alguien que está convencido de que la historia nunca es objetiva. Aunque cuando dice esto no se sabe cuál de sus muchos “yo” habla, si el personal, el literario, el pueblerino, el mentiroso, el cosmopolita, el periodístico o el historiador. A saber.

De esta forma ocurre que, sean cuales sean sus intenciones y por muy literarias que parezcan, lo que sus lectores perciben es que lo que leen pretende pasar por Historia. Y así se produce la paradoja: los historiadores llevamos décadas intentando comprender las causas y consecuencias de la destrucción de la II República y por ahí en medio aparece Cercas disfrazado de historiador e inventándose lo que le viene en gana con el aplauso de los que nunca han querido que se conozca ese pasado.

De entrada conviene situar tanto a Cercas como a su tío abuelo Manuel Mena, a quien considera “un niño inocente”. No se cansa de decir allá por donde va que “murió por culpa de una panda de hijos de puta que envenenaban el cerebro de los niños y los mandaban al matadero”. No es una reflexión muy elaborada, pero a él le basta, ya que debe pensar que así se le considerará un hombre de izquierdas, un antifranquista. Pero al decir esto olvida que tanto entre los golpistas como entre los defensores de la República hubo gente muy joven, de la misma edad que Mena, y que muchos de ellos sabían perfectamente, al igual que él, por qué y contra qué luchaban.

Así que ni niños ni inocentes ni pandas de hijos de puta. Manuel Mena pudo elegir entre respetar las leyes o actuar al margen de ellas y decidió lo segundo, lo cual no es mal principio para alguien que pensaba iniciar los estudios de Derecho ese mismo año. Se asombraría Cercas si supiera el papel que tuvieron muchos de esos “niños inocentes” en los pueblos que cayeron pronto, como el suyo, en poder de los sublevados.

Según nos cuenta el propio Cercas, uno de sus antepasados, Juan Mena, padre de Manuel, propietario de tierras y ganado, era el cacique del pueblo. Por otra parte su abuelo Francisco Cercas había sido concejal durante el Bienio Negro y fue destituido en febrero del 36. En fecha imprecisa, aunque supongo que sería en los meses del Frente Popular, ambos fueron detenidos y pasaron por la cárcel “acusados de almacenar armas en una finca”. Javier Cercas, al que este hecho lleva a decir: “A estas alturas todo estaba preparado para que el país entero volase en mil pedazos”, los justifica diciendo que, ante el rumor de que los jóvenes socialistas de la Casa del Pueblo fuesen a realizar una matanza de derechistas, la propia Guardia Civil les aconsejó que se protegieran. ¿Y quién se supone que debía defender a los socialistas de esa gente armada y conchabada con la Guardia Civil?

Además, con ello Cercas da crédito a ese tipo de rumores que circularon a posteriori por todos los pueblos con el único objeto de justificar el golpe y la represión. Lo cierto es que su abuelo Francisco Cercas, presidente de la Sociedad de Agricultores, fue igualmente el presidente de la gestora el 20 de julio del 36, jefe local de Falange y alcalde de Ibahernando entre 1937 y 1939. “Un período bastante breve”, añade Cercas sin percatarse de la eternidad que representaron aquellos dos años. Por cierto que en dicha gestora también estaba su tío Juan Domingo Gómez Bulnes, yerno del cacique y que también llegaría a alcalde. Tampoco su bisabuela, la madre de Mena, se cubre de gloria cuando la vemos arremeter contra un vecino que ha luchado por la República con el que se cruza por el pueblo echándole en cara que él viva y su hijo no.

Para Javier Cercas su abuelo Francisco era un “labrador instruido”, “hombre cabal” y “dotado de una autoridad congénita y de una congénita capacidad para ejercerla”, don este muy extendido entre quienes accedieron al poder por vía militar. Añade que había simpatizado con el socialismo y que procedía de Unión Republicana, el partido de Manuel Azaña. Sirva esto de muestra de las mal digeridas lecturas que ha hecho Cercas, ya que no hace falta ser un experto en historia de la República para saber que Unión Republicana nació de una escisión del Partido Radical y que el Partido de Azaña era Izquierda Republicana y no el que él dice.

En cuanto a su abuelo, aparte del disparate de asociarlo al socialismo, más bien encaja en aquellos reaccionarios descolocados por la llegada de la República que se metieron en el Partido Radical para no quedar fuera de la vida política. Sería todo lo cabal y lo congénitamente capacitado que su nieto desee pero lo que debería haber hecho es presentarse a las elecciones. La forma en que llegó a la alcaldía no lo deja en muy buen lugar y sería curioso ver todos los informes políticos que llevaban su firma.

