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La Fiscalía no ve delito en la burla de Rafael Hernando a las víctimas del franquismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica denunció ante la Fiscalía General del Estado las declaraciones de Hernando en el Congreso en las que señalaba que “esto de estar todos los días con los muertos para arriba y para abajo” es el “entretenimiento de algunos”.

Público.es / 21-03-2017

La Fiscalía General del Estado considera que no hay indicio de delito alguno en las declaraciones de Rafael Hernando. El portavoz del Grupo Popular en el Congreso se burló de las víctimas de la dictadura franquista asegurando que “esto de estar todos los días con los muertos para arriba y para abajo” es el “el entretenimiento de algunos”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) había presentado un escrito ante la Fiscalía General del Estado para indagar si esas declaraciones habían sido constitutivas de un delito penado por el artículo 510 del Código Penal, que castiga con una pena de prisión de uno a cuatro años a quienes fomenten, promuevan o inciten al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias.

El presidente de la ARMH, Emilio Silva, considera que “la Fiscalía, en una clara coincidencia con la política del Partido Popular, actúa como si existieran victimas de primera y de segunda clase”. Y añade: “Si un político hubiera dicho de las víctimas del terrorismo se entretienen con sus muertos para arriba y para abajo, nadie puede dudar de que la actuación de la Fiscalía hubiera sido muy distinta y no se hubiera ido de rositas”.

La ARMH ha denunciado en numerosas ocasiones, igual que ha hecho el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, que el Gobierno discrimina entre diferentes víctimas de hechos graves y violentos: “Como si hubiera muertes que duelen menos o violaciones de derechos humanos que se pueden consentir”, sentencia Silva.

“Lo lamentable es que en el Congreso de los Diputados haya políticos capaz de humillar y burlarse de personas que tienen un familiar desaparecido en una cuneta y quieren darle una sepultura digna. La cultura democrática de alguien así está bajo mínimos”, remarca el presidente de la ARMH, un colectivo que lleva más de dieciséis años ayudando a familias de desaparecidos a saber qué ocurrió con sus seres queridos y a darle una sepultura digna.

Fotografía destacada: El portavoz del PP, Rafael Hernando, durante la rueda de prensa posterior a la Junta de Portavoces celebrada hoy en el Congreso de los Diputados. EFE/Mariscal

http://www.publico.es/politica/fiscalia-ve-delito-burla-rafael.html

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Javier Cercas blanquea de nuevo el fascismo

Una de las claves de la última novela de Cercas es la ambigüedad: no es de extrañar si pensamos en la dificultad de convertir a su tío abuelo, un fascista común que encuentra la muerte en una batalla, nada menos que en Aquiles

Francisco Espinosa Maestre/ ElDiario.es/ 16-03-2017

Llevan un tiempo los medios de comunicación, especialmente los del grupo PRISA, bombardeándonos con el último producto de Javier Cercas Mena, El monarca de las sombras, que para variar vuelve a la guerra civil para seguir hablándonos de Falange. Ya lo hizo una vez sobre un personaje tan relacionado con Cáceres como Rafael Sánchez Mazas y ahora lo hace sobre su tío abuelo Manuel Mena Martínez. Y si en el caso de otra de sus novelas, El impostor, su protagonista Enric Marco venía a ser el Quijote ahora Cercas ha decidido asociar al fascista de su tío abuelo con el mítico Aquiles. Supongo que igual que en El impostor debió creerse Cervantes ahora se verá como Homero. Da igual que la novela sea plana, insulsa e incluso un tanto tediosa o que una vez más quiera convencernos de que sus novelas no son de ficción. Estamos ante la obsesión de un profesor de literatura por aparecer en sus novelas y querer hacerlas pasar por algo más que un mero relato con voluntad de ser literario.

Algunos llaman a esto novela de no ficción, relato real, novela antigénero, metaliteratura, género degenerado, posliteratura o como les venga en gana, pero quizás pertenezca de lleno al territorio de la egoficción. Lo curioso es que en sus declaraciones a los medios Cercas no habla como un novelista sino como un historiador, lo cual no deja de llamar la atención en alguien que está convencido de que la historia nunca es objetiva. Aunque cuando dice esto no se sabe cuál de sus muchos “yo” habla, si el personal, el literario, el pueblerino, el mentiroso, el cosmopolita, el periodístico o el historiador. A saber.

De esta forma ocurre que, sean cuales sean sus intenciones y por muy literarias que parezcan, lo que sus lectores perciben es que lo que leen pretende pasar por Historia. Y así se produce la paradoja: los historiadores llevamos décadas intentando comprender las causas y consecuencias de la destrucción de la II República y por ahí en medio aparece Cercas disfrazado de historiador e inventándose lo que le viene en gana con el aplauso de los que nunca han querido que se conozca ese pasado.

De entrada conviene situar tanto a Cercas como a su tío abuelo Manuel Mena, a quien considera “un niño inocente”. No se cansa de decir allá por donde va que “murió por culpa de una panda de hijos de puta que envenenaban el cerebro de los niños y los mandaban al matadero”. No es una reflexión muy elaborada, pero a él le basta, ya que debe pensar que así se le considerará un hombre de izquierdas, un antifranquista. Pero al decir esto olvida que tanto entre los golpistas como entre los defensores de la República hubo gente muy joven, de la misma edad que Mena, y que muchos de ellos sabían perfectamente, al igual que él, por qué y contra qué luchaban.

Así que ni niños ni inocentes ni pandas de hijos de puta. Manuel Mena pudo elegir entre respetar las leyes o actuar al margen de ellas y decidió lo segundo, lo cual no es mal principio para alguien que pensaba iniciar los estudios de Derecho ese mismo año. Se asombraría Cercas si supiera el papel que tuvieron muchos de esos “niños inocentes” en los pueblos que cayeron pronto, como el suyo, en poder de los sublevados.

Según nos cuenta el propio Cercas, uno de sus antepasados, Juan Mena, padre de Manuel, propietario de tierras y ganado, era el cacique del pueblo. Por otra parte su abuelo Francisco Cercas había sido concejal durante el Bienio Negro y fue destituido en febrero del 36. En fecha imprecisa, aunque supongo que sería en los meses del Frente Popular, ambos fueron detenidos y pasaron por la cárcel “acusados de almacenar armas en una finca”. Javier Cercas, al que este hecho lleva a decir: “A estas alturas todo estaba preparado para que el país entero volase en mil pedazos”, los justifica diciendo que, ante el rumor de que los jóvenes socialistas de la Casa del Pueblo fuesen a realizar una matanza de derechistas, la propia Guardia Civil les aconsejó que se protegieran. ¿Y quién se supone que debía defender a los socialistas de esa gente armada y conchabada con la Guardia Civil?