Cercas intenta mostrar la bondad de sus familiares contando cómo ayudaron a algunos izquierdistas. Parece no saber dos cuestiones básicas: que quien en esas situaciones puede salvar vidas es muy probable que también haya tenido la potestad de destruirlas y que raro fue el partidario del golpe que, por lo que pudiera pasar, no contaba en su haber con un rojo salvado. Y digo esto porque desde el desastre nazi en Stalingrado a fines de 1942 y la debacle del fascismo italiano en septiembre de 1943 más de uno empezó a pensar en el nuevo signo de los tiempos. Por suerte para ellos la censura franquista les libró de ver los cadáveres de Mussolini y otros afines colgados en una plaza de Milán en abril de 1945.

Para los que apoyaron el golpe militar y se unieron a fuerzas paramilitares como las banderas de Falange, caso de Francisco Cercas y Manuel Mena, su idea de lo que se traían entre manos era similar a la de un paseo triunfal. Tenían ante sí lo ocurrido en Cáceres, una provincia que había caído casi por completo en cuestión de días. Para esta gente su tarea consistía en ocupar el poder municipal, acabar con la vida de una serie de gente muy concreta, expulsar de todas las instancias locales a las personas relacionadas con la República y reajustar la vida local como poco a la situación existente antes del 14 de abril de 1931. La experiencia republicana debía ser destruida y borrada, como si no hubiera existido.

Pero ocurrió que la marcha triunfal terminó de manera abrupta el 7 de noviembre de 1936 en las puertas de Madrid. Contra todo pronóstico el ejército de la República paró en seco a las diferentes columnas que esperaban ocuparla en poco tiempo. Todos ansiaban celebrar la entrada en Madrid, unos con sus consejos de guerra listos para desinfectar la capital y otros con toda la parafernalia para la celebración de misas al aire libre, y resulta que no solo no lo consiguieron sino que el golpe devino en una guerra interminable, una guerra de verdad y no la escabechina que venían practicando desde julio. La decepción que sufrieron Francisco Cercas y Manuel Mena de la que habla Cercas no era otra cosa que el terrible choque que la guerra de verdad produjo incluso en aquellos que la provocaron. La guerra no era lo que les habían contado.

Nos cuenta Cercas –imposible saber qué hay de verdad en ello– que Manuel Mena, a la altura de 1938, estaba ya harto de la guerra y que si volvía a ella era por un sacrificio personal, para que no tuviera que ir otro de sus hermanos. Lo que le lleva a afirmar que era “un hombre de carne y hueso, un simple muchacho pundonoroso y desengañado de sus ideales y un soldado perdido en guerra ajena”. También “había sido capaz de arriesgar su vida por valores que, (…), estaban para él por encima de la vida, aunque no lo estuvieran o aunque para nosotros no lo estuvieran”.

Y añade: “… no murió por la patria…no murió por defenderla… murió por nada…”. ¿Le parecerá poco a Cercas que su familia pasase a controlar el pueblo desde el 20 de julio de 1936? ¿No le choca que su abuelo Francisco Cercas, presidente de la primera gestora fascista y alcalde durante la guerra, considerara ya de mayor a los vencedores como una banda de arribistas y desaprensivos, cuando no maleantes, y que sintiera por ellos el mayor desprecio? ¿Acaso no estaban él y su familia entre ellos? Se trata de un fenómeno conocido y que pasó también a fascistas de toda Europa: con el paso de los años aquel pasado negro les empezó a estorbar.

Otro problema es la terminología. Solo dos apuntes. Cercas y otros como él no se cansan de escribir y de hablar de cuándo estalló la guerra civil. Con ello lo que hacen es cubrir con el manto de la guerra unos meses en los que no cabe hablar de guerra alguna, sino simplemente de golpe militar y de represión. El 17 y 18 de julio no estalla guerra alguna, sino que se produce un golpe de estado contra la República, golpe que, como hoy sabemos, venía preparándose desde el mismo día de su proclamación. La guerra vino luego. Primero fue la sublevación, el trasvase a la península del ejército de África, sin el cual poco hubieran podido hacer, y el plan represivo que produjo en pocos meses un genocidio de proporciones desconocidas en nuestro país. En la zona controlada por los fascistas no hubo paseos, sino un plan de exterminio perfectamente organizado por los militares y civiles que movían los hilos de la maquinaria represiva.

Las personas asesinadas en Ibahernando, unas doce, dos de ellas mujeres, no fueron paseadas por un grupo de incontrolados sino que lo fueron por decisión de un comité local presidido por alguien en funciones de comandante militar, comité que, aunque conocido por todos –máxime en un pueblo de dos mil y pico de habitantes–, solía mantenerse en la sombra. Es posible que el comandante militar de Ibahernando fuese un guardia civil y que este estuviese asesorado en las tareas represivas por algunos vecinos. Los componentes de dicho comité no solían mancharse las manos de sangre, para eso estaban el personal subalterno, ya fueran falangistas, guardias o simples voluntarios. Así pues hablar de paseos es ignorar la mecánica represiva puesta en marcha por los sublevados.

Una de las claves de la novela es la ambigüedad, lo cual no es de extrañar si pensamos en la dificultad de convertir a un fascista común que encuentra la muerte en una batalla nada menos que en Aquiles. Veamos un ejemplo. En un momento se puede leer que la Falange fue “la milicia armada de la reacción en el violento expediente de urgencia segregado por la oligarquía para terminar con una democracia que pretendía reducir sus privilegios…”. Esto parece que procede de algún libro. Y en otro se asocia esa misma Falange al “idealismo romántico y antiliberal, la radicalidad juvenil, el vitalismo irracionalista y el entusiasmo por los liderazgos carismáticos y los poderes fuertes de aquella ideología de moda en Europa”. Y aquí parece que transcribe a Sánchez Mazas.

Cercas prefiere hablar de falangistas y franquistas más que de fascistas y de fascismo, concepto que solo aparece en relación con Europa. Esta confusión sistemática está en la base de la novela y es continua y obligada, ya que si no existiera no habría forma de salvar al personaje. Parece que este es el destino de Cercas: salvar a fascistas y farsantes como Sánchez Mazas, Enric Marco o Manuel Mena.

El panfleto de Cercas se encuentra en la misma onda de aquella declaración que el gobierno de Felipe González y Alfonso Guerra realizó en 1986 con motivo del cincuenta aniversario del golpe militar. Según parece, pretendían “honrar y enaltecer la memoria de todos los que, en todo tiempo, contribuyeron con su esfuerzo, y muchos de ellos con su vida, a la defensa de la libertad y de la democracia en España”. Y también manifestar “su respeto a quienes, desde posiciones distintas a las de la España democrática, lucharon por una sociedad diferente a la que también muchos sacrificaron su propia existencia”.

Pues bien, este cinismo de calculada ambigüedad es exactamente el mismo que parece inspirar el escrito de Cercas. El PSOE lo hacía por satisfacer a todos, seguir obteniendo más votos que los demás y perpetuarse en el poder. Cercas lo hace para blanquear a través de su tío y de su familia el pasado del fascismo español. También para salvarse a sí mismo de tan negra memoria familiar, con la que no sabe qué hacer. Afirma que solo en la madurez ha dejado de sentir vergüenza por sus orígenes familiares, pero que ya se ha resignado a ellos. Y piensa, imbuido sin duda de la clarividencia histórica que lo caracteriza, que su familia “había sido franquista, o por lo menos había aceptado el franquismo con la misma mansedumbre acrítica que lo había aceptado la mayor parte del país”.

Sin duda le hubiera venido bien un proyecto de investigación similar al que se llevó a cabo en Alemania en los años noventa, titulado “El abuelito no fue nazi. Nacionalsocialismo y holocausto en la memoria familiar”.

Al recordar el entierro celebrado en el pueblo en honor de Manuel Mena Martínez viene a la memoria lo escrito por un vecino de Sanlúcar de Barrameda con motivo de un acontecimiento similar ocurrido allí durante la guerra. Decía: “Rodeada así la vida de este aparato militar y litúrgico, la vida parece una cosa despreciable. Dan ganas de convertirse en muerto”. Eso debieron pensar algunos vecinos de Ibahernando, olvidando que ya había habido muertos.

Desgraciadamente Cercas aporta escasa información sobre los vecinos de su pueblo que fueron asesinados a partir del 20 de julio. Quizás la más citada sea la maestra Sara García, de 22 años, cuyo cadáver apareció en una finca. Como en otras muchas ocasiones el crimen se justifica por motivos externos: porque su novio, un izquierdista, había huido o, también, porque se trató de una venganza de un pretendiente anterior. Conocemos estas historias. Son ya muchos años intentando asociar la represión a cuestiones personales. Hay, sin embargo, otra opción que Cercas no tiene en cuenta: por lo general la gente dedicada a la enseñanza fue asesinada por ser de izquierdas y representar la apuesta más importante realizada en nuestra historia a favor de la educación pública. Por su edad, la maestra Sara García pudo ser una de esas maestras de la generación de la República que no encajaban de ninguna manera en los planes de enseñanza que los sectores más reaccionarios de la sociedad española, con la Iglesia en cabeza, impusieron de inmediato. También fue asesinado otro maestro.