Además, con ello Cercas da crédito a ese tipo de rumores que circularon a posteriori por todos los pueblos con el único objeto de justificar el golpe y la represión. Lo cierto es que su abuelo Francisco Cercas, presidente de la Sociedad de Agricultores, fue igualmente el presidente de la gestora el 20 de julio del 36, jefe local de Falange y alcalde de Ibahernando entre 1937 y 1939. “Un período bastante breve”, añade Cercas sin percatarse de la eternidad que representaron aquellos dos años. Por cierto que en dicha gestora también estaba su tío Juan Domingo Gómez Bulnes, yerno del cacique y que también llegaría a alcalde. Tampoco su bisabuela, la madre de Mena, se cubre de gloria cuando la vemos arremeter contra un vecino que ha luchado por la República con el que se cruza por el pueblo echándole en cara que él viva y su hijo no.

Para Javier Cercas su abuelo Francisco era un “labrador instruido”, “hombre cabal” y “dotado de una autoridad congénita y de una congénita capacidad para ejercerla”, don este muy extendido entre quienes accedieron al poder por vía militar. Añade que había simpatizado con el socialismo y que procedía de Unión Republicana, el partido de Manuel Azaña. Sirva esto de muestra de las mal digeridas lecturas que ha hecho Cercas, ya que no hace falta ser un experto en historia de la República para saber que Unión Republicana nació de una escisión del Partido Radical y que el Partido de Azaña era Izquierda Republicana y no el que él dice.

En cuanto a su abuelo, aparte del disparate de asociarlo al socialismo, más bien encaja en aquellos reaccionarios descolocados por la llegada de la República que se metieron en el Partido Radical para no quedar fuera de la vida política. Sería todo lo cabal y lo congénitamente capacitado que su nieto desee pero lo que debería haber hecho es presentarse a las elecciones. La forma en que llegó a la alcaldía no lo deja en muy buen lugar y sería curioso ver todos los informes políticos que llevaban su firma.

Cercas intenta mostrar la bondad de sus familiares contando cómo ayudaron a algunos izquierdistas. Parece no saber dos cuestiones básicas: que quien en esas situaciones puede salvar vidas es muy probable que también haya tenido la potestad de destruirlas y que raro fue el partidario del golpe que, por lo que pudiera pasar, no contaba en su haber con un rojo salvado. Y digo esto porque desde el desastre nazi en Stalingrado a fines de 1942 y la debacle del fascismo italiano en septiembre de 1943 más de uno empezó a pensar en el nuevo signo de los tiempos. Por suerte para ellos la censura franquista les libró de ver los cadáveres de Mussolini y otros afines colgados en una plaza de Milán en abril de 1945.

Para los que apoyaron el golpe militar y se unieron a fuerzas paramilitares como las banderas de Falange, caso de Francisco Cercas y Manuel Mena, su idea de lo que se traían entre manos era similar a la de un paseo triunfal. Tenían ante sí lo ocurrido en Cáceres, una provincia que había caído casi por completo en cuestión de días. Para esta gente su tarea consistía en ocupar el poder municipal, acabar con la vida de una serie de gente muy concreta, expulsar de todas las instancias locales a las personas relacionadas con la República y reajustar la vida local como poco a la situación existente antes del 14 de abril de 1931. La experiencia republicana debía ser destruida y borrada, como si no hubiera existido.

Pero ocurrió que la marcha triunfal terminó de manera abrupta el 7 de noviembre de 1936 en las puertas de Madrid. Contra todo pronóstico el ejército de la República paró en seco a las diferentes columnas que esperaban ocuparla en poco tiempo. Todos ansiaban celebrar la entrada en Madrid, unos con sus consejos de guerra listos para desinfectar la capital y otros con toda la parafernalia para la celebración de misas al aire libre, y resulta que no solo no lo consiguieron sino que el golpe devino en una guerra interminable, una guerra de verdad y no la escabechina que venían practicando desde julio. La decepción que sufrieron Francisco Cercas y Manuel Mena de la que habla Cercas no era otra cosa que el terrible choque que la guerra de verdad produjo incluso en aquellos que la provocaron. La guerra no era lo que les habían contado.

Nos cuenta Cercas –imposible saber qué hay de verdad en ello– que Manuel Mena, a la altura de 1938, estaba ya harto de la guerra y que si volvía a ella era por un sacrificio personal, para que no tuviera que ir otro de sus hermanos. Lo que le lleva a afirmar que era “un hombre de carne y hueso, un simple muchacho pundonoroso y desengañado de sus ideales y un soldado perdido en guerra ajena”. También “había sido capaz de arriesgar su vida por valores que, (…), estaban para él por encima de la vida, aunque no lo estuvieran o aunque para nosotros no lo estuvieran”.

Y añade: “… no murió por la patria…no murió por defenderla… murió por nada…”. ¿Le parecerá poco a Cercas que su familia pasase a controlar el pueblo desde el 20 de julio de 1936? ¿No le choca que su abuelo Francisco Cercas, presidente de la primera gestora fascista y alcalde durante la guerra, considerara ya de mayor a los vencedores como una banda de arribistas y desaprensivos, cuando no maleantes, y que sintiera por ellos el mayor desprecio? ¿Acaso no estaban él y su familia entre ellos? Se trata de un fenómeno conocido y que pasó también a fascistas de toda Europa: con el paso de los años aquel pasado negro les empezó a estorbar.

Otro problema es la terminología. Solo dos apuntes. Cercas y otros como él no se cansan de escribir y de hablar de cuándo estalló la guerra civil. Con ello lo que hacen es cubrir con el manto de la guerra unos meses en los que no cabe hablar de guerra alguna, sino simplemente de golpe militar y de represión. El 17 y 18 de julio no estalla guerra alguna, sino que se produce un golpe de estado contra la República, golpe que, como hoy sabemos, venía preparándose desde el mismo día de su proclamación. La guerra vino luego. Primero fue la sublevación, el trasvase a la península del ejército de África, sin el cual poco hubieran podido hacer, y el plan represivo que produjo en pocos meses un genocidio de proporciones desconocidas en nuestro país. En la zona controlada por los fascistas no hubo paseos, sino un plan de exterminio perfectamente organizado por los militares y civiles que movían los hilos de la maquinaria represiva.

Las personas asesinadas en Ibahernando, unas doce, dos de ellas mujeres, no fueron paseadas por un grupo de incontrolados sino que lo fueron por decisión de un comité local presidido por alguien en funciones de comandante militar, comité que, aunque conocido por todos –máxime en un pueblo de dos mil y pico de habitantes–, solía mantenerse en la sombra. Es posible que el comandante militar de Ibahernando fuese un guardia civil y que este estuviese asesorado en las tareas represivas por algunos vecinos. Los componentes de dicho comité no solían mancharse las manos de sangre, para eso estaban el personal subalterno, ya fueran falangistas, guardias o simples voluntarios. Así pues hablar de paseos es ignorar la mecánica represiva puesta en marcha por los sublevados.

Una de las claves de la novela es la ambigüedad, lo cual no es de extrañar si pensamos en la dificultad de convertir a un fascista común que encuentra la muerte en una batalla nada menos que en Aquiles. Veamos un ejemplo. En un momento se puede leer que la Falange fue “la milicia armada de la reacción en el violento expediente de urgencia segregado por la oligarquía para terminar con una democracia que pretendía reducir sus privilegios…”. Esto parece que procede de algún libro. Y en otro se asocia esa misma Falange al “idealismo romántico y antiliberal, la radicalidad juvenil, el vitalismo irracionalista y el entusiasmo por los liderazgos carismáticos y los poderes fuertes de aquella ideología de moda en Europa”. Y aquí parece que transcribe a Sánchez Mazas.

Cercas prefiere hablar de falangistas y franquistas más que de fascistas y de fascismo, concepto que solo aparece en relación con Europa. Esta confusión sistemática está en la base de la novela y es continua y obligada, ya que si no existiera no habría forma de salvar al personaje. Parece que este es el destino de Cercas: salvar a fascistas y farsantes como Sánchez Mazas, Enric Marco o Manuel Mena.

El panfleto de Cercas se encuentra en la misma onda de aquella declaración que el gobierno de Felipe González y Alfonso Guerra realizó en 1986 con motivo del cincuenta aniversario del golpe militar. Según parece, pretendían “honrar y enaltecer la memoria de todos los que, en todo tiempo, contribuyeron con su esfuerzo, y muchos de ellos con su vida, a la defensa de la libertad y de la democracia en España”. Y también manifestar “su respeto a quienes, desde posiciones distintas a las de la España democrática, lucharon por una sociedad diferente a la que también muchos sacrificaron su propia existencia”.

Pues bien, este cinismo de calculada ambigüedad es exactamente el mismo que parece inspirar el escrito de Cercas. El PSOE lo hacía por satisfacer a todos, seguir obteniendo más votos que los demás y perpetuarse en el poder. Cercas lo hace para blanquear a través de su tío y de su familia el pasado del fascismo español. También para salvarse a sí mismo de tan negra memoria familiar, con la que no sabe qué hacer. Afirma que solo en la madurez ha dejado de sentir vergüenza por sus orígenes familiares, pero que ya se ha resignado a ellos. Y piensa, imbuido sin duda de la clarividencia histórica que lo caracteriza, que su familia “había sido franquista, o por lo menos había aceptado el franquismo con la misma mansedumbre acrítica que lo había aceptado la mayor parte del país”.

Sin duda le hubiera venido bien un proyecto de investigación similar al que se llevó a cabo en Alemania en los años noventa, titulado “El abuelito no fue nazi. Nacionalsocialismo y holocausto en la memoria familiar”.

Al recordar el entierro celebrado en el pueblo en honor de Manuel Mena Martínez viene a la memoria lo escrito por un vecino de Sanlúcar de Barrameda con motivo de un acontecimiento similar ocurrido allí durante la guerra. Decía: “Rodeada así la vida de este aparato militar y litúrgico, la vida parece una cosa despreciable. Dan ganas de convertirse en muerto”. Eso debieron pensar algunos vecinos de Ibahernando, olvidando que ya había habido muertos.

Desgraciadamente Cercas aporta escasa información sobre los vecinos de su pueblo que fueron asesinados a partir del 20 de julio. Quizás la más citada sea la maestra Sara García, de 22 años, cuyo cadáver apareció en una finca. Como en otras muchas ocasiones el crimen se justifica por motivos externos: porque su novio, un izquierdista, había huido o, también, porque se trató de una venganza de un pretendiente anterior. Conocemos estas historias. Son ya muchos años intentando asociar la represión a cuestiones personales. Hay, sin embargo, otra opción que Cercas no tiene en cuenta: por lo general la gente dedicada a la enseñanza fue asesinada por ser de izquierdas y representar la apuesta más importante realizada en nuestra historia a favor de la educación pública. Por su edad, la maestra Sara García pudo ser una de esas maestras de la generación de la República que no encajaban de ninguna manera en los planes de enseñanza que los sectores más reaccionarios de la sociedad española, con la Iglesia en cabeza, impusieron de inmediato. También fue asesinado otro maestro.

Para justificar el terror que segó vidas en una pequeña localidad en la que hasta ese momento no se había derramado sangre, Cercas recurre a fórmulas que no cuadran con el caso. No se trata ya de dar pábulo a rumores como el de que jóvenes socialistas habían creado una lista con los nombres de los derechistas que había que eliminar, sino de hablar de “la situación explosiva” existente en el pueblo en los meses anteriores al golpe o aludir a los propietarios “asustados por la deriva revolucionaria de la República y sobre todo por la atmósfera de violencia que desde hace meses se respira en Ibahernando”. Tampoco se priva de decirnos que sería raro que Manuel Mena “no respirase allí [Cáceres] la atmósfera de preguerra que se respiraba en todo el país” y que sintiese “la inminencia del estallido violento” que todo el mundo sentía. Cercas está preparando el terreno para el golpe y para su familia.

Al poco tiempo de morir, el nombre de Manuel Mena pasó a denominar una calle del pueblo. Según la ley de memoria histórica esta calle debería desaparecer. Nadie que se sume a un golpe de estado merece una calle. La pregunta que surge ahora, tras la salida al mercado de la novela de Cercas, es quién se atreverá quitar del callejero de Ibahernando al héroe local que su sobrino nieto ha convertido en mito. ¿Qué más da que sirviese por voluntad propia en fuerzas paramilitares como Falange o a las órdenes de golpistas como Yagüe o Barrón? Es más, tal como van los tiempos es muy posible que Javier Cercas, además de dar nombre a la Casa de la Cultura de su pueblo, pase a denominar alguna de las calles cercanas a la de su tío abuelo. El día que eso ocurra se cerrará esta historia. Aquiles y Homero juntos.

La cuestión de fondo del libro de Cercas es dejar sentado que se puede ser “un joven noble y puro y al mismo tiempo luchar por una causa equivocada”, es decir, ser un fascista. Como es lógico, la respuesta del sobrino nieto de Manuel Mena Martínez, en la estela de la declaración del gobierno de González y Guerra en 1986, es que sí.

Este mismo espíritu es el que ha llevado hace poco a un juez de Soria, Carlos Sánchez Sanz, a decidir que el nombre de Yagüe debe seguir unido al de San Leonardo, su pueblo. Esto y un acuerdo de pleno de 2016 en el mismo sentido firmado por PP, PSOE y Ciudadanos. El argumento es similar al de Cercas: una cosa es el Yagüe falangista, guerrero y represor, y otra muy diferente el Yagüe benefactor que convirtió a su pueblo en un oasis soriano. Naturalmente se deja a un lado que la decisión de denominar al pueblo San Leonardo de Yagüe es de enero de 1940, cuando el jefe de la columna de la muerte aún no había derramado su acción benéfica sobre su pueblo.