Para justificar el terror que segó vidas en una pequeña localidad en la que hasta ese momento no se había derramado sangre, Cercas recurre a fórmulas que no cuadran con el caso. No se trata ya de dar pábulo a rumores como el de que jóvenes socialistas habían creado una lista con los nombres de los derechistas que había que eliminar, sino de hablar de “la situación explosiva” existente en el pueblo en los meses anteriores al golpe o aludir a los propietarios “asustados por la deriva revolucionaria de la República y sobre todo por la atmósfera de violencia que desde hace meses se respira en Ibahernando”. Tampoco se priva de decirnos que sería raro que Manuel Mena “no respirase allí [Cáceres] la atmósfera de preguerra que se respiraba en todo el país” y que sintiese “la inminencia del estallido violento” que todo el mundo sentía. Cercas está preparando el terreno para el golpe y para su familia.

Al poco tiempo de morir, el nombre de Manuel Mena pasó a denominar una calle del pueblo. Según la ley de memoria histórica esta calle debería desaparecer. Nadie que se sume a un golpe de estado merece una calle. La pregunta que surge ahora, tras la salida al mercado de la novela de Cercas, es quién se atreverá quitar del callejero de Ibahernando al héroe local que su sobrino nieto ha convertido en mito. ¿Qué más da que sirviese por voluntad propia en fuerzas paramilitares como Falange o a las órdenes de golpistas como Yagüe o Barrón? Es más, tal como van los tiempos es muy posible que Javier Cercas, además de dar nombre a la Casa de la Cultura de su pueblo, pase a denominar alguna de las calles cercanas a la de su tío abuelo. El día que eso ocurra se cerrará esta historia. Aquiles y Homero juntos.

La cuestión de fondo del libro de Cercas es dejar sentado que se puede ser “un joven noble y puro y al mismo tiempo luchar por una causa equivocada”, es decir, ser un fascista. Como es lógico, la respuesta del sobrino nieto de Manuel Mena Martínez, en la estela de la declaración del gobierno de González y Guerra en 1986, es que sí.

Este mismo espíritu es el que ha llevado hace poco a un juez de Soria, Carlos Sánchez Sanz, a decidir que el nombre de Yagüe debe seguir unido al de San Leonardo, su pueblo. Esto y un acuerdo de pleno de 2016 en el mismo sentido firmado por PP, PSOE y Ciudadanos. El argumento es similar al de Cercas: una cosa es el Yagüe falangista, guerrero y represor, y otra muy diferente el Yagüe benefactor que convirtió a su pueblo en un oasis soriano. Naturalmente se deja a un lado que la decisión de denominar al pueblo San Leonardo de Yagüe es de enero de 1940, cuando el jefe de la columna de la muerte aún no había derramado su acción benéfica sobre su pueblo.

Y es que Yagüe, como Mena, también entra dentro de ese privilegiado grupo de hombres puros y cabales que dieron vida, cada uno desde su sitio, al fascismo español, igual que “el poeta” Pemán o “el aviador” Ruiz de Alda. ¿Para cuándo la reposición de las plazas y avenidas antaño dedicadas a Franco, el gran benefactor de España? Sería solo el principio. Al fin y al cabo hombres de tan gran corazón como el carnicero de Badajoz no hubo muchos, pero de héroes locales está el país lleno.

Fotografía destacada: El escritor Javier Cercas durante un acto con motivo de la publicación de su novela ‘El monarca de las sombras’. EFE

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Javier-Cercas-mundo-egoficcion_6_622647752.html

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El PP nombra presidente de NNGG a un edil que atribuyó la Guerra Civil a “la confrontación social”

Diego Gago, concejal de Vigo y también presidente de Novas Xeracións de Galicia, criticó en una tertulia televisiva que el Estado financie las exhumaciones de los asesinados por el franquismo.

Público/ 07-03-2017

Diego Gago, concejal del PP en Vigo y presidente de Novas Xeracións de Galicia, será el próximo presidente de Nuevas Generaciones del Partido Popular. Fuentes del partido han confirmado que Gago será nombrado máximo dirigente de la organización juvenil en el XIV Congreso Nacional que celebrarán en Sevilla el próximo mes de abril en sustitución de Beatriz Jurado.

Gago, de 29 años, previsiblemente será el único miembro de Nuevas Generaciones que presente su candidatura a la presidencia nacional, según las mismas fuentes. El plazo para registrar propuestas concluye este miércoles.

El dirigente conservador es conocido por unas declaraciones polémicas en mayo de 2016 en contra de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Durante un debate con representantes de otras organizaciones juveniles de partidos gallegos organizado por la cadena V Televisión atribuyó la Guerra Civil a una “confrontación social” y no al golpe de Estado de 1936.