Y es que Yagüe, como Mena, también entra dentro de ese privilegiado grupo de hombres puros y cabales que dieron vida, cada uno desde su sitio, al fascismo español, igual que “el poeta” Pemán o “el aviador” Ruiz de Alda. ¿Para cuándo la reposición de las plazas y avenidas antaño dedicadas a Franco, el gran benefactor de España? Sería solo el principio. Al fin y al cabo hombres de tan gran corazón como el carnicero de Badajoz no hubo muchos, pero de héroes locales está el país lleno.

Fotografía destacada: El escritor Javier Cercas durante un acto con motivo de la publicación de su novela ‘El monarca de las sombras’. EFE

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Javier-Cercas-mundo-egoficcion_6_622647752.html

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El PP nombra presidente de NNGG a un edil que atribuyó la Guerra Civil a “la confrontación social”

Diego Gago, concejal de Vigo y también presidente de Novas Xeracións de Galicia, criticó en una tertulia televisiva que el Estado financie las exhumaciones de los asesinados por el franquismo.

Público/ 07-03-2017

Diego Gago, concejal del PP en Vigo y presidente de Novas Xeracións de Galicia, será el próximo presidente de Nuevas Generaciones del Partido Popular. Fuentes del partido han confirmado que Gago será nombrado máximo dirigente de la organización juvenil en el XIV Congreso Nacional que celebrarán en Sevilla el próximo mes de abril en sustitución de Beatriz Jurado.

Gago, de 29 años, previsiblemente será el único miembro de Nuevas Generaciones que presente su candidatura a la presidencia nacional, según las mismas fuentes. El plazo para registrar propuestas concluye este miércoles.

El dirigente conservador es conocido por unas declaraciones polémicas en mayo de 2016 en contra de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Durante un debate con representantes de otras organizaciones juveniles de partidos gallegos organizado por la cadena V Televisión atribuyó la Guerra Civil a una “confrontación social” y no al golpe de Estado de 1936.

Ante las réplicas y las caras de asombro del resto de contertulios, incluso de la moderadora del debate, Gago defendió que “se habla de la Guerra Civil, pero a la guerra se llega por unas consecuencias. Hubo una República y una serie de confrontaciones sociales que llevaron a la Guerra Civil”. Por lo menos concedió que “el bando ganador propició un periodo nefasto para la democracia y las libertades de los españoles”.

Como se puede ver en el vídeo, Gago también criticó que el Estado financie las exhumaciones de los asesinados por el franquismo. “Cada caso es singular y habrá que analizarlo”, dijo durante el debate. “Puede haber casos injustos, pero no creo que de forma generalizada haya que estar financiando ni que vayamos constantemente al pasado y a las disputas”, continuó, antes de añadir que esos enfrentamientos se producen cuando “las cámaras” de los medios difunden estas exhumaciones.

Según informó el diario Praza Pública, las Juventudes Socialistas del PSdeG exigieron la dimisión de Gago tras sus declaraciones. La organización juvenil del PP rechazó la petición y criticó además a los socialistas por “utilizar constantemente las muertes y el sufrimiento para hacer política”.

Nuevas Generaciones del PP celebrará los días 21, 22 y 23 de abril en Sevilla su XIV Congreso Nacional, en el que se elegirá al sustituto de Beatriz Jurado al frente de la organización juvenil del PP. La senadora cordobesa lleva casi seis años en el cargo, tras ser proclamada presidenta el 18 de abril de 2011 en un congreso celebrado en Zaragoza.

Jurado, que está a punto de cumplir 34 años, ya ha superado la edad que marcan los Estatutos del PP para presidir la organización juvenil. Según las normas internas del PP, podrá afiliarse a Nuevas Generaciones “cualquier joven mayor de 16 años y menor de 30 que no pertenezca a otro partido político”.

Diego Gago fue número dos al Ayuntamiento de Vigo por el PP en las pasadas elecciones municipales, tras Elena Muñoz. Nacido en Vigo en septiembre de 1987, es licenciado en Derecho Económico y máster en Asesoría Fiscal y presidente de Novas Xeracións de Galicia desde el año 2014, donde ganó con el 91% de los votos.

La Junta Directiva Nacional de Nuevas Generaciones ha designado a la diputada valenciana Belén Hoyo como presidenta del comité organizador del congreso de NNGG, que aplicará los nuevos Estatutos aprobados en el Congreso Nacional celebrado hace casi un mes. En su cónclave, los jóvenes del PP elaborarán su propia ponencia de Estatutos, otra sobre comunicación y una tercera en materia social y económica. También habrá un documento sobre educación y otro centrado en el papel internacional de España.

Fotografía destacada: Diego Gago, durante la rueda de prensa en la que anunció su candidatura para dirigir Nuevas Generaciones del PP. – EFE

http://www.publico.es/politica/pp-nombra-presidente-nngg-edil.html

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Los niños de la ‘desbandá': “ Solo queríamos huir para escapar de aquel infierno”

‘Público’ entrevista a cuatro supervivientes de la ‘desbandá’ cuando se cumplen ochenta años de una de las mayores tragedias humanitarias de la Guerra Civil

Maria Serrano/ Público/ 05-02-2017

Pegados al mar. Al filo de las bombas, miles de refugiados huían en la carretera de Málaga a Almería los primeros días de febrero de 1937. Horror, muerte, cadáveres, cuerpos troceados y maletas perdidas por el suelo. “Era una estampida hacia el abismo. Solo queríamos huir para escapar de aquel infierno”. De todos aquellos, ya solo quedan las vivencias de los niños que, con total inconsciencia, reconstruyen el terrible episodio.

Público rescata la historia de Alejandro desde Tenerife, Salvador desde Coín y Amparo en Vélez Málaga. Nunca pudieron olvidar lo sucedido. Uno de los episodios más cruentos y salvajes contra la población en plena Guerra Civil. La cifra de refugiados, de aquella larguísima procesión de gente huida ha multiplicado sus números reales, manipulados anteriormente por la historiografía. “Ochenta años después de aquella carretera, se sabe que casi trescientas mil personas vivieron esta huida”, destaca Andrés Fernández a Público, autor junto a Maribel Brenes de la nueva investigación inédita, 1937. Éxodo Málaga-Almería.

Alejandro Torrealba. Diez años en la carretera

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Alejandro Torrealba tenía diez años cuando inició aquella carretera. Hoy, a punto de cumplir noventa, recuerda cada segundo de aquel drama. Su hijo Álvaro le ayuda a contar la dura historia. Ambos viven en Santa Cruz de Tenerife, donde ha pasado prácticamente toda su vida. “De Ronda a Málaga íbamos todos caminando. Era una marcha de miles y miles de personas. Una riada. Nadie sabía bien hacia dónde avanzaba. Solo querían huir de las bombas”. Torrealba no iba solo en aquel viaje por los pueblos de San Pedro de Alcántara, Torremolinos y Fuengirola. Su tío Alfonso, su tía María, sus primos Tobalo, Angelita, Remedios y Juan iban con ellos. Una semana de trayecto que finalizaría en la ciudad de Almería. Desde el seis al once de febrero de 1937.