Ante las réplicas y las caras de asombro del resto de contertulios, incluso de la moderadora del debate, Gago defendió que “se habla de la Guerra Civil, pero a la guerra se llega por unas consecuencias. Hubo una República y una serie de confrontaciones sociales que llevaron a la Guerra Civil”. Por lo menos concedió que “el bando ganador propició un periodo nefasto para la democracia y las libertades de los españoles”.

Como se puede ver en el vídeo, Gago también criticó que el Estado financie las exhumaciones de los asesinados por el franquismo. “Cada caso es singular y habrá que analizarlo”, dijo durante el debate. “Puede haber casos injustos, pero no creo que de forma generalizada haya que estar financiando ni que vayamos constantemente al pasado y a las disputas”, continuó, antes de añadir que esos enfrentamientos se producen cuando “las cámaras” de los medios difunden estas exhumaciones.

Según informó el diario Praza Pública, las Juventudes Socialistas del PSdeG exigieron la dimisión de Gago tras sus declaraciones. La organización juvenil del PP rechazó la petición y criticó además a los socialistas por “utilizar constantemente las muertes y el sufrimiento para hacer política”.

Nuevas Generaciones del PP celebrará los días 21, 22 y 23 de abril en Sevilla su XIV Congreso Nacional, en el que se elegirá al sustituto de Beatriz Jurado al frente de la organización juvenil del PP. La senadora cordobesa lleva casi seis años en el cargo, tras ser proclamada presidenta el 18 de abril de 2011 en un congreso celebrado en Zaragoza.

Jurado, que está a punto de cumplir 34 años, ya ha superado la edad que marcan los Estatutos del PP para presidir la organización juvenil. Según las normas internas del PP, podrá afiliarse a Nuevas Generaciones “cualquier joven mayor de 16 años y menor de 30 que no pertenezca a otro partido político”.

Diego Gago fue número dos al Ayuntamiento de Vigo por el PP en las pasadas elecciones municipales, tras Elena Muñoz. Nacido en Vigo en septiembre de 1987, es licenciado en Derecho Económico y máster en Asesoría Fiscal y presidente de Novas Xeracións de Galicia desde el año 2014, donde ganó con el 91% de los votos.

La Junta Directiva Nacional de Nuevas Generaciones ha designado a la diputada valenciana Belén Hoyo como presidenta del comité organizador del congreso de NNGG, que aplicará los nuevos Estatutos aprobados en el Congreso Nacional celebrado hace casi un mes. En su cónclave, los jóvenes del PP elaborarán su propia ponencia de Estatutos, otra sobre comunicación y una tercera en materia social y económica. También habrá un documento sobre educación y otro centrado en el papel internacional de España.

Fotografía destacada: Diego Gago, durante la rueda de prensa en la que anunció su candidatura para dirigir Nuevas Generaciones del PP. – EFE

http://www.publico.es/politica/pp-nombra-presidente-nngg-edil.html

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Los niños de la ‘desbandá': “ Solo queríamos huir para escapar de aquel infierno”

‘Público’ entrevista a cuatro supervivientes de la ‘desbandá’ cuando se cumplen ochenta años de una de las mayores tragedias humanitarias de la Guerra Civil

Maria Serrano/ Público/ 05-02-2017

Pegados al mar. Al filo de las bombas, miles de refugiados huían en la carretera de Málaga a Almería los primeros días de febrero de 1937. Horror, muerte, cadáveres, cuerpos troceados y maletas perdidas por el suelo. “Era una estampida hacia el abismo. Solo queríamos huir para escapar de aquel infierno”. De todos aquellos, ya solo quedan las vivencias de los niños que, con total inconsciencia, reconstruyen el terrible episodio.

Público rescata la historia de Alejandro desde Tenerife, Salvador desde Coín y Amparo en Vélez Málaga. Nunca pudieron olvidar lo sucedido. Uno de los episodios más cruentos y salvajes contra la población en plena Guerra Civil. La cifra de refugiados, de aquella larguísima procesión de gente huida ha multiplicado sus números reales, manipulados anteriormente por la historiografía. “Ochenta años después de aquella carretera, se sabe que casi trescientas mil personas vivieron esta huida”, destaca Andrés Fernández a Público, autor junto a Maribel Brenes de la nueva investigación inédita, 1937. Éxodo Málaga-Almería.