La caminata era a pie y no podían parar ante la amenaza continua de las bombas del buque Cervera y Canarias. ¿Cómo podía digerir aquella situación de pánico un niño de diez años?. Por la noche se vivía lo más dramático. “Los barcos estaban muy cerca de la costa y nos acompañaban en todo el trayecto. Los niños que se perdían en la carretera gritaban en medio de las cañas de azúcar donde quedaban escondidos ¿mamaaaa?, ¿papaaaa? Pero al rato ya desistían. Seguramente habrían muerto con alguna de las bombas que los buques lanzaban bajo los puentes”, asegura Alejandro a Público. “Aquellos eran días espantosos. Encima nos bombardeaban también por el aire y destruían los puentes que nos servían para resguardarnos del frío. Estaban llenos de personas y metían allí los proyectiles. No te puedes imaginar la masacre. Se veían cuerpos troceados salir de los huecos”.

Aquel niño nunca había tenido la terrible coincidencia de ver tantos muertos. Alejandro recuerda el consejo que su tío Alfonso le daba cuando se avecinaba un bombardeo. “Me decía siempre, Alejandrito tu sal corriendo hacia el hueco de alguna cuneta con la manta”. Lo más espantoso venía minutos más tarde. “En una de aquellas ocasiones me golpeó algo fuertemente la espalda. Cuando abrí los ojos era la cabeza de una niña lanzada por las bombas”.

En la mañana del 11 de febrero, llegaron a la saturada ciudad de Almería bajo mando republicano. “Mi tío Alfonso miraba en el muelle el buque de guerra republicano Jaime I. Teníamos algo de esperanza. Creíamos que a lo mejor aquella guerra nos permitiría llegar de nuevo a casa”. La familia de Alejandro sería trasladada al pueblo de Jabalí Nuevo en Murcia. El joven viviría junto a una familia huérfana por un hijo en el frente de Aragón los mejores años de su vida. “Trabajaba en la huerta de la familia y nunca nos faltó la comida”.

Al acabar la guerra, los refugiados malagueños fueron hacinados en camiones de ganado de vuelta a casa. “Estuvimos días sin comer. La gente moría en los vagones y nos tiraban al suelo como perros. Así ocurrió con mi tío Alfonso que no tenía fuerza para saltar del vagón de pie cuando nos dejaron en Ronda”, afirma Alejandro.

La escasez de la posguerra y la hambruna no daba tregua. Alejandro comía bellotas, plantas hervidas del campo para matar el hambre. La casa que su tío Alfonso tenía en Ronda fue saqueada y ocupada. Eran señalados. Eran unos extraños en su propio pueblo por huir hacia aquella carretera.

Salvador Guzmán. Seis años en la carretera

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Salvador solo tenía seis años cuando inició la huida. Sus vivencias, retratadas en su libro autobiográfico “Un nene en la Guerra de España”, lo ha escrito a mano, a pesar de que no tuvo la suerte de ir a la escuela. “Mi vida la tengo en una libreta donde quiero dejar por escrito todo lo que padecí para que no se le olvide a nadie”, relata a Público. A sus 86 años, Guzmán no le gusta que nadie llame a aquel episodio de la carretera como la ‘desbandá’. “Parece que estamos hablando de una estampida de pájaros y éramos personas que nos fuimos para sobrevivir”.

Salvador haría el viaje en coche ya de madrugada. “En aquel automóvil íbamos muchos. El chófer, mi papa, mi madrastra, mi hermana Ana, mi hermana Carmen, mi hermano, la mujer del alcalde, el hijo y el alcalde y yo, que me llamaban el rubito”. Un L4 recorría los treinta kilómetros que lo separaban de la Nacional 340, imposible de avanzar de madrugada. “El chófer lloraba mucho cuando veía que nos podía echar al mar si conducía por la noche sin luces. Algunos soldados bajaron de la sierra para guiarlo”. Con calzadores y apartando cadáveres. Así comenzó la huida de Salvador. “Recuerdo cuando se quedaban paralizados al ver que no había criaturas enteras”.

A pesar de su corta edad, Guzmán no olvida la figura del médico canadiense Norman Bethune y su increíble labor con aquella víctimas. “Tenía una cruz de ambulancia en su furgoneta y era capaz de cortar las hemorragias de piernas y brazos con un solo serrucho. Cómo gritaban… ese dolor de la gente no se puede olvidar”.

Los túneles eran una de las peores vivencias para estos niños, hoy ancianos. “Entramos en uno de aquellos donde caía los obuses y todos eran muertos”. La escasez de alimento y la falta de descanso no minaba el ánimo de los refugiados. “A pesar del peligro que había en todo momento mi padre intentaba hacerme reír y para que no tuviera sed me trajo agua salada en un jarro”. Riendo, Salvador relata que era capaz de llorar aún mas de la sed tan grande que tenía acumulada.

El 11 de febrero llegaron a Almería. Ya muy de noche. “Vivimos un bombardeo ya en Motril pero al poco tiempo cuando llegamos a Almería la aviación no nos dejó ni comernos un gazpacho de huevo que nos habían preparado”. El padre de Salvador, marcharía al frente republicano en Guadix. Pocos años duró la batalla y pronto marcharían de nuevo a Málaga. “Era tal el odio de aquellos años que uno de los vecinos dio un chivatazo de que mi padre venía de vuelta”. De la carretera, el joven Salvador pasaría a llevar a su padre una cesta con comida hasta la cárcel provincial de Málaga. “Nos avisaron del día que lo iban a fusilar y fuimos con mi madre de madrugada”.

Salvador tenía dieciséis años cuando el 17 de octubre del 1944, José Guzmán era asesinado en el cementerio de San Rafael. “A mi hermano le contaron que iba amarrado con alambres”. Los enterradores le dieron sepultura en un ataúd modesto de madera pero hoy la tumba no está. “De este cementerio salieron muchos restos de huesos al Valle de los Caídos y ahora no sabemos donde ir a ver a mi padre”.

Amparo Gallardo. Doce años en la carretera

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La niña Amparo ya había oído escuchar eso de que si los fascistas llegaban a su pueblo, violaban, saqueaban y destrozaban a toda la población. Desde el pueblo de Vélez Málaga inició la huida hasta la capital. Seis de los suyos iniciaron la marcha en cuanto supieron del avance de los golpistas. “Mis padres, Juan y Amparo, mis hermanos María, Antonio, Rafaela y yo, Amparo, que tenía doce años recién cumplidos”.

El éxodo masivo venía de todas las provincias. “Antes de llegar a Nerja la carretera ya estaba llena de gentes de Málaga y de pueblos de Granada. Todos íbamos andando ayudados, como mucho, con algunos carros y mulos que transportaban los pocos enseres que se podían”, recuerda Amparo.

Amparo describe a las miles y miles de familias destrozadas pero también la presencia de milicianos y soldados republicanos que ayudaban a recobrar algo de ánimo. “Hacía mucho frío y la caminata se hacía cada vez más penosa, por lo que muchas personas empezaron a tirar sus cosas y a abandonar a los animales. Ya empezaban las primeras muestras de cansancio, las piernas hinchadas, los zapatos rotos y el llanto de los niños”

El peor episodio llegó en el trayecto de llegada a Motril. La carretera, cercana a acantilados, sufrió tantos bombardeos por aire y por mar que provocó una de las jornadas más sangrientas. “No había escapatoria, porque a la izquierda teníamos la montaña y a la derecha un enorme barranco. Nos tirábamos en las cunetas y mi padre nos cubría con su cuerpo para protegernos. Al amanecer había más muertos que vivos en la carretera. Vimos hasta una madre muerta amamantando aun a su hijo”.

La madre de Amparo padecía del corazón. Con las rodillas llenas de sangre, desfallecía en cada tramo del camino. Aquella niña recuerda como su padre se rompía la camisa para hacer tiras. “Nos vendó los pies porque nuestros zapatos estaban rotos”.

La familia Gallardo se refugió en un hotel tras la llegada a Almería. Pronto marcharían de aquel horror y Amparo se separaría de su familia para trasladarse en barco hasta Valencia. “Yo fui sola en barco con otra familia de Vélez, separándome de la mía, que fue en tren. Al llegar, en el puerto estaban embarcando a los niños huérfanos para Rusia. Tuve que mentir para no tener que embarcar”.

Separadas de los suyos hasta 1938 con familias de acogida, Amparo, marchó al exilio francés junto a sus hermanos y su madre. Su padre se quedaría en una guerra que no daba por perdida. “Sólo éramos ocho familias y los gendarmes franceses nos llevaron a un hotel cerca de Toulouse. A los niños nos escolarizaron y allí estuvimos hasta que la guerra terminó, que fue cuando volvimos”.

http://www.publico.es/politica/ninos-desbanda.html?utm_campaign=crowdfire&utm_content=crowdfire&utm_medium=social&utm_source=social#727632621270904833-tw#1486576285813

Fotografía destacada: Niños durante la ‘desbandá’, una de las mayores tragedias humanitarias de la Guerra Civil.- Archivo Municipal de Antequera

 

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Piden a Italia que se disculpe por masacrar españoles durante la Guerra Civil

La ARMH solicita al embajador de Italia en España una disculpa pública por, entre otros casos, los bombardeos que realizó sobre la sobre población civil de Málaga hace ahora 80 años.

Público / 07-02-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), se ha dirigido al embajador de Italia en España, Stefano Sannino, para exigir a su país un gesto de condena de su participación en la Guerra Civil española y una disculpa pública hacia las víctimas directas de las balas y de las bombas italianas, así como una disculpa pública por haber contribuido, junto al ejército de la Alemania nazi y del fascismo español a establecer una violenta dictadura.

La petición coincide con el 80 aniversario de la desbandá, la huída de miles de hombres, mujeres y niños de Málaga a Almería intentando escapar de la violencia fascista. En la carretera de la costa, miles de desplazados civiles fueron asesinados en lo que hoy se conoce como “Carretera de la Muerte·”.

A continuación reproducimos el contenido de la carta enviada al embajador:

“Pasado mañana se cumple el 80 aniversario de la huida de miles de civiles que escaparon de la ciudad de Málaga huyendo de las tropas fascistas españolas e italianas; las que no dudaron en disparar y bombardear a miles de hombres, mujeres y niños desarmados que escapaban hacia la ciudad de Almería en busca de refugio. Cerca de 5.000 de ellos fueron asesinados.

La participación del ejército fascista italiano en la guerra española de 1936, fue terrible en ese momento y en muchos otros: bombardeos de población civil, asesinatos y situaciones terribles, como el final de la guerra en el que la Brigada fascista Littorio acorraló a cerca de 15.000 personas en el Puerto de Alicante, en el que muchas se quitaron la vida y otros miles fueron apresadas para terminar en fosas comunes y campos de concentración.

La cordialidad con la que convivimos los diferentes países de la Unión Europea pasa por el reconocimiento de nuestras historias, por el respeto a nuestros pasados, por el fortalecimiento de nuestras democracias y el rechazo a toda forma política que niegue las libertades.

La participación del ejército fascista italiano ayudó a que se instaurase en España una dictadura de cuarenta años, que asesinó a miles de civiles y construyó un apartheid en el que un sector de la sociedad filofascista disfrutaba de todos derechos y prebendas, y quienes se enfrentaron al fascismo o no lo apoyaron fueron convertidos en una casta inferior, sin derechos, y en especial las mujeres y los homosexuales.

Desde ese punto de vista del respeto a los valores democráticos queremos solicitarle a su representación diplomática en España un firme gesto de rechazo hacia aquella terrorífica colaboración con el fascismo y el nazismo en suelo español, una disculpa pública ante las víctimas españolas de las bombas y balas italianas y ante toda la sociedad que se vio ensombrecida por cuarenta años de falta de libertades, abusos de poder y violaciones de derechos humanos.

Del mismo modo, debemos reconocer a los miembros de la Brigada Garibaldi, voluntarios de las Brigadas Internacionales, que perdieron o se jugaron la vida en suelo español para defender la permanencia del primer periodo democrático de nuestra historia.

Le invitamos a reflexionar acerca del modo de asumir públicamente la responsabilidad de una agresión tan grave a la ciudadanía española, y el ejercicio de una disculpa pública, que condene el apoyo a la sublevación militar franquista y reconozca el sufrimiento de las víctimas. Un gesto que, sin duda, fortalecerá los lazos de nuestras ciudadanías democráticas.”

La ARMH espera una respuesta del embajador para poder colaborar en un acto en el que se escenifiquen una disculpa pública y el reconocimiento a las víctimas. El colectivo que lleva años reparando daños causados por la represión franquista, hará extensiva la invitación a la embajada de Alemania, a la que ya ha reclamado algo similar en otras ocasiones y ha respondido que prefiere no interferir en la política española, algo que no se le ha dicho a otros países como Polonia, que sufrieron la violencia del nazismo, y que es un falso argumento puesto que tienen un embajada en España para intervenir desde las reglas de la diplomacia en nuestra política.

http://www.publico.es/politica/piden-italia-disculpe-masacrar-espanoles.html

Fotografía destacada: Bombardeo italiano sobre Barcelona 1937

Embajador de Italia

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La caza de civiles republicanos en la Málaga de la Guerra franquista

Emilio Silva/ Memoria pública/ 05-02-2016

Lo que ocurrió en Málaga, en la carretera hacia Almería en febrero de 1937, fue una muestra más del uso en suelo español de la violencia sin límites que el ejército sublevado había ejercido en la guerra de Marruecos, un conflicto armado del que todavía en España hay miles de documentos que no han sido desclasificados, porque explicarían muchas cosas de la guerra franquista, que no fueron casuales, y pondría en una difícil situación las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos.