Alejandro Torrealba. Diez años en la carretera

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Alejandro Torrealba tenía diez años cuando inició aquella carretera. Hoy, a punto de cumplir noventa, recuerda cada segundo de aquel drama. Su hijo Álvaro le ayuda a contar la dura historia. Ambos viven en Santa Cruz de Tenerife, donde ha pasado prácticamente toda su vida. “De Ronda a Málaga íbamos todos caminando. Era una marcha de miles y miles de personas. Una riada. Nadie sabía bien hacia dónde avanzaba. Solo querían huir de las bombas”. Torrealba no iba solo en aquel viaje por los pueblos de San Pedro de Alcántara, Torremolinos y Fuengirola. Su tío Alfonso, su tía María, sus primos Tobalo, Angelita, Remedios y Juan iban con ellos. Una semana de trayecto que finalizaría en la ciudad de Almería. Desde el seis al once de febrero de 1937.

La caminata era a pie y no podían parar ante la amenaza continua de las bombas del buque Cervera y Canarias. ¿Cómo podía digerir aquella situación de pánico un niño de diez años?. Por la noche se vivía lo más dramático. “Los barcos estaban muy cerca de la costa y nos acompañaban en todo el trayecto. Los niños que se perdían en la carretera gritaban en medio de las cañas de azúcar donde quedaban escondidos ¿mamaaaa?, ¿papaaaa? Pero al rato ya desistían. Seguramente habrían muerto con alguna de las bombas que los buques lanzaban bajo los puentes”, asegura Alejandro a Público. “Aquellos eran días espantosos. Encima nos bombardeaban también por el aire y destruían los puentes que nos servían para resguardarnos del frío. Estaban llenos de personas y metían allí los proyectiles. No te puedes imaginar la masacre. Se veían cuerpos troceados salir de los huecos”.

Aquel niño nunca había tenido la terrible coincidencia de ver tantos muertos. Alejandro recuerda el consejo que su tío Alfonso le daba cuando se avecinaba un bombardeo. “Me decía siempre, Alejandrito tu sal corriendo hacia el hueco de alguna cuneta con la manta”. Lo más espantoso venía minutos más tarde. “En una de aquellas ocasiones me golpeó algo fuertemente la espalda. Cuando abrí los ojos era la cabeza de una niña lanzada por las bombas”.

En la mañana del 11 de febrero, llegaron a la saturada ciudad de Almería bajo mando republicano. “Mi tío Alfonso miraba en el muelle el buque de guerra republicano Jaime I. Teníamos algo de esperanza. Creíamos que a lo mejor aquella guerra nos permitiría llegar de nuevo a casa”. La familia de Alejandro sería trasladada al pueblo de Jabalí Nuevo en Murcia. El joven viviría junto a una familia huérfana por un hijo en el frente de Aragón los mejores años de su vida. “Trabajaba en la huerta de la familia y nunca nos faltó la comida”.

Al acabar la guerra, los refugiados malagueños fueron hacinados en camiones de ganado de vuelta a casa. “Estuvimos días sin comer. La gente moría en los vagones y nos tiraban al suelo como perros. Así ocurrió con mi tío Alfonso que no tenía fuerza para saltar del vagón de pie cuando nos dejaron en Ronda”, afirma Alejandro.

La escasez de la posguerra y la hambruna no daba tregua. Alejandro comía bellotas, plantas hervidas del campo para matar el hambre. La casa que su tío Alfonso tenía en Ronda fue saqueada y ocupada. Eran señalados. Eran unos extraños en su propio pueblo por huir hacia aquella carretera.

Salvador Guzmán. Seis años en la carretera

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Salvador solo tenía seis años cuando inició la huida. Sus vivencias, retratadas en su libro autobiográfico “Un nene en la Guerra de España”, lo ha escrito a mano, a pesar de que no tuvo la suerte de ir a la escuela. “Mi vida la tengo en una libreta donde quiero dejar por escrito todo lo que padecí para que no se le olvide a nadie”, relata a Público. A sus 86 años, Guzmán no le gusta que nadie llame a aquel episodio de la carretera como la ‘desbandá’. “Parece que estamos hablando de una estampida de pájaros y éramos personas que nos fuimos para sobrevivir”.

Salvador haría el viaje en coche ya de madrugada. “En aquel automóvil íbamos muchos. El chófer, mi papa, mi madrastra, mi hermana Ana, mi hermana Carmen, mi hermano, la mujer del alcalde, el hijo y el alcalde y yo, que me llamaban el rubito”. Un L4 recorría los treinta kilómetros que lo separaban de la Nacional 340, imposible de avanzar de madrugada. “El chófer lloraba mucho cuando veía que nos podía echar al mar si conducía por la noche sin luces. Algunos soldados bajaron de la sierra para guiarlo”. Con calzadores y apartando cadáveres. Así comenzó la huida de Salvador. “Recuerdo cuando se quedaban paralizados al ver que no había criaturas enteras”.