La Guerra franquista fue una guerra colonial. Con esa lógica actuaron quienes consideraban España invadida por infieles, ateos, marxistas, demócratas que no respetaban los privilegios ni las jerarquías, que no obedecían el rígido orden social, ni aceptaban seguir siendo secularmente los usuarios de la pobreza, de la ignorancia, de la explotación infantil y la falta de esperanza en una vida mejor.

Cuando las tropas fascistas, españolas e italianas, arrinconan la ciudad de Málaga, miles de civiles se preparan para un éxodo con el que ponerse a salvo de las atrocidades que los sublevados vienen cometiendo desde el golpe del 18 de julio de 1936. Llevaba ocurriendo en muchos pueblos de España hacia los que avanzaban los salvadores de la España como Dios manda. El fenómeno de los desplazados, que huían espantados por el relato de la violencia fascista, está poco estudiado pero en algunas zonas como Ávila y Toledo ya se conoce que fueron miles los refugiado que huían ante la cercanía de la columna de la muerte que subían por Extremadura, angustiados por el relato de quienes habían logrado escapar a una violencia sin límites.

Málaga vio salir por su carretera en dirección a Almería a muchos miles de civiles como los que hoy vemos escapar de Siria. Familias que arrastraban sus pocas pertenencias por la carretera pegada a la costa, tratando de salvarse del castigo que les esperaba por haberse resistido a la voluntad de los cruzados liberadores.

Una vez en la carretera, aquellos miles de hombres, de mujeres y de niños fueron atacados por tierra, mar y aire. Las tropas fascistas españolas e italianas salieron de caza y no dejaban de disparar por el simple de ver a una mujer desarmada, a un hombre herido o a un niño.

La memoria de aquellos acontecimientos estuvo durante años soterrada, reprimida, autocensurada. Se convirtió como tantos otros episodios de la represión franquista en una historia sin historia.

Pero hace unos años, una exposición con las fotografía del brigadista internacional canadiense, Norman Bethune*, sacaron a la luz ecos de aquel terrible acontecimiento. Y entonces los supervivientes comenzaron a hablar, a relatar sus vivencias, a contar lo que durante tantas décadas no se atrevieron pronunciar.

El conocimiento de aquella tragedia fue extendiéndose y desde hace unos años se conmemora de formar cada vez más extendida. Popularmente se le conoce como “la desbandá”, un nombre popularizado pero con rasgos de eufemismo, porque oculta lo que fue una terrible masacre y una tremenda violación de los acuerdos internacionales sobre el trato a civiles y prisioneros en tiempos de guerra.

La ciudad de Málaga dedicó hace unos años una calle a los brigadistas internacionales canadienses que se jugaron a vida atendiendo a los heridos en su huida. Lo llamaron Paseo de los canadienses; de nuevo un nombre amable, que no explica de qué canadienses estamos hablando, ni de lo que hicieron para merecer esa calle. También se ha colocado una placa que dice: “En recuerdo de la ayuda que el pueblo de Canadá, de la mano de Norman Bethune, prestó a los malagueños que huían en febrero de 1937”. De nuevo, lo que parece un lugar de recuerdo, esconde la tragedia: ¿qué malagueños huían, de qué y de quién huían, por qué corrían sin mirar atrás?

Las calles, los monumentos o los textos de las placas conmemorativas no son inocentes. Como en numerosas violaciones de derechos humanos de la guerra de 1936, las víctimas han tardado mucho en poder enunciar sus vivencias, porque hacer pública su memoria, además de doloroso, es una forma de reconocer que se era asesinable; en un país donde las élites franquistas siguen siendo élites.

Ha llegado la hora de pasar de lo que se sólo enuncia a lo que también se denuncia. Es hora de explicar que los franquistas en la guerra de 1936 ejercieron una violencia sin límites y cómo lo hicieron. Es hora de que se sepa quiénes fueron los responsables, quiénes daban las órdenes de bombardear a hombres, mujeres y niños debilitados física y psicológicamente por meses de guerra. Es hora de que el Ministerio de Defensa haga una lista de quienes ejercieron el deshonor de vulnerar la legalidad y asesinar a quienes la respetaron y defendieron. Es hora de exigir a la República de Italia una reparación simbólica por su participación en esa masacre y por su contribución a destruir la democracia española e instaurar una dictadura terrible, durante cuatro décadas.

Málaga, Gernika, Durango, Barcelona, Madrid… los desertores de la legalidad, los organizadores del nazismo español, no tuvieron límites al utilizar la violencia para favorecer sus intereses y refundar una España católica y de orden, por la gracia de Dios. La memoria de quienes no participaron en ese violento auto de fe franquista y sufrieron persecución y muerte por ello, es un patrimonio inmaterial de valor incalculable. Si los derechos humanos se construyen a partir de tragedias humanas, el conocimiento de hechos tan terribles debe servir para que nadie, nunca más, salga por esa carretera de Málaga hacia Almería huyendo de las bombas.

http://blogs.publico.es/memoria-publica/2017/02/05/la-caza-de-civiles-republicanos-en-la-malaga-de-la-guerra-franquista/

Fotografía destacada: Norman Bethune y la ambulancia para transfusiones 1936

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La memoria de Salvador y Manuel

LA HISTORIA DE MADRID

Se cumplen 80 de la batalla de la defensa de Madrid y hacemos memoria con quienes la vivieron

Cadena Ser/ 7-11-2016

Cuando se cumplen 80 años de la batalla de Madrid, conocida también como defensa de Madrid, la Universidad del Barrio propone un ejercicio de memoria colectiva. Este lunes 7 de noviembre en el Teatro del Barrio se va a poder escuchar el testimonio de Salvador Rivera, un hombre de 92 años que vivió aquella batalla y que vivió también, a hombros de su padre, la proclamación de la II República en la Plaza de Cibeles. Años después, entre los 50 y los 60, Salvador se dedicó a hacer miles de postales con fotografías del Madrid de esa época.

En la charla de la Universidad del Barrio, también intervendrán Almudena Cros, presidenta de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, Carlos García-Alix, artista y documentalista, y Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

En ‘Hoy por Hoy Madrid’ hemos charlado con Salvador Rivera sobre sus recuerdos de aquél Madrid de la II República y de la Guerra Civil y con Emilio Silva y la aplicación de esa memoria colectiva al presente.

También hemos conocido el testimonio de Manuel de Cos, de 96 años, que estuvo preso en un campo de concentración en Miranda de Ebro y después en el depósitos de presos de Miguel de Unamuno en Legazpi.

http://cadenaser.com/emisora/2016/11/07/radio_madrid/1478531316_065444.html

Fotografía destacada: Salvador Rivera, tenía 12 años cuando se produjo la batalla de la defensa de Madrid. A su lado, Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. / Elena Jiménez

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Exhumación Paramos

Fosa: Paramos (A Coruña)
Fuente: Informe arqueológico de la exhumación
Autor: René Pacheco Vila
Álbum de fotografías de la exhumación

La Asociación localizó en Paramos (A Coruña), los restos de tres hombres y una mujer asesinados en marzo de 1949. Gracias a la documentación hallada y el testimonio de varios vecinos de la localidad que vivieron de primera mano el suceso, los trabajos de localización y exhumación de los cuatro guerrilleros fueron rápidos y precisos.

Estos cuatro guerrilleros formaban parte del Destacamento “Manolito Bello”, perteneciente a la IV Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia. Fueron descubiertos por la Guardia Civil el 5 de marzo de 1949 en la casa en la que estaban refugiados en Zas, Negreira. Eran cinco los guerrilleros ocultos en el domicilio de la familia Teiga, José María Castelo Mosquera, Vicente Peña Tarrasa, , Manuel Pena Camino, Manuel Ramiro Souto y Carmen Temprano Salorio. De los 5, tan sólo Ramiro lograría salvarse.

Las fuerzas de la Guardia Civil rodearon la casa de Carmen Teiga Rojo, donde empezaría un fuerte tiroteo entre los guerrilleros allí escondidos y la fuerza. Los guerrilleros lograrían en un primer momento escapar, pero pronto tendrían la primera baja, ya que fue herida de gravedad Carmen Temprano, que moriría poco después. El cuerpo de Carmen fue enterrado en el cementerio de Aro ese mismo día.

El resto de guerrilleros continuaron con su fuga, a la que se unió, Manuela Teiga N., ante la más que previsible represalia por ser punto de apoyo de los mismos. Ponen rumbo al norte de la provincia, pero, en torno a las cuatro de la tarde, son sorprendidos en los montes de Paramos (Val do Dubra), a menos de 20 km del punto de partida. Allí, el grupo es cercado y comienza un tiroteo a consecuencia del cual fallecerán cuatro de los miembros del grupo, Castelo, Peña, Pena Camino y Manuela Teiga, logrando escapar Manuel Ramiro.

Los cadáveres de los cuatro guerrilleros fueron expuestos al público en el Depósito Municipal de Paramos. Finalmente fueron enterrados en cajas de madera en el atrio del cementerio de Paramos el día siete de marzo de 1949.

Una variable en esta historia podría ser, según algunos familiares, que una de las personas asesinadas en marzo de 1949 en Paramos sería Erundino Vieito Baña, contradiciendo así los informes de la Guardia civil y la documentación. Según estos familiares, Erundino había escapado con los guerrilleros albergados en la casa de la familia Teiga y nunca más volvería, por lo que ahora serán los análisis forenses y las muestras de ADN las que revelen las conclusiones finales sobre la posible muerte de Erundino.

Más sobre la exhumación:

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Exhumación Cementerio de Ponferrada

Fosa: Cementerio Ponferrada (León)
Fuente: Informe arqueológico de la exhumación
Autor: René Pacheco Vila
Álbum de fotografías de la exhumación

Después de varios años de investigaciones y búsqueda de documentación en archivos, la ARMH ha podido conocer el lugar de enterramiento de decenas de víctimas de la Dictadura fusiladas en Ponferrada. En el antiguo cementerio del Carmen fueron enterradas decenas de víctimas, desde los primeros días tras el golpe de Estado, con el enterramiento de 18 mineros asturianos, hasta entrada la década de los 50, con la muerte de los últimos guerrilleros. Con los trabajos de prospección, la ARMH ha despejado algunas de las incógnitas sobre este Cementerio, ya que la memoria oral indicaba que allí ya no quedaban entierros después de un supuesto vaciado de la zona en los años 80. Mediante sondeos arqueológicos, los técnicos buscaron la primera fosa que podría contener los restos de dos vecinos de Quilós reclamados por su familia, Antonio Fernández Guerrero, de 25 años de edad y José Canedo Fernández, de 26 años.

“Fueron enterrados en el Cementerio Civil en la parte sur del mismo al lado de la pared y en posición de Oeste a Este.”

Se exhumaron, en esta primera fase de los trabajos, dos cuerpos. El primer cuerpo, con evidentes signos de violencia, vino a confirmar las sospechas sobre la presencia de fusilados en el viejo cementerio, a pesar del vaciado de tumbas que se llevó a cabo en los años 80. El segundo cuerpo fue recogido ya que también presentaba evidencias de pertenecer a un represaliado, dadas las extrañas características de su entierro.

Los trabajos en el antiguo cementerio de Ponferrada continuarán en una segunda fase en la que la Asociación intentará localizar nuevos entierros de represaliados.

 

Más sobre la exhumación:

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Denuncian a Fernández Díaz por decir que “algunos quieren ganar la Guerra Civil muchos años después”

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica presenta una queja ante el defensor del pueblo por estas declaraciones del ministro, que consideran “antidemocráticas” y “atacan a aquellos que sufrieron una persecución política durante 40 años de dictadura”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha presentado una queja ante el Defensor del Pueblo por las declaraciones del Ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, en las que criticó la propuesta de exhumar los restos de los generales golpistas Emilio Mola y José Sanjurjo. Díaz expuso que este interés es un intento de “ganar la Guerra Civil muchos años después”, palabras que para la asociación son “claramente irrespetuosas con los valores democráticos”.

Estos restos descansan en el Monumento a los caídos en Pamplona, y como denuncia la ARMH, “sostenidos con fondos públicos”. Por lo que la decisión del ayuntamiento de la ciudad de terminar con cualquier honor a estos “promotores de una sangrienta dictadura es un deber democrático y respecto a las miles de víctimas que continúan desaparecidas”.
La plataforma considera las manifestaciones del ministro como un grave ataque, “no sólo a los valores democráticos”, sino “a quienes sufrieron durante cuarenta años la falta de libertades y la persecución política por el hecho de no haber apoyado un golpe de Estado, ni celebrar la instauración de una larga dictadura”.

Asimismo, desde la asociación afean que Diaz llegue a criticar este tipo de iniciativas, al considerar que falta a su deber “”al no respetar y mantener su rechazo hacia quienes destruyeron una democracia”. Democracia “en la que por primera vez votaron los hombres y las mujeres con sufragio universal, hubo alternancia de ideologías en el Gobierno y un avance sin precedentes en cuestiones educativas y de protección social”, sentencian.

También la ARMH censura la afirmación que se hace desde el Gobierno de que “ya nos reconciliamos en la transición” al observar que los golpistas “siguen honrados en grandes monumentos erigidos por una dictadura” pero aquellos que no apoyaron la dictadura “siguen en caminos y cunetas, sin una sepultura digna a la que tiene derecho todo ser humano independientemente de su ideología”, remachan. Para la asociación, nunca se llegará a la reconciliación si se “deja impunes gravísimas violaciones de derechos humanos y no garantiza los mínimos derechos a decenas de miles de familias”.

Queja defensor del pueblo (PDF)

http://www.publico.es/sociedad/denuncian-fernandez-diaz-decir-quieren.html

Fotografía destacada: Jesús Diges – EFE

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