A pesar de su corta edad, Guzmán no olvida la figura del médico canadiense Norman Bethune y su increíble labor con aquella víctimas. “Tenía una cruz de ambulancia en su furgoneta y era capaz de cortar las hemorragias de piernas y brazos con un solo serrucho. Cómo gritaban… ese dolor de la gente no se puede olvidar”.

Los túneles eran una de las peores vivencias para estos niños, hoy ancianos. “Entramos en uno de aquellos donde caía los obuses y todos eran muertos”. La escasez de alimento y la falta de descanso no minaba el ánimo de los refugiados. “A pesar del peligro que había en todo momento mi padre intentaba hacerme reír y para que no tuviera sed me trajo agua salada en un jarro”. Riendo, Salvador relata que era capaz de llorar aún mas de la sed tan grande que tenía acumulada.

El 11 de febrero llegaron a Almería. Ya muy de noche. “Vivimos un bombardeo ya en Motril pero al poco tiempo cuando llegamos a Almería la aviación no nos dejó ni comernos un gazpacho de huevo que nos habían preparado”. El padre de Salvador, marcharía al frente republicano en Guadix. Pocos años duró la batalla y pronto marcharían de nuevo a Málaga. “Era tal el odio de aquellos años que uno de los vecinos dio un chivatazo de que mi padre venía de vuelta”. De la carretera, el joven Salvador pasaría a llevar a su padre una cesta con comida hasta la cárcel provincial de Málaga. “Nos avisaron del día que lo iban a fusilar y fuimos con mi madre de madrugada”.

Salvador tenía dieciséis años cuando el 17 de octubre del 1944, José Guzmán era asesinado en el cementerio de San Rafael. “A mi hermano le contaron que iba amarrado con alambres”. Los enterradores le dieron sepultura en un ataúd modesto de madera pero hoy la tumba no está. “De este cementerio salieron muchos restos de huesos al Valle de los Caídos y ahora no sabemos donde ir a ver a mi padre”.

Amparo Gallardo. Doce años en la carretera

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La niña Amparo ya había oído escuchar eso de que si los fascistas llegaban a su pueblo, violaban, saqueaban y destrozaban a toda la población. Desde el pueblo de Vélez Málaga inició la huida hasta la capital. Seis de los suyos iniciaron la marcha en cuanto supieron del avance de los golpistas. “Mis padres, Juan y Amparo, mis hermanos María, Antonio, Rafaela y yo, Amparo, que tenía doce años recién cumplidos”.

El éxodo masivo venía de todas las provincias. “Antes de llegar a Nerja la carretera ya estaba llena de gentes de Málaga y de pueblos de Granada. Todos íbamos andando ayudados, como mucho, con algunos carros y mulos que transportaban los pocos enseres que se podían”, recuerda Amparo.

Amparo describe a las miles y miles de familias destrozadas pero también la presencia de milicianos y soldados republicanos que ayudaban a recobrar algo de ánimo. “Hacía mucho frío y la caminata se hacía cada vez más penosa, por lo que muchas personas empezaron a tirar sus cosas y a abandonar a los animales. Ya empezaban las primeras muestras de cansancio, las piernas hinchadas, los zapatos rotos y el llanto de los niños”

El peor episodio llegó en el trayecto de llegada a Motril. La carretera, cercana a acantilados, sufrió tantos bombardeos por aire y por mar que provocó una de las jornadas más sangrientas. “No había escapatoria, porque a la izquierda teníamos la montaña y a la derecha un enorme barranco. Nos tirábamos en las cunetas y mi padre nos cubría con su cuerpo para protegernos. Al amanecer había más muertos que vivos en la carretera. Vimos hasta una madre muerta amamantando aun a su hijo”.

La madre de Amparo padecía del corazón. Con las rodillas llenas de sangre, desfallecía en cada tramo del camino. Aquella niña recuerda como su padre se rompía la camisa para hacer tiras. “Nos vendó los pies porque nuestros zapatos estaban rotos”.

La familia Gallardo se refugió en un hotel tras la llegada a Almería. Pronto marcharían de aquel horror y Amparo se separaría de su familia para trasladarse en barco hasta Valencia. “Yo fui sola en barco con otra familia de Vélez, separándome de la mía, que fue en tren. Al llegar, en el puerto estaban embarcando a los niños huérfanos para Rusia. Tuve que mentir para no tener que embarcar”.

Separadas de los suyos hasta 1938 con familias de acogida, Amparo, marchó al exilio francés junto a sus hermanos y su madre. Su padre se quedaría en una guerra que no daba por perdida. “Sólo éramos ocho familias y los gendarmes franceses nos llevaron a un hotel cerca de Toulouse. A los niños nos escolarizaron y allí estuvimos hasta que la guerra terminó, que fue cuando volvimos”.

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Fotografía destacada: Niños durante la ‘desbandá’, una de las mayores tragedias humanitarias de la Guerra Civil.- Archivo Municipal de Antequera

 

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Piden a Italia que se disculpe por masacrar españoles durante la Guerra Civil

La ARMH solicita al embajador de Italia en España una disculpa pública por, entre otros casos, los bombardeos que realizó sobre la sobre población civil de Málaga hace ahora 80 años.

Público / 07-02-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), se ha dirigido al embajador de Italia en España, Stefano Sannino, para exigir a su país un gesto de condena de su participación en la Guerra Civil española y una disculpa pública hacia las víctimas directas de las balas y de las bombas italianas, así como una disculpa pública por haber contribuido, junto al ejército de la Alemania nazi y del fascismo español a establecer una violenta dictadura.

La petición coincide con el 80 aniversario de la desbandá, la huída de miles de hombres, mujeres y niños de Málaga a Almería intentando escapar de la violencia fascista. En la carretera de la costa, miles de desplazados civiles fueron asesinados en lo que hoy se conoce como “Carretera de la Muerte·”.

A continuación reproducimos el contenido de la carta enviada al embajador:

“Pasado mañana se cumple el 80 aniversario de la huida de miles de civiles que escaparon de la ciudad de Málaga huyendo de las tropas fascistas españolas e italianas; las que no dudaron en disparar y bombardear a miles de hombres, mujeres y niños desarmados que escapaban hacia la ciudad de Almería en busca de refugio. Cerca de 5.000 de ellos fueron asesinados.

La participación del ejército fascista italiano en la guerra española de 1936, fue terrible en ese momento y en muchos otros: bombardeos de población civil, asesinatos y situaciones terribles, como el final de la guerra en el que la Brigada fascista Littorio acorraló a cerca de 15.000 personas en el Puerto de Alicante, en el que muchas se quitaron la vida y otros miles fueron apresadas para terminar en fosas comunes y campos de concentración.

La cordialidad con la que convivimos los diferentes países de la Unión Europea pasa por el reconocimiento de nuestras historias, por el respeto a nuestros pasados, por el fortalecimiento de nuestras democracias y el rechazo a toda forma política que niegue las libertades.

La participación del ejército fascista italiano ayudó a que se instaurase en España una dictadura de cuarenta años, que asesinó a miles de civiles y construyó un apartheid en el que un sector de la sociedad filofascista disfrutaba de todos derechos y prebendas, y quienes se enfrentaron al fascismo o no lo apoyaron fueron convertidos en una casta inferior, sin derechos, y en especial las mujeres y los homosexuales.

Desde ese punto de vista del respeto a los valores democráticos queremos solicitarle a su representación diplomática en España un firme gesto de rechazo hacia aquella terrorífica colaboración con el fascismo y el nazismo en suelo español, una disculpa pública ante las víctimas españolas de las bombas y balas italianas y ante toda la sociedad que se vio ensombrecida por cuarenta años de falta de libertades, abusos de poder y violaciones de derechos humanos.

Del mismo modo, debemos reconocer a los miembros de la Brigada Garibaldi, voluntarios de las Brigadas Internacionales, que perdieron o se jugaron la vida en suelo español para defender la permanencia del primer periodo democrático de nuestra historia.

Le invitamos a reflexionar acerca del modo de asumir públicamente la responsabilidad de una agresión tan grave a la ciudadanía española, y el ejercicio de una disculpa pública, que condene el apoyo a la sublevación militar franquista y reconozca el sufrimiento de las víctimas. Un gesto que, sin duda, fortalecerá los lazos de nuestras ciudadanías democráticas.”

La ARMH espera una respuesta del embajador para poder colaborar en un acto en el que se escenifiquen una disculpa pública y el reconocimiento a las víctimas. El colectivo que lleva años reparando daños causados por la represión franquista, hará extensiva la invitación a la embajada de Alemania, a la que ya ha reclamado algo similar en otras ocasiones y ha respondido que prefiere no interferir en la política española, algo que no se le ha dicho a otros países como Polonia, que sufrieron la violencia del nazismo, y que es un falso argumento puesto que tienen un embajada en España para intervenir desde las reglas de la diplomacia en nuestra política.

http://www.publico.es/politica/piden-italia-disculpe-masacrar-espanoles.html

Fotografía destacada: Bombardeo italiano sobre Barcelona 1937

Embajador de Italia

